Que los arquitectos del conflicto que se ha desatado en Oriente Próximo no hayan valorado los bienes colaterales de las hostilidades en la peculio mundial es ya una obviedad. Una situación que tiene derivadas geopolíticas tan inimaginables como el motín de las sanciones a Rusia por parte de EE UU.. Seguir leyendo. IPC. Las presiones inflacionistas han ido en aumento, antiguamente incluso del estallido del conflicto en Irán. La inflación subyacente (descontando energía y alimentos frescos) repuntó en febrero hasta el 2,7%. Esta tendencia, pegado con el encarecimiento de los precios energéticos consecutivo al conflicto, obligan a una revisión de las previsiones de inflación. Si el petróleo y el gas cotizaran en los próximos meses conforme a lo que marcan los mercados a plazo, el IPC se incrementaría un 3,6% en marzo y se elevaría por encima del 4% en los meses posteriores, antiguamente de iniciar una desescalada, bajo la hipótesis de una contienda acotada en el tiempo.
Nos asomamos a un brote inflacionario diverso al que se originó posteriormente de la invasión de Ucrania
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Que los arquitectos del conflicto que se ha desatado en Oriente Próximo no hayan valorado los bienes colaterales de las hostilidades en la peculio mundial es ya una obviedad. Una situación que tiene derivadas geopolíticas tan inimaginables como el motín de las sanciones a Rusia por parte de EE UU.. Parece, por otra parte, poco consistente la osadía de liberar parcialmente las reservas estratégicas de hidrocarburo, con la continuidad del enfrentamiento guerrero, que trae consigo el candado del ajustado de Ormuz. Así que la helicoidal de precios energéticos es ya una existencia para la peculio mundial y igualmente para la española, a dependencia de la crisis surgida a raíz de la invasión de Ucrania, que había provocado un encarecimiento accidentado del gas y de la electricidad.. La flagrante contienda que se extiende a través del Golfo Pérsico se visibiliza sobre todo en el petróleo, más que en el gas, al tiempo que produce una desorganización del transporte oceánico general, con reverberaciones en cascada en toda la sujeción de valencia. Los fertilizantes se han encarecido ya un 28%, el aluminio un 12% y el coste de los fletes hasta un 20%, según una de las principales navieras. Se aleja, por consiguiente, el proscenio de suave convergencia cerca de el objetivo de inflación del 2%, al menos en España.. No obstante, las presiones inflacionarias podrían ser menos severas en esta ocasión. En primer emplazamiento, porque la peculio parte de una posición menos expansiva que hace cuatro abriles. La invasión de Ucrania coincidió con un rechazo potente del consumo privado motivado por la salida de la pandemia, presionando los precios al aumento. Hoy por hoy, los consumidores no disponen de la misma capacidad de adquisición, ni de tanto capital embalsado como entonces.. Por otra parte, la política monetaria ha dejado de apoyar la coyuntura: el principal tipo de interés del BCE se sitúa en el 2%, frente al 0% de hace cuatro abriles, cuando encima el costado central compraba casi toda la deuda pública emitida por los Estados.. El euríbor ha pasado de cotizar en demarcación cenizo a rozar el 2,5%, anticipando una envés de tuerca del BCE, con el objetivo de delimitar los tan temidos bienes de segunda ronda que se producen cuando los precios energéticos se filtran al conjunto del tejido productivo y desanclan las expectativas de inflación. Dichos bienes de segunda ronda serían, en todo caso, relativamente moderados, por el débil comportamiento de las economías centro europeas y, en el caso de España, el impulso a la población activa que trae consigo la inmigración.. En suma, cerca de anticipar un repunte marcado de la inflación, pero éste será de pequeño envergadura y de pequeño persistencia que en la antedicho crisis energética. Algo que conviene tener en cuenta en la respuesta de política económica. Los canales de transmisión son igualmente relevantes para el buen diseño de las medidas que se están contemplando en toda Europa.. Hace cuatro abriles la recibo de la luz, y por ende la industria electrointensiva, fueron los más perjudicados, de ahí la relevancia del tope al precio del gas y del saludable despliegue de energías renovables. En esta ocasión, el sector agroalimentario es el más expuesto, por la simultaneidad del encarecimiento del gasóleo y de los fertilizantes. En este sentido, preocupa la cesta de la adquisición, que ya arrastraba una subida de los alimentos frescos superior al 6%. Otro sector presionado por la subida de los carburantes es el transporte por carretera: contrariamente a muchos particulares, los profesionales carecen de alternativas al transporte para transportar las mercancías, al menos en el corto plazo.. Todo ello, pegado con el repliegue del BCE del mercado de deuda pública y la sensibilidad de los ahorradores delante cualquier desliz, justifica una movimiento presupuestaria focalizada en los sectores más afectados y en los colectivos vulnerables, sin especular recortaduras generalizados de gravámenes.. Las presiones inflacionistas han ido en aumento, antiguamente incluso del estallido del conflicto en Irán. La inflación subyacente (descontando energía y alimentos frescos) repuntó en febrero hasta el 2,7%. Esta tendencia, pegado con el encarecimiento de los precios energéticos consecutivo al conflicto, obligan a una revisión de las previsiones de inflación. Si el petróleo y el gas cotizaran en los próximos meses conforme a lo que marcan los mercados a plazo, el IPC se incrementaría un 3,6% en marzo y se elevaría por encima del 4% en los meses posteriores, antiguamente de iniciar una desescalada, bajo la hipótesis de una contienda acotada en el tiempo.. Raymond Torres es director de Coyuntura de Funcas. En X: @RaymondTorres_
