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  Economía  Aprender no es cuestión de talento, sino de método
Economía

Aprender no es cuestión de talento, sino de método

22 de enero de 2026
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Durante abriles, el mensaje ha sido siempre el mismo: si no aprendes es porque no te esfuerzas lo suficiente; si estudias mucho y aun así lo olvidas, el problema debe de estar en tu memoria. Y si otros llegan más allí, probablemente sea porque tienen más talento. Aprender con táctica (Libros Cúpula, 2026), que firman Ferran Ballard y Alejandra Scherk, parte de una premisa menos complaciente: la de que cuando el formación fracasa, el problema rara vez está en la capacidad de las personas, sino más correctamente en el método con el que llevan toda la vida intentando educarse.. Seguir leyendo

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En ‘Aprender con estrategia’, Ferran Ballard y Alejandra Scherk explican por qué estudiar más no siempre funciona y cómo trasladar el método del cátedra al trabajo

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Durante abriles, el mensaje ha sido siempre el mismo: si no aprendes es porque no te esfuerzas lo suficiente; si estudias mucho y aun así lo olvidas, el problema debe de estar en tu memoria. Y si otros llegan más allí, probablemente sea porque tienen más talento. Aprender con táctica (Libros Cúpula, 2026), que firman Ferran Ballard y Alejandra Scherk, parte de una premisa menos complaciente: la de que cuando el formación fracasa, el problema rara vez está en la capacidad de las personas, sino más correctamente en el método con el que llevan toda la vida intentando educarse.. Más que de una conclusión teórica o una provocación editorial, se manejo de una conclusión a la que llegaron cuando el sistema que les había funcionado durante abriles dejó de hacerlo. “En la escuela te enseñan qué tienes que aprender, pero casi nunca cómo hacerlo”, explica Ballard. “Mientras el temario es manejable, puedes salir adelante a base de intuición: leer, subrayar y repetir. Pero el problema surge cuando llegas a la universidad, el volumen crece y la exigencia se dispara. Y ahí, muchas personas piensan que son ellas las que fracasan, cuando lo que falla es el método”.. Ese punto de quiebre —cuando el esfuerzo deja de traducirse en resultados— suele vivirse en silencio y con cierta omisión. Sin secuestro, para ellos fue el origen de una pregunta más amplia: si estudiar más ya no bastaba, ¿qué estaban haciendo diferente quienes sí conseguían educarse de forma sostenida? No los brillantes de un día, sino los que rendían correctamente a lo desprendido del tiempo. “Nos dimos cuenta de que no era un problema de horas ni de inteligencia. Había personas que no parecían más listas, pero que aprendían mejor. Y eso tenía que ver con cómo pensaban lo que estudiaban”, recuerda Scherk.. A partir de ahí, decidieron observar, comparar y poner a prueba. Analizaron cómo trabajaban los mejores estudiantes, revisaron la investigación científica existente sobre memoria y formación y, sobre todo, lo aplicaron a su propia experiencia. “Queríamos un sistema que funcionara en la práctica”, explica Scherk. “Si algo sonaba bien pero no nos servía para aprender de verdad, lo descartábamos”. Con el tiempo, ese proceso se convirtió en un método; y el método, en un ejemplar que, según sus autores, no promete atajos, sino poco menos vistoso y mucho más severo: la capacidad de educarse a educarse.. Qué hacen diferente quienes aprenden correctamente. A buen seguro la espectáculo resulta acostumbrado: alguno se sienta a estudiar y hace lo que ha hecho siempre: abre el tema, lee, subraya, relee y, si hay tiempo, memoriza a última hora. El problema no se encuentra en el esfuerzo, sino en el orden y la intención con la que se hace cada cosa, porque educarse correctamente no consiste en exponerse muchas veces a la información, sino en conminar al cerebro a trabajar con ella.. Por eso el método no empieza ni memorizando ni leyendo a fondo, sino antiguamente, a la hora de tomar apuntes: no se manejo de simplemente transcribir lo que se oye o se lee, sino de arriesgarse qué merece ser guardado. Después llega una repaso exploratoria, rápida y sin subrayados compulsivos, cuyo objetivo no es entenderlo todo, sino detectar las ideas principales, aceptar la estructura del tema y anticipar por dónde pueden venir las dificultades.. Solo entonces tiene sentido una repaso de profundización donde el foco ya no esté en marcar frases, sino en comprender de verdad. “Muchas personas confunden estudiar con leer, pero eso es solo el principio. Si no te paras a pensar qué significa lo que estás leyendo y cómo encaja con lo que ya sabes, [el conocimiento] no se consolida”, sostiene Ballard.. A partir de ahí, el método introduce dos pasos que, aunque están presentes en muchas estrategias, suelen estar de moda de forma superficial: el esquema y la hoja de preguntas. Resumir no significa acortar el contenido, sino reordenarlo con palabras propias y darle una estructura mental; mientras que formular preguntas no es un exclusivo ademán culto, sino una útil para detectar posibles lagunas. “Cuando te haces preguntas”, señala Alejandra Scherk, “dejas de estudiar en piloto automático. Te enfrentas a lo que no entiendes, y eso es incómodo, pero es justo ahí donde empieza el aprendizaje”.. El esquema aparece a posteriori, y lo hace para visualizar las relaciones entre ideas antiguamente de dar paso a la memorización (o recuperación activa): es el momento de intentar memorar sin mirar y comprobar qué permanece. “La gente cree que memorizar es repetir, pero memorizar bien es probarte, darte cuenta de lo que sabes y, sobre todo, de lo que no”, apunta Ballard.. El postrero paso, el del repaso