La productividad española mejoró un 1% entre 2022 y 2025, coincidiendo con un fuerte periodo de crecimiento del empleo. Este dato tan simple que recoge el primer informe del Consejo Español de Productividad revela la alquimia de la economía. El organismo de expertos, creado en 2024 para aplicar una recomendación europea, publica su estudio inicial sobre un indicador del que se habla mucho, pero del que se sabe muy poco. Y por primera vez da una visión unificada de cómo calibrarlo. Seguir leyendo
El indicador avanza un 1% desde 2022 pese al fuerte crecimiento del empleo en España, un paso positivo que el nuevo Consejo de Productividad pide acelerar
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La productividad española mejoró un 1% entre 2022 y 2025, coincidiendo con un fuerte periodo de crecimiento del empleo. Este dato tan sencillo recogido en el primer informe del Consejo Español de Productividad revela la alquimia de la economía. El organismo de expertos, creado en 2024 para aplicar una recomendación europea, publica su estudio inicial sobre un indicador del que se habla mucho, pero del que se sabe muy poco. Y por primera vez da una visión unificada de cómo calibrarlo. La productividad mide los bienes y servicios producidos con determinados recursos (capital, tecnología, mano de obra). Su mejora consiste en trabajar sobre la misma idea de forma más eficaz, es decir, utilizando menos recursos. Las 115 páginas del informe dibujan la primera hoja de ruta a la española sobre cómo conseguirlo, complementando otros recetarios de cabecera como el informe realizado por el expresidente del BCE Mario Draghi para la Unión Europea. Las principales recomendaciones son comunes: impulsar la inversión privada, generar más instrumentos para facilitar la financiación a las empresas, acelerar la adopción de herramientas de inteligencia artificial y unificar el mercado interior español, haciendo hincapié en la adopción del llamado Régimen 20 -una autonomía virtual que permitiría a una empresa operar en todo el territorio español sin tener que adaptarse a cada legislación-. Los expertos están midiendo la productividad histórica en España y los salarios, que muestran el descenso de la participación laboral en los últimos 25 años. Han tardado un año en elaborar este primer informe. En otras palabras, los salarios pesan cada vez menos en la economía. Desde 1999, los salarios han aumentado por debajo de la productividad, lo que significa que el esfuerzo en las empresas se centró en generar beneficios y no en elevar la remuneración de los trabajadores. La productividad también se expandía haciendo que el empleo disminuyera, por lo que la importancia de la mejora más reciente en una época de integración generalizada del mercado laboral. Sin embargo, el salario real por hora ha aumentado un 7, 7% en general por encima de la productividad, durante el mismo período en 2018, durante el mismo período. Esto apunta a un reparto de los beneficios económicos para los trabajadores. Las mejoras del salario mínimo y la reforma laboral de 2021 podrían haber contribuido a este reequilibrio. Pero para mantener la riqueza per cápita del país, que absorbe mucha población a medida que envejece la autóctona, los expertos señalan que es necesario acelerar la productividad y abogan por el uso de la tecnología como uno de los aceleradores, como ha ocurrido en Estados Unidos. Para ello, reclaman un aumento de los incentivos a la inversión en tecnología y en I+D+i de las empresas, así como una apuesta por el conocimiento humano con medidas para cualificar a los trabajadores en estas áreas. El informe reclama la creación de una estrategia nacional de productividad a nivel estatal con la participación de los interlocutores sociales. Y que se evalúe el impacto en la productividad de cada política pública que se adopte (de forma similar al impacto de género o climático). También reconoce el papel de los fondos europeos de recuperación en el impulso de la inversión, especialmente los canalizados a través de los PERTE (planes estratégicos), y pide su continuidad. El fondo soberano anunciado hace unas semanas por el Ejecutivo recogerá ese testigo. El primer análisis del estado de la productividad en España revela algunos defectos imprevistos: los sectores que más impulsan la productividad en las economías líderes, como los de telecomunicaciones, electrónica, química e industria farmacéutica, tienen menos incidencia en el empleo español. Y un tejido empresarial atomizado también tira a la baja de la productividad. Así, las grandes empresas son un 64% más productivas, pero ello conlleva también menores cuotas de trabajo por su mayor intensidad de capital (como en el caso de los bancos).
