En una entrevista nuevo, el director Gonzalo Suárez afirmaba que «donde no está el balón es donde puede pasar algo». El cineasta asturiano, por consiguiente, siempre tuvo el balón en su poder. Y este sábado ha tenido, al menos durante un tiempo, igualmente el Goya de Honor en su poder. Y, por supuesto, pasó poco. Primero que hubo una ovación cerrada en Barcelona para el ovetense, posteriormente que hubo otra en fracción de su discurso cargado de críticas a Donald Trump y finalmente que se fue cogido del miembro de María de Medeiros. . Seguir leyendo
El director ovetense ha sido obligado con el premio honorífico de la Academia
En una entrevista nuevo, el director Gonzalo Suárez afirmaba que «donde no está el balón es donde puede pasar algo». El cineasta asturiano, por consiguiente, siempre tuvo el balón en su poder. Y este sábado ha tenido, al menos durante un tiempo, igualmente el Goya de Honor en su poder. Y, por supuesto, pasó poco. Primero que hubo una ovación cerrada en Barcelona para el ovetense, posteriormente que hubo otra en fracción de su discurso cargado de críticas a Donald Trump y finalmente que se fue cogido del miembro de María de Medeiros.. «Este Goya lo considero un regalo de cumpleaños», ha asegurado el director de cine, a sus 91 abriles, obligado por una Academia que ya en 1989 lo había hecho por Remando al rumbo. «También se da la circunstancia de que me sea dado en Barcelona donde escribí mis primeros libros, mis primeras películas y tuvimos cuatro hijos» ha ahondado Gonzalo Suárez, tras las cámaras en La Regenta, El detective y la crimen, Mi nombre es sombra, Oviedo Express… Y con un repertorio de artistas tan descomunal a sus órdenes que hay que resumir: Paco Rabal, Carmen Maura, José Sacristán, Marisa Paredes, Fernando Fernán-Gómez, Maribel Verdú, Javier Bardem o Carmelo Gómez.. «En aquella época me jactaba de tener una imaginación y una memoria que se han moderado mucho. No podía imaginar, lo confieso, que llegara un momento en que iba a existir un hombre, un personaje más bien, que juega al golf con nuestro mundo impunemente tratando de meterlo en el agujero más negro», ha remarcado Gonzalo Suárez sobre Donald Trump antiguamente de lanzarse a un relación dando rienda suelta a esa imaginación.. La imaginación sobre un vagabundo que se sube a un coche, que le pone la tapicería perdida a quien le auxilia antiguamente de convertirse en princesa. Ambos pasan la incertidumbre en un hotel de carretera, pero a la mañana sucesivo vuelve el vagabundo del inicio. «Dios nos premia con los sueños y nos castiga con la realidad», ha reflexionado el cineasta que a fracción del discurso ha pedido que le quitaran el obcecado de sus manos por el peso. Pero el balón seguía estando allí.. «El cine ha sobrevivido a las redes y a las cadenas, pero me veo obligado a reconocer que el bisonte aquí soy yo», ha concluido.
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