Las pasadas navidades Planeta Cómic completó la monumental publicación en tres estuches, un total de 18 tomos, del manga Bola de Dragón respetando la maquetación diferente de las entregas semanales incluídas en la revista Shonen Jump. La obra completa ha sido editada antiguamente, pero ahora podemos percibir el temblor que experimentaron sus primeros lectores cada siete días.. Seguir leyendo
Ahora podemos percibir por fin el temblor que experimentaron los primeros lectores de Bola de Dragón cada siete días
Las pasadas navidades Planeta Cómic completó la monumental publicación en tres estuches, un total de 18 tomos, del manga Bola de Dragón respetando la maquetación diferente de las entregas semanales incluídas en la revista Shonen Jump. La obra completa ha sido editada antiguamente, pero ahora podemos percibir el temblor que experimentaron sus primeros lectores cada siete días.. Su autor, Akira Toriyama, murió habiendo pillado el status de los autores que consiguen variar por completo el medio que dominan y la civilización a la que pertenecen, como Jack Kirby, George Lucas, Charles Dickens o los Beatles. Pero por muy larga que hagamos esa repertorio es posible que no encontremos un caso que naciese de guisa tan desconcertante.. Toriyama ya era una fortuna del manga cuando empezó a transmitir en 1984 Bola de Dragón . El punto de partida era más ilustre que nunca, una amoldamiento vacuo de Viaje al oeste, un clásico fundamental de la humanidades china escrito en el siglo XVI que describe en secreto mágica la bordadura de uno de los eruditos más importantes de la historia del budismo. A sus 29 primaveras, esta era una oportunidad perfecta para aproximar su obra a públicos adultos, siguiendo los pasos de su profesor Osamu Tezuka. Pero Bola de Dragón debuta como un surtidor de chistes de pitos, culos, tetas y bragas sobre una trama que se va inventando sobre la marcha. Más que un tebeo pueril parece un exposición improvisado por un nene. A lo derrochador de 11 primaveras y más de 8.000 páginas, el manga se transforma lentamente hasta hacerse irreconocible. El dibujo se vuelve recortado y la tinta pierde grueso. Los cielos limpios dan paso a un huracán de líneas cinéticas, la violencia deja de ser un solicitud cómico y se convierte en el oxígeno de la serie, dilatándose y abstrayéndose hasta esos límites que de ningún modo ha conseguido rozar la novelística occidental. Sigue siendo un canto a la vida, pero el mundo que antiguamente era una promesa infinita de aventuras y nuevos amigos es aplastado por las amenazas y las responsabilidades. Y los problemas que antiguamente se resolvían en una viñeta acaban prolongándose hasta límites existenciales.. Toriyama ideó su obra cumbre sin más aspiración que la de entretener a sus lectores, sin plan de futuro ni visión de conjunto. Pero no dejo de fantasear con el disertador que leyó el primer capítulo de nene y que dejó de serlo al mismo ritmo exacto que la serie. Muchas obras han retratado el tránsito de la infancia a la vida adulta, pero sólo esta serie lo hizo en tiempo existente, imitando el cambio de voz de sus lectores a lo derrochador de 519 semanas. En meta, Bola de Dragón alcanzó el extraordinario tamaño de una adolescencia.
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