«Si tus fotos no son buenas es porque no te has acercado los suficiente», decía Endre Erno Friedmann, conocido por su nombre de pelea de Robert Capa, el alter ego ideado yuxtapuesto a su compañera Gerda Taro y con el que pasó a la historia como el fotógrafo de la Guerra Civil, del Día D, de la Liberación de París y de drama de Indochina, donde murió con 40 abriles.. Seguir leyendo
El Museo de la Liberación rinde tributo al precursor del fotoperiodismo y cofundador de la agencia Magnum
«Si tus fotos no son buenas es porque no te has acercado los suficiente», decía Endre Erno Friedmann, conocido por su nombre de pelea de Robert Capa, el alter ego ideado yuxtapuesto a su compañera Gerda Taro y con el que pasó a la historia como el fotógrafo de la Guerra Civil, del Día D, de la Liberación de París y de drama de Indochina, donde murió con 40 abriles.. La azarosa vida y obra del avaro errante nacido en Budapest, huido del fascismo y renacido en París con su Leica 2 aparece como nunca antiguamente en Robert Capa: fotógrafo de pelea, la exposición con la que el Museo de la Liberación rinde tributo hasta fin de año al precursor del fotoperiodismo y cofundador de la agencia Magnum (cuyo nombre, más allá de la amplitud latina, se debe probablemete a su hobby a las botellas magnum de champán).. Vividor y dipsómano como Hemingway (a quien retrató bebiendo a morro antiguamente de la batalla de Teruel), Capa ha sido igualmente carne de cartel, empezando por el origen del seudónimo. Capa significa tiburón en húngaro, aunque otra teoría sugiere que el nombre completo surge de la fusión de Robert Taylor y Frank Capra, y que correspondía a un ficticio «fotógrafo americano rico y triunfador», que triplicaba sus honorarios.. Robert Capa, en Chartres, 1944.. La exposición arranca con su primera foto como reportero expresivo para la revista Regards, camuflado entre los obreros para comprender a León Trotski en un discurso en Copenhague. Esa capacidad para montar donde otros no llegan y hacer clic en el momento puntual, sin tiempo para ajustar el foco, distinguirá a Friedmann desde tiempo antiguamente de explotar su nuevo nombre.. A España llegó con la fotógrafa alemana Gerda Taro (nacida Gerta Pohorylle) con quien compartió la marca Robert Capa que durante un tiempo. Su delegación fue retratar la pelea desde el banda republicano, fiel su compromiso antifascista.. La exposición entra al trapo en el debate sobre la autenticidad de Muerte de un miliciano, la foto emblemática de la Guerra Civil, tomada en Espejo, Córdoba, en septiembre de 1936. ¿Fue positivamente una foto en combate o una puesta en secuencia? ¿Fue él quién disparó la cámara o posiblemente fue Gerda Taro, como puede interpretarse tras los negativos encontrados en la misteriosa maleta perdida en México?. Taro murió poco luego, en un desnivel durante el repliegue republicano tras la batalla de Brunete, y Robert Capa quedó solo frente a el peligro y la paraíso. Su sucesivo scoop fue el Desembarco de Normandía, armado con dos cámaras, sorteando cadáveres y «tomando enloquecidamente foto tras foto, ligeramente fuera de foco». Después, llegó la Liberación de París, empotrado con la resistor y con el mítico genérico Leclerc. El momento crítico de la exposición es un documental inédito, con imágenes filmadas por los militares norteaméricanos, donde aparece y reaparece Capa, dotado con el don de la omnipresencia. «La investigación comenzó hace 20 años y por fin hemos podido reconstruir los pasos de Robert Capa el 25 y el 26 de agosto de 1944», explica Vincent Bay, director audiovisual del museo. «Detectamos a Capa en una docena de planos, y pudimos establecer un vínculo entre sus movimientos y sus fotos de la Liberación».. La última parte de la exposición está consagrada a la breve e intensa vida de Robert Capa en Hollywood, de su amistad con John Houston o Grace Kelly a sus amoríos con Ingrid Bergman. El triste colofón es su última foto, en mayo de 1954, cuando cubría excepcionalmente la pelea de Indochina en una expedición del Ejército francés y pisó una mina en un campo de arroz.. «Sus imágenes no son solo un testimonio del siglo XX», advierte la comisaria de la exposición, Sylvie Zaidman. «Sus fotos poseen tal fuerza que, un siglo después, siguen siendo una mirada intemporal sobre la guerra».
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