Mis papilas gustativas crepitan de placer frente a una ensalada de sucedáneo de cangrejo bañada en salsa cocktail. Sé que es de calidad ínfima, pero no puedo evitar lanzarme sobre ella. Atracción pésimo. No sé si la primera novelística de Ana Milán, Bailando lo quitao, generará esta clase de deleite en algunas personas, pero lo cierto es que no ha sido producida en un envase de plástico retractilado. Al contrario, se presenta como un canapé exquisito sobre una pizarra de chef con cresta. O en una bandeja con pulimento, cedido su ventilación anticuado. El envoltorio proyecta una ilusión que el contenido no puede alcanzar. Hablamos de un artefacto con carácter aspiracional.. Seguir leyendo
La primera novelística de Ana Milán se presenta como un canapé exquisito sobre una pizarra de chef con cresta. El envoltorio proyecta una ilusión que el contenido no puede alcanzar. Hablamos de un artefacto con carácter aspiracional
Mis papilas gustativas crepitan de placer frente a una ensalada de sucedáneo de cangrejo bañada en salsa cocktail. Sé que es de calidad ínfima, pero no puedo evitar lanzarme sobre ella. Atracción pésimo. No sé si la primera novelística de Ana Milán, Bailando lo quitao, generará esta clase de deleite en algunas personas, pero lo cierto es que no ha sido producida en un envase de plástico retractilado. Al contrario, se presenta como un canapé exquisito sobre una pizarra de chef con cresta. O en una bandeja con pulimento, cedido su ventilación anticuado. El envoltorio proyecta una ilusión que el contenido no puede alcanzar. Hablamos de un artefacto con carácter aspiracional.. El vademécum, al igual que mi ensalada favorita, funciona como un sucedáneo intelectual. Un objeto con grandes pretensiones bibliófilas: encuadernado en tela roja con humanidades sobreimpresas en tinta plata y con cinta marcadora de resonancias bíblicas. Estos detalles orbitan aproximadamente de un deseo: la pertenencia a las altas esferas.. Ana Milán ha construido toda una didáctica aproximadamente de la intensidad. Y así se pasea en sus apariciones, correctamente sean en redes, pódcasts o en los Premios Ídolo. Se ha subido al tablado (de la vida) a interpretarse todo el rato a sí misma. Esa idéntica organización la ha trasladado al campo intelectual. Y sabe cómo rentabilizarla.. Pero Ana lo quiere todo. Y eso es muy difícil, porque el mundo está diseñado para nominar: pechuga o muslo, Toñi o Encarni. Ansía prestigio, pero igualmente quiere ventas, panes y peces. La intención puede ser legítima porque en esa tensión se mueve la industria cultural. Sin secuestro, se sostiene con dificultad: la prosa es plana como el estatua de Anjelica Huston en los 70. Sería un no terminante si Got Talent fuese presidido por Clarice Lispector. Y la desidia de peligro bello de sus textos parece inversamente proporcional a las ventas que su unidad de marketing habrá calculado. Estamos frente a un dispositivo simbólico.. ¿Podemos, entonces, enjuiciar un vademécum por su portada? En teoría, no. O tal vez, sí, a la olfato de unos cuantos disfraces literarios con trampa. Algunos objetos culturales son formas que imitan la entrada civilización pero la simplifican y adaptan para el consumo masivo, reduciendo ciertas complejidades intelectuales sin exigir ausencia al notorio. O sea, se presentan bajo una apariencia seria pero están diseñadas para un mercado amplio.. Y es que cada portada exploración a su catedrático. Las hay de todos los gustos y colores. Portadas feas para personas erráticas, portadas contenidas para la intelectualidad austera, portadas pobres para marxistas de palabra y corazón. Y las hay que hablan de ti, de mí, de nosotros. Y igualmente, de Ana.
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