El nombre de María Luisa Solá probablemente no le resulte familiar. Y sin embargo, fue una de las protagonistas en la gala de los Premios Goya hace un par de años. «Ella debería estar en este escenario. María, espero que estés viendo la gala porque te doy las gracias desde el fondo de mi corazón». La persona que nombró a Solá no fue ningún compañero español del gremio; tampoco ningún director que hubiera trabajado con ella. Quien reivindicó a una de nuestras más grandes actrices de doblaje fue ni más ni menos que Sigourney Weaver.. Seguir leyendo
Los actores de voz se debaten entre el reconocimiento del público y de la industria y el desafío que supone la irrupción de las herramientas digitales. «Para vivir de esto hay que estar 13 horas en el estudio», denuncian sus principales nombres
El nombre de María Luisa Solá probablemente no le resulte familiar. Y sin embargo, fue una de las protagonistas en la gala de los Premios Goya hace un par de años. «Ella debería estar en este escenario. María, espero que estés viendo la gala porque te doy las gracias desde el fondo de mi corazón». La persona que nombró a Solá no fue ningún compañero español del gremio; tampoco ningún director que hubiera trabajado con ella. Quien reivindicó a una de nuestras más grandes actrices de doblaje fue ni más ni menos que Sigourney Weaver.. María Luisa Solá ha sido, desde finales de los 50, la voz en español no solo de la protagonista de Alien, sino también de Kim Basinger, Susan Sarandon o Glenn Close. «Una vez más, tuvo que venir un extranjero a valorar el trabajo de una española», lamenta Antonio Esquivias, voz de Kelsey Grammer en Cheers y Frasier. «Se me ponen los de punta».. Más allá del eterno debate sobre si las películas y series deben verse en versión original o dobladas al castellano, la profesión de Esquivias y Solá ha estado desde siempre relegada a las bambalinas. «Sólo te recuerdan cuando sale el in memoriam», denuncia el también iracundo actor secundario Bob en Los Simpson. Por si la falta de reconocimiento fuera poca amenaza para una profesión vocacional y en eterna crisis, los nuevos tiempos han traído para estos actores una última y, según algunos, definitiva amenaza digital: el robo de voces para su utilización en la inteligencia artificial.. «A mí me han clonado la voz», afirma Nuria Mediavilla, la voz española de Angelina Jolie, Kate Winslet o Nicole Kidman. «Hay gente cree que puede coger una voz y hacer lo que quiera con ella. A eso se llama robar». A Claudio Serrano, voz habitual de Ben Affleck o Christian Bale, le ocurrió algo parecido «con una gran compañía». «Cada semana tengo que desactivar a alguien que no sabe que la voz es un derecho inalienable y que es un delito utilizarla sin tu consentimiento», explica. «Si lo vas a monetizar, cobrémoslo los dos».. El punto de vista de Serrano no es baladí en un momento en que muy pocos actores de voz pueden vivir de lo suyo. «Te tienes que tirar 13 horas encerrado en el estudio o no llegas», asegura nuestro particular Batman. «En el 87 me contrató el que era el mejor estudio de Madrid y cobré casi la cantidad del sueldo mínimo actual. Deberíamos cobrar un 50% o un 60% más para equipararnos al IPC de hoy». Esquivias describe la situación como «normalita, tirando a crítica algunos meses». «Gracias a trabajos extra voy llegando a final de mes decentemente», dice. «No quiero imaginar el que tenga responsabilidades familiares».. La voracidad del nuevo consumo audiovisual ha añadido un obstáculo más a una carrera ya de por sí complicada. «Ahora se exige más rapidez», se queja Mediavilla. «La calidad es lo que menos interesa porque requeriría más tiempo». La industrialización del doblaje es tal que incluso afecta a la calidad de las copias de los títulos que llegan al estudio. Son tan malas que les generan problemas en de vista. Antes, los actores de doblaje grababan juntos las escenas comunes. «El compañero te daba un tono e ibas al unísono», recuerda Esquivias. Hoy no pueden ni acceder al estudio por cuestiones de privacidad. «Cuando te meten prisa, la calidad baja. Esto es matemática, en lo artístico y en lo no artístico».. Toca reinventarse, buscar nuevos nichos de mercado y fuentes de ingresos. Y en eso, las redes sociales son un importante aliado. «Cuando entré en Twitter decían que sólo intentaba alimentar mi ego», recuerda Serrano. «Pero hay que entender que tu consumidor está ahí, las nuevas generaciones lo están entendiendo muy bien. No podemos defender una profesión si la gente no sabe quién cojones somos». «El anonimato nos perjudica», coincide Esquivias, que publica contenido en su cuenta de Instagram @antonioesquiviasactor.. Para él, la huelga del sector en 1993 fue «la debacle». «Recuerdo estar en la puerta de un cine, donde proyectaban una película de Schwarzenegger con camisetas y pancartas. La gente nos miraba como diciendo: ‘¿Quién será esta gente? Pobrecillos’». «Estamos al servicio del trabajo original», explica Mediavilla / Jolie. «Yo al doblaje le llamo el arte de desaparecer». Sin embargo, a veces, su voz se hace visible. La propia Sigourney Weaver confesó: «Mi amigo Bill Murray dice que mi trabajo es mucho mejor cuando está doblado al español».
Cultura