esparcido, cumple una función decisiva: evitar que todo ese trabajo se evapore con el tiempo. No se manejo de retornar a leerlo todo, sino de recuperar la información en momentos estratégicos, cuando el olvido empieza a brotar. Ese ademán pequeño es el que convierte el formación puntual en conocimiento duradero. “Muchísima gente memoriza sin haber entendido y luego se sorprende cuando lo olvida. El método cambia eso: primero piensas, luego organizas y solo al final memorizas”, resume Scherk.. Cuando el cerebro engaña al estudiar. Uno de los mayores problemas del formación no es el olvido, sino la sensación de activo aprendido cuando no es así. Releer un texto, subrayarlo o escucharlo varias veces produce una naturalidad engañosa: el contenido “te suena”, pero no necesariamente se sostiene. “Sales de una clase o de una reunión pensando que lo tienes claro, y al cabo de unas horas te das cuenta de que no sabrías explicarlo. No es que lo hayas olvidado: es que nunca llegó a consolidarse”, advierte Ballard.. Esa confusión entre aceptar y memorar es una de las trampas más habituales del estudio tradicional: el cerebro interpreta la repetición como dominio, aunque no exista una comprensión profunda. El método Ballard pretende ayudar al estudiante a recuperarla sin ayuda, y por eso concede tanta importancia a ponerse a prueba, a intentar memorar sin mirar y detectar fallos antiguamente de que sea demasiado tarde.. “Memorizar bien no es repetir hasta que entra”, insiste Ballard. “Es comprobar qué se queda y qué no, y actuar en consecuencia”. Scherk recurre a un ejemplo común para explicarlo: si te preguntan qué hiciste un día concreto de hace dos abriles será casi ficticio recordarlo, pero baste una pista —un delirio, un punto, una espectáculo— para que todo reaparezca. No estaba perdido, sino que faltaba el fondeo, lo que se construye cuando el formación es profundo y está correctamente organizado, cuando las ideas se conectan entre sí y con conocimientos previos.. Esa falsa sensación de dominio es la que alimenta otro de los grandes mitos más o menos del estudio: el del talento innato. Si educarse dependiera sólo de una capacidad fija, poco podría hacerse para mejorar, pero cuando se observa con detalle cómo aprenden quienes lo hacen correctamente, el patrón se repite. “No encontramos dones misteriosos, sino decisiones conscientes, hábitos y método”, señala Scherk. La diferencia no está en cuánto saben, sino en cómo trabajan mentalmente la información.. Por eso, la pregunta secreto no es cuánto tiempo se dedica a estudiar, sino qué tipo de trabajo mental se hace durante ese tiempo. El método no elimina el esfuerzo, pero lo desplaza: de la repetición mecánica a la comprensión activa; de estudiar para advenir página a educarse para poder usar lo aprendido.. Aprender fuera del cátedra: cuando el método importa más que el temario. El método Ballard no está pensado solo para aprobar exámenes y, de hecho, los propios autores insisten en que su cierto potencial aparece cuando desaparece el temario cerrado. “En el mundo laboral no hay exámenes, pero hay problemas nuevos todo el tiempo”, explica Ballard. “Y ahí es donde se nota quién sabe aprender y quién solo sabe estudiar”.. La espectáculo vuelve a ser reconocible. Reuniones en las que se toman notas que nunca se revisan, formaciones internas que se olvidan a las pocas semanas, herramientas nuevas que se usan siempre con el manual amplio al banda… No es desatiendo de interés ni de capacidad. Es, otra vez, el método. “Hay personas que dicen tener 20 años de experiencia, pero en realidad tienen un año de experiencia repetido 20 veces”, apunta Ballard. Aprender sin revisar, sin ponerse a prueba y sin extraer conclusiones convierte la experiencia en mera acumulación, no en formación.. Ahí se juega, en el ámbito profesional, una de las apuestas centrales del ejemplar: no baste con advenir por la información, hay que trabajarla. Preparar una reunión como una repaso exploratoria, identificar las ideas secreto antiguamente de profundizar, formular preguntas que ayuden a detectar qué no se entiende y ponerse a prueba a posteriori de una formación en punto de advenir página.. Ese enfoque cobra aún más sentido en un contexto en el que el conocimiento envejece rápido. “Lo que sabes hoy puede dejar de servir mañana”, señala Scherk. “Por eso, lo que marca la diferencia no es el contenido, sino la capacidad de aprender cosas nuevas con rapidez y profundidad”. Aprender a educarse deja de ser una tacto académica para convertirse en una competencia transversal.. A esta exigencia se suma otro enemigo silencioso: la distracción. Para los autores, el problema no es que tengamos menos capacidad de atención que antiguamente, sino que la cedemos constantemente. “La memoria de trabajo es limitada”, recuerda Ballard. “Cada interrupción, cada notificación y cada estímulo visual consume parte de esa capacidad; si no la proteges, no puedes aprender bien”.. De ahí que el método insista todavía en diseñar entornos favorables. No confiarlo todo a la fuerza de voluntad, sino a ceñir estímulos, alejar el móvil y crear rutinas que favorezcan la concentración. “No se trata de ser más disciplinado, sino de entender cómo funciona el cerebro y dejar de ponérselo difícil”, añade Scherk.. Formaciones recomendadas. Máster en Dirección y Administración de Empresas (EAE). Máster en protocolo, eventos y turismo (Ostelea). Máster Universitario en Psicología General Sanitaria (UNIE). Máster Universitario en Criminología. Delincuencia y Victimología (VIU). Máster Online en Diseño Gráfico (UDIT). Máster en Diseño y Desarrollo de Blockchain (UCAV). Máster en Cosmética y Dermofarmacia (CEMP). Máster Universitario en Marketing Digital y Redes Sociales (Udima)

 

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