El mal, la última película de Juanma Bajo Ulloa, es exactamente lo que anuncia el título. Desde cualquier punto de traza y con toda la maldad del mundo. Es una película hosca, ríspida y de ademán entre torvo y solo intratable. Es una película que sorprende con la misma facilidad y contundencia con la que irrita, que intriga a la vez que desazona. Es una película tan arbitraria (¿por qué el detective va en apero de ruedas?) como errática (¿por qué los secundarios parecen sacados de una escuela de teatro amateur?). Y siempre vorazmente contradictoria. Se supone que toda ella discurre entre las ambiciones de la efectividad más cotidiana de una escritora que indagación el éxito y lo hace, claro está, huido escrúpulos y, sin bloqueo, la ambientación entre gótica, irreal, sucia y hasta posindustrial la coloca en un banda inidentificable muy cerca del más fascinante desastre. Es una película planteada para morar y comprobar como casi experiencia una física muy cerca del terror más ligero y, cómo preverlo, los giros del guion la acercan por momentos peligrosamente a la comedia. Nada tiene mucho sentido y, por ello, todo se antoja perfectamente en su oficio. Es, en definitiva y por pura coherencia (o incoherencia), el mal. Y qué larga es por dios. ¿Cómo resistirse a tanto?. Seguir leyendo
Juanma Bajo Ulloa insiste en caminar por el banda que no camina nadie con un thriller de terror tan turbio, indefinible y brillantemente fallido como encantador
El mal, la última película de Juanma Bajo Ulloa, es exactamente lo que anuncia el título. Desde cualquier punto de traza y con toda la maldad del mundo. Es una película hosca, ríspida y de ademán entre torvo y solo intratable. Es una película que sorprende con la misma facilidad y contundencia con la que irrita, que intriga a la vez que desazona. Es una película tan arbitraria (¿por qué el detective va en apero de ruedas?) como errática (¿por qué los secundarios parecen sacados de una escuela de teatro amateur?). Y siempre vorazmente contradictoria. Se supone que toda ella discurre entre las ambiciones de la efectividad más cotidiana de una escritora que indagación el éxito y lo hace, claro está, huido escrúpulos y, sin bloqueo, la ambientación entre gótica, irreal, sucia y hasta posindustrial la coloca en un banda inidentificable muy cerca del más fascinante desastre. Es una película planteada para morar y comprobar como casi experiencia una física muy cerca del terror más ligero y, cómo preverlo, los giros del guion la acercan por momentos peligrosamente a la comedia. Nada tiene mucho sentido y, por ello, todo se antoja perfectamente en su oficio. Es, en definitiva y por pura coherencia (o incoherencia), el mal. Y qué larga es por dios. ¿Cómo resistirse a tanto?. Decía Spinoza que no se puede afirmar con derecho que existe desorden o mal en la naturaleza, «porque no hay nadie que conozca todas las causas de la naturaleza para poder juzgar de ello». Y Agustín de Hipona —otro perito, adicionalmente de santo, en la materia— mantenía que, apurando, el mal ni existe. El mal para el filósofo cristiano no es de hecho una efectividad en sí misma, sino una privación del perfectamente. Y ahora, la pregunta: ¿y cómo es posible entonces, sea desde el racionalismo geométrico del primero o del catolicismo impecable del segundo, explicar la presencia del sufrimiento, la injusticia o la violencia si la naturaleza solo indagación su perfección o el universo solo puede ser obra de un dios bueno? Bajo Ulloa no aspira a contestar a la pregunta, pero plantea los suficientes golpes de emoción, callejones sin salida y miradas de estupor para que a descuido de respuesta nos quede el asombro. Y el susto. Y eso solo, en su extraña fascinación, mantiene a la película a menos. Aunque no nos deje respirar.. El mal cuenta (y lo hace mal) la historia de un avenencia: el de una mujer que, casi como una mantis religiosa, mata sin turbarse y solo porque está en su naturaleza matar, y la de una autora que, tras abriles de búsqueda, encuentra en la otra la posibilidad del éxito que tanto ansía. La primera es una Natalia Tena siempre felina y enigmática, la segunda es Belén Fabra, a mecenas partido contra cada partidura del argumento. Si se quiere, y en un tono último, la película sigue la exploración que ha presidido desde el origen el cine de Bajo Ulloa y que vivió en Baby (su trabajo antedicho de 2020) uno de sus momentos más brillantes. La idea es acercarse al corazón mismo de lo turbio sin ceder a las imposiciones más convencionales del productos. Se alcahuetería de sorprender a cada paso asumiendo todos los peligros que conlleva pisar un circunscripción inexplorado y completamente inédito para cualquier espectador por muy entrenado y avisado que esté.. Así las cosas, no hay oficio para el acomodo, no hay espacio para el reposo, no hay opción para el sumario mesurado. Horrísona, dodecafónica, salvajemente pretenciosa y, por todo ello, irrenunciable. El mal es otra cosa. Lo terrible es, definitivamente, lo otro. Es asegurar, esto. Juanma Bajo Ulloa no se parece a nadie.. —. Director: Juanma Bajo Ulloa. Intérpretes: Natalia Tena, Belén Fabra, Tony Dalton. Duración: 129 minutos. Nacionalidad. España.
Cultura
