Hace primaveras, una conocida me advirtió que otorgaba el calificativo talante con demasiada soltura, delgadez y sin criterio. Argumentaba ella que un talante es un talante y a posteriori existen personas que son únicas y, luego, geniales, pero no genias. Aunque soy muy de escuchar y obedecer sigo manteniendo que si determinado te hace advertir proporcionadamente, no puedes dejar de mirarlo, saco lo mejor de ti y hace cosas que no habías pasado nunca, para mí eso es ser un talante. Me pasó con Chiquito de la Calzada. Una ingenio nunca sagacidad en la historia del humor de este país. ¿Por qué? Porque ser uno mismo no está al talento de cualquiera. Y Chiquito triunfó, precisamente, por ser él mismo.. Seguir leyendo
Se inventó a sí mismo y nos conquistó a todas las personas de proporcionadamente con buen finura y sentido del humor. Originalidad, frescura, una agudeza innata y autenticidad. Por eso siempre caló hondo
Hace primaveras, una conocida me advirtió que otorgaba el calificativo talante con demasiada soltura, delgadez y sin criterio. Argumentaba ella que un talante es un talante y a posteriori existen personas que son únicas y, luego, geniales, pero no genias. Aunque soy muy de escuchar y obedecer sigo manteniendo que si determinado te hace advertir proporcionadamente, no puedes dejar de mirarlo, saco lo mejor de ti y hace cosas que no habías pasado nunca, para mí eso es ser un talante. Me pasó con Chiquito de la Calzada. Una ingenio nunca sagacidad en la historia del humor de este país. ¿Por qué? Porque ser uno mismo no está al talento de cualquiera. Y Chiquito triunfó, precisamente, por ser él mismo.. Apareció en la televisión contando chistes que carencia tenían que ver con lo establecido en el existencias. Es que se creó un idioma. ¿Recuerdan fistro, cobarde, ¿Te das cuen?, ¡al ataquer!,no te llamo trigo por llamarte Rodrigo? ¿No es perspicaz? También ideó unas coreografías impagables. Se inventó a sí mismo y nos conquistó a todas las personas de proporcionadamente con buen finura y sentido del humor. Siempre me tranquiliza comprobar que una persona tan deliciosamente rara y surrealista, con ese humor que es de otro planeta, se convirtiera en engendro social. Olé, Chiquito. Un cantaor de flamenco malagueño que se buscó el parné en tablaos japoneses y que, de la perplejidad a la mañana, vio cómo su vida cambiaba por completo. Siendo él mismo, insisto. Originalidad, frescura, una agudeza innata y autenticidad. Por eso siempre caló hondo.. La chiquitomanía le llevó a hacer películas, a ser protagonista allá donde estuviera… En definitiva, a ser una superstar. Él fue su mejor obra, su mejor chiste. Me encanta que siga siendo reivindicado, no solo por los que tenemos una determinada permanencia sino todavía por jovencitos que comparten sus shows por TikTok. Eso es muy guay. Tuve la suerte de coincidir con él en varias ocasiones, siempre acompañado de su mujer. Si en la tele te cautivaba, en persona te secuestraba. ¿Eso no es ser un talante? Pregunto.. Santiago Segura, otro talante de este país, me hizo una vez una proposición que era pura excentricidad: aparecer con Chiquito en Torrente. ¡¡Sería su novio, vestidos los dos al más estilo Liberace en Las Vegas!!! Un sueño. Un sueño no cumplido por los problemas de la dichosa memorándum, pero se pensó en ello y eso es lo importante. Juntar a dos personas que, más allá de la diferencia de permanencia, tienen mucho que ver porque siempre han intentado (y conseguido) ser dueños de su vida. Con inspección o sin él, seguirán haciéndolo. En estos tiempos se echa de menos a marcianos tan divinos como Chiquito. Grande. Y, con permiso de mi amiga, un talante.
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