Puede que la suya sea una de las mejores parte de los últimos abriles para Hollywood, sediento como anda de nuevas estrellas para fomentar la cartelera y la maquinaria en militar. Jessie Buckley, ganadora del premio a mejor actriz en los Oscar 2026 por Hamnet, tiene ese aura de talento, belleza y autenticad que encaja en el perfil, encima de cicatrizar la historia de un encumbramiento inesperado. Ha pasado de ser una desconocida para muchos a arrasar en la temporada de premios, desde el Globo de Oro hasta el Bafta, pasando por el Critic’s Choice y coronando la temporada con el Oscar.. Seguir leyendo
La actriz irlandesa de 36 abriles corona la temporada de premios con el Oscar a mejor actriz por su desgarrador trabajo en Hamnet, a las órdenes de Chloé Zhao
Puede que la suya sea una de las mejores parte de los últimos abriles para Hollywood, sediento como anda de nuevas estrellas para fomentar la cartelera y la maquinaria en militar. Jessie Buckley, ganadora del premio a mejor actriz en los Oscar 2026 por Hamnet, tiene ese aura de talento, belleza y autenticad que encaja en el perfil, encima de cicatrizar la historia de un encumbramiento inesperado. Ha pasado de ser una desconocida para muchos a arrasar en la temporada de premios, desde el Globo de Oro hasta el Bafta, pasando por el Critic’s Choice y coronando la temporada con el Oscar.. «Mamá y papá, gracias por enseñarme a soñar», dijo al aceptar el premio, ayer de decirle a su marido que quiere tener «20.000 bebés» más con él, sin poder contener las lágrimas, dando las gracias a Chloé Zhao, la extraordinaria directora de Hamnet. «Quiero dedicarle esto al hermoso caos del corazón de las madres».. La carrera de esta irlandesa parece guiada por una rara mezcla de intuición artística y valentía interpretativa. En escasamente una período ha pasado de ser una novato promesa salida de un software televisivo de talentos a convertirse en una de las actrices más imprevisibles y magnéticas del cine britano e irlandés contemporáneo. Su presencia en pantalla, intensa, emocionalmente desnuda, a menudo incómoda, la ha convertido en una intérprete difícil de circunscribir.. Nacida en 1989 en Killarney, en el suroeste de Irlanda, Jessie Buckley creció en un entorno profundamente musical: su religiosa era profesora de canto y desde pupila estuvo vinculada al teatro y a la música. Su primera aparición pública llegó en el concurso televisivo britano I’d Do Anything, que buscaba a la protagonista para el musical Oliver! en el West End. No ganó el software, pero aquella exposición televisiva fue el punto de partida de una carrera que pronto tomaría un rumbo mucho más codicioso.. Decidida a formarse como actriz dramática, ingresó en la prestigiosa Royal Academy of Dramatic Art, uno de los viveros más importantes del teatro britano. Desde allí dio el brinco a la televisión y al cine independiente, donde empezó a gustar la atención por una cualidad poco global: su capacidad para moverse entre la fragilidad y la furia emocional en cuestión de segundos.. El examen internacional llegó con Wild Rose, donde Jessie Buckley interpretó a una cantante escocesa obsesionada con triunfar en Nashville. Su interpretación, intensa y visceral, combinaba codicia, vulnerabilidad y una sorprendente potencia musical. Desde entonces ha construido una filmografía marcada por personajes complejos, a menudo al borde del colapso emocional.. Parte de su atractivo primoroso reside precisamente en esa condición de imprevisible. Buckley no parece interesada en construir una imagen de fortuna convencional. En entrevistas ha hablado abiertamente sobre la presión estética que pesa sobre las actrices, la fragilidad de la industria y su preferencia por personajes incómodos ayer que por papeles diseñados para cautivar al manifiesto.. Es, encima, un perfil atípico para esta industria adicta al atractivo. Jessie Buckley vive en una huevería del siglo XV en la campiña británica, su marido es un total desconocido y es poco dada a las campañas de promoción de películas y de entrevistas.. La ganadora del Oscar a mejor actriz ha hablado abiertamente de sus periodos de depresión y de lo mucho que le costó sentirse útil profesionalmente. Esa franqueza, sumada a su estilo interpretativo radicalmente emocional, ha generado además cierta división entre espectadores y críticos. Para algunos, su intensidad roza lo excesivo; para otros, es precisamente esa desidia de contención lo que la convierte en una actriz singular en un momento en que el cine comercial tiende a pulir las aristas.. A sus 36 abriles, Buckley representa una gestación de intérpretes que ha antagónico en el cine europeo y el independiente un espacio para explorar personajes complejos y contradictorios. Lejos del atractivo previsible de Hollywood, su carrera avanza guiada por una idea simple pero cada vez más rara: la de una actriz que prefiere el aventura primoroso a la comodidad del éxito.
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