A Eusebio Poncela le conocí para ofrecerle un papel en Esto no es la casa de Bernarda Alba, un elenco lleno de hombres. Siempre había querido trabajar con él, le admiraba por su filmografía y porque a mi generación nos marcó Martín (Hache). Pensé que me diría que no por esa imagen de tipo duro que le ha acompañado siempe. Me citó en una oficina con su agente y enseguida surgió la conexión. Me dijo que lo haría. Ahí descubrí a un hombre con un atractivo singular, una personalidad brillante e interesado en el arte.. Seguir leyendo
Eusebio Poncela tenía un juego: te hacía crecer desde su lugar imponente, pero nunca te sentías agredida
A Eusebio Poncela le conocí para ofrecerle un papel en Esto no es la casa de Bernarda Alba, un elenco lleno de hombres. Siempre había querido trabajar con él, le admiraba por su filmografía y porque a mi generación nos marcó Martín (Hache). Pensé que me diría que no por esa imagen de tipo duro que le ha acompañado siempe. Me citó en una oficina con su agente y enseguida surgió la conexión. Me dijo que lo haría. Ahí descubrí a un hombre con un atractivo singular, una personalidad brillante e interesado en el arte.. Ahora tenía ganas de encerrarse y pintar, de abandonar un poco la interpretación. Manejaba estilos muy diferentes y parecía que en él había varios pintores, pero siempre estaba su sello propio. El mismo que sobre el escenario. En Esto no es la casa de Bernarda Alba teníamos un elenco muy grande, y él se integró a la perfección. Yo iba con el prejuicio de que él era una estrella y yo no era nadie a su lado. Pero me escuchaba. Y lo hacía como forma de reto y exigencia artísticos.. Ese era su juego. Te hacía crecer desde su lugar imponente, pero nunca te sentías agredida. Me exigía para que profundizara, para que siempre fuera un poco más lejos mientras me escuchaba con atención. Eso exigía estar a la altura, porque si algo no soportaba Eusebio era la falta de profesionalidad. No era muy dado a criticar al resto de la profesión, pero si algo le molestaba era la falta de seriedad con el trabajo. No toleraba que un compañero llegara tarde o que no se supiera el texto. Exigía eso porque él siempre lo daba.. Recuerdo El beso de la mujer araña, nuestro último trabajo juntos, en el que tenía que estar dos horas sin salir de escena -lo hizo de una forma brillante-, y ahí fue donde más noté su exigencia. Una siempre piensa que estos actores ya no quieren que les dirijas. Eusebio sí quería, quería profundizar siempre un poco más en el personaje. En la última escena él tenía que vestirse de mujer y, durante los ensayos, me demostró una vez más lo peculiar que era. Un hombre lleno de sorpresas. Warhol destrozaba una habitación si venían a entrevistarle. Eusebio no llegaba a esos extremos, pero siempre jugaba con los imprevistos.. En uno de los ensayos me dijo que yo tenía que salir a actuar. Yo, evidentemente, tenía el texto en la cabeza, pero me hizo subirme allí arriba. Él recitó el texto desde mi silla, dijo que lo íbamos a grabar y que luego él replicaría toda mi acción física. Lo hicimos porque ese era su juego para profundizar desde lo incierto y lo imprevisible. Propuso muchas cosas para ese personaje que estaban fuera del canon o del texto que le había entregado. Ese delirio de jugar con lo que no está previsto me gustó y mejoró el personaje.. Era un actor incisivo, que siempre estaba más allá de la naturalidad y de la verdad, que quería seducir a través de sus palabras. Seducir no en el sentido sexual, sino en el de poner al otro en una situación límite. Y, después, estaba la persona tras el actor. A Eusebio le gustaba mucho la soledad, la discreción en su vida privada. Yo no sabía que estaba enfermo, estos últimos meses habíamos tenido menos contacto y lo había llevado con discreción.. Siempre respeté esa forma de ser. No era alguien que se te abriera de par en par, pero siempre me hizo sentir que nos teníamos mucho aprecio. He revisitado algunos whatsapp de hace un par de meses y me he encontrado con uno inesperado, repentino. Decía: «Te pienso todo lo mejor, que estés bien. Cuando pienso algo de ti solo pienso que sea bueno». Tenía eso de dar una de cal y otra de arena en su forma de relacionarse. Tan imprevisto como sobre el escenario.. * Carlota Ferrer es directora de teatro, coreógrafa y actriz. Dirigió a Eusebio Poncela en Esto no es la casa de Bernarda Alba (2017) y El beso de la mujer araña (2022)
Cultura