Los aranceles, según suelen sostener los economistas más reacios, operan como una suerte de impuesto autoinfligido a la población, como la inflación. La ola arancelaria que lanzó Donald Trump en abril de 2025, aquel “Día de la Liberación”, según el presidente lo bautizó, ha hecho buena la premisa. El coste de los gravámenes a los productos importados ha recaído principalmente en el costado estadounidense, perfectamente a costa del beneficio del beneficios de los comercializadores de esos caudal en el país o perfectamente en el faltriquera de los consumidores por el aumento del precio final, según han concluido varios estudios sobre el impacto en 2025 y ha constatado además el Fondo Monetario Internacional (FMI). Eso sí, los artículos de segunda ronda o de medio plazo, sin secuestro, pueden salir aún la patita.. Seguir leyendo
Diferentes estudios muestran que hasta ahora las empresas americanas absorben el encarecimiento de costes, si perfectamente el medio plazo los daños se pueden ampliar a más países
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Los aranceles, según suelen sostener los economistas más reacios, operan como una suerte de impuesto autoinfligido a la población, como la inflación. La ola arancelaria que lanzó Donald Trump en abril de 2025, aquel “Día de la Liberación”, según el presidente lo bautizó, ha hecho buena la premisa. El coste de los gravámenes a los productos importados ha recaído principalmente en el costado estadounidense, perfectamente a costa del beneficio del beneficios de los comercializadores de esos caudal en el país o perfectamente en el faltriquera de los consumidores por el aumento del precio final, según han concluido varios estudios sobre el impacto en 2025 y ha constatado además el Fondo Monetario Internacional (FMI). Eso sí, los artículos de segunda ronda o de medio plazo, sin secuestro, pueden salir aún la patita.. “Compatriotas estadounidenses, este es el Día de la Liberación. El 2 de abril de 2025 será siempre recordado como el día en el que la industria estadounidense volvió a nacer, el día en que reclamamos el destino de Estados Unidos, el día en que hicimos América rica de nuevo”, dijo Trump cero más dirigirse al manifiesto en la Casa Blanca. Y poco o casi cero se cumplió de ese imponente inicio de discurso. Para asomar, porque las tasas a la importación que anunció acto seguido, en dos pizarras de colores, acabaron reducidas o suspendidas, en buena parte por el susto que la deuda pública estadounidense se llevó en los mercados, ya que los inversores vendieron bonos americanos, impulsando sus rentabilidades, lo que encarecía la financiación de la ya de por sí voluminosa deuda chaqueta.. Esa es una de las claves por las cuales el choque de los aranceles de Estados Unidos —que se han situado, pese a todo, en su nivel más elevado desde 1932— no han sacudido a la heredad total tanto como se esperaba en un principio. Aquel día Trump comunicó un tarifa reducido pulvínulo del 10% que se incrementaría para aquellos países con los que tenía veterano cargo comercial. Eso se traducía en un 20% para la Unión Europea, por ejemplo. Sin secuestro, tras meses de negociaciones, en verano Washington y Bruselas alcanzaron el acuerdo comercial que fijó un tarifa del 15% sobre la veterano parte de productos europeos, a excepción de aeronaves y algunos productos químicos y agrícolas, entre otros. La capacidad de acomodo de las empresas además ha resultado fundamental para esquivar el ocurrencia. Un estudio del Center for Economic Policy Research (CEPR) publicado en enero señala que, de abril y agosto, se aceleró la reubicación de parte del comercio extranjero estadounidense en auxilio de otros socios comerciales de la primera potencia, especialmente México y Canadá, según los datos de importaciones del US Census Bureau.. Esa reubicación de la actividad coincide con el dictamen del FMI. El tarifa final medio ha quedado en el 18,5%, por debajo de las primeras previsiones, el sector privado ha redirigido sus cadenas de suministro y el comercio internacional ha continuado “boyante”. “Al final, Estados Unidos es quien está pagando esos aranceles, según muestran los datos. Hay que pensar en ellos como un impuesto interno”, dijo el economista cabecilla del Fondo, Pierre-Olivier Gourinchas, en una entrevista la semana pasada en EL PAÍS.. Al menos un par de trabajos recientes apuntan en esa misma dirección. El laboratorio de ideas teutónico Kiel Institute, establece que los importadores estadounidenses han absorbido el 96% de los aranceles, mientras que los exportadores extranjeros asumen el 4% restante. Este estudio se podio en los datos de envíos que cubren 25 millones de transacciones por valencia de cuatro billones de dólares entre abril y agosto. Los ingresos de aduanas, señalan los autores del crónica, subieron en unos 200.000 millones de dólares en 2025, fueron pagados “casi por completo por los estadounidenses”.. Otro documento, detallado por economistas de Harvard —Gita Gopinath, ex subdirectora directivo del FMI— y la Universidad de Chicago —Brent Neiman—, destaca la diferencia entre el tarifa anunciado y el finalmente efectivo, en buena medida correcto a las exenciones que Washington ha incorporado, por ejemplo, en el caso de los ansiados semiconductores. El estudio coincide con Kiel en que el cuerpo del coste de los aranceles —un 94%, según sus datos— pasó a empresas estadounidenses, un peso veterano que el que asumieron a raíz de los cruces de aranceles con China en 2018-2019, que fue del 80%, según sus cálculos. El gigantesco oriental refleja muy perfectamente esa reubicación del flujo comercial: el peso de las exportaciones chinas en el total pasó del 22% a finales de 2017 hasta el 12% en 2024 y el 8% en septiembre de 2025.. Política fiscal y monetaria. El mundo ha seguido avanzando pese a las disrupciones del comercio que ha supuesto esta querella arancelaria. La heredad mundial ha contrarrestado la incertidumbre y las tasas con unas política monetaria y fiscal eminentemente expansiva que, sumada a la inversión tecnológica, ha permitido ayudar el crecimiento en el entorno del 3%. Incluso Estados Unidos, animado especialmente por el bum de la inteligencia industrial, ha apretado el acelerador y se coloca como la heredad más dinámica para 2026.. Miguel Otero, investigador principal para Economía Política Internacional del Real Instituto Elcano, advierte de que la repercusión de este tipo de medidas “tarda en traspasar a la economía, hay un decalaje”. “A corto plazo puede no notarse un gran impacto, como ocurrió con el Brexit, pero los efectos en la inversión y la confianza son claros, hay mucha incertidumbre y esa reindustrialización de la que hablaba Trump no se ha producido”, añade.. El broche sobre los aranceles está por escribir. Las tarifas comerciales se encuentran ahora en el Supremo de Estados Unidos, que debe osar si la vía utilizada por la Administración de Trump para impulsarlas —se amparó en la Ley de Emergencia, de 1977— puede estar de moda ahora. Se negociación de una de las decisiones más transcendentales para la heredad del país. El veredicto del mercado, a corto plazo, ya es manifiesto. Pero el consenso de los economistas alerta contra el triunfalismo: los aranceles supusieron un molestia compensado por otros factores y los artículos de medio plazo aún están por dejarse ver.
