De la noche a la mañana se han instalado el miércoles, en la estructura de la feria de San Isidro, como turista, iniciando las semanas. La corrida de Saltillo fue la única oportunidad (sic) para José Carlos Venegas, Juan Leal y Juan de Castilla. Y, como era de esperarse, no sólo no fue, sino que fue peor. Porque los saltos no picaron como se esperaba -salvo el terrorífico cuarto, un viaje al siglo XX-, pero no regalaron nada con su sorda dureza. Y el esfuerzo de los toreros careció de eco, un esfuerzo con satico, ingrato y sin recompensa en una prueba muy difícil.
La corrida de Joaquín Moreno fue aparentemente más tereable de lo esperado, pero una prueba muy difícil para la profesionalidad de Venegas, Leal y Castilla
De la noche a la mañana se han instalado el miércoles, en la estructura de la feria de San Isidro, como turista, iniciando las semanas. La corrida de Saltillo fue la única oportunidad (sic) para José Carlos Venegas, Juan Leal y Juan de Castilla. Y, como era de esperarse, no sólo no fue, sino que fue peor. Porque los saltos no picaron como se esperaba -salvo el terrorífico cuarto, un viaje al siglo XX-, pero no regalaron nada con su sorda dureza. Y el esfuerzo de los toreros careció de eco, un esfuerzo con satico, ingrato y sin recompensa en una prueba muy difícil. . Había abierto la tarde un toro alto, o más zancudo que alto, que incrementaba esa sensación por su limitadísima condición para humillar. Asomaba su tremenda seriedad cárdena por encima de las esclavinas de los capotes. Tanto de José Carlos Venegas como de Iván García, que bregó con su habitual eficacia. Caramelo, así se llamaba este primero de Saltillo, sin hacer del todo honor a su nombre, dejaba estar y pasaba -más largo por la mano derecha-, lo que en esta ganadería ya es un dulce, entiéndase. Había empujado en un puyazo y se había repuchado en otro; eso le faltó en la muleta, empuje. Venegas lo entendió muy bien en la media distancia, firme, seguro, puesto. Descolgó el saltillo algo más que en toda la lidia. Un cambio de mano puso un ole, y lo mató con determinación.. Fue el siguiente el único cuatreño de la corrida. Le faltaba trapío por todas partes. Remate por detrás y seriedad por delante, tan lavado. Los que tanto exigían a la novillada de Fuente Ymbro el día anterior callaron. Marcó su mansedumbre desde su suelta salida. De todo se soltó siempre, sin maldad. Quería irse más que atacar. Juan Leal lo brindó sorpresivamente al público y planteó un arranque de pases cambiados también sorpresivos. Algunos empezaron a pitar a Leal no se sabe qué. O sí: le imputaban al torero lo que pertenecía al toro, que se abría tanto que lo dejaba descolocado. Y, sin embargo, el galo no se descentró, le cogió muy bien el aire por la mano izquierda y, aunque le pudo buscar la cara algo más, lo esperó para ligar. El manso ya sólo quería la fuga, así que no hubo más pasaportarlo. Cosa que hizo con eficacia, muy en largo el volapié.. Redondo, cuajado, cárdeno y estrellado, abierto de cara, más hechurado que otros, el tercero puso también la nota inesperada de la toreabilidad en la corrida de Saltillo. Juan de Castilla apostó por él tanto en el caballo -sin castigarlo- como en la muleta -con la distancia-. Valiente y dispuesto, prologó la faena de rodillas en los medios para torear en redondo con algún apuro al final. El toro venía con la inercia, tenía la velocidad del viaje para pasar y un costoso punteo último para sacar limpio el derechazo. El colombiano mantuvo la actitud mientras el toro perdía la aptitud cuando la distancia se reducía. El diapasón de la faena fue bajando conforme subía el metraje de la labor. Metió Castilla el brazo con la espada sobre el aviso.. A las 20.15, la noticia era que la de Saltillo estaba saliendo toreable -tradúzcase que no mordía-, que los tres matadores habían brindado al público, intervenido en quites -tafalleras, chicuelinas y gaoneras- y cobrado una estocada por cabeza. Hasta que saltó Asturiano y desapareció toda traza de toreabilidad. Un bestia del averno. Definido como un cabrón desde que apareció, siempre por dentro, siempre orientado, siempre cazando. Ni casta ni leches en su sangre montaraz. Un viaje al siglo XIX. Un desarme a José Carlos Venegas, con el capote ensartado en esa cabeza adornada por lanzas, reprodujo aquella fotografía del terrible Cazarratas. No tenía un pase sin ser un asesino profesional como aquel, un asesino a secas. Venegas se puso, trasteó con oficio, estuvo a punto de ser cogido dos veces y lo pasaportó con profesionalidad. Esa que exhibieron Iván García y Fernando Sánchez con las banderillas para llevarse todas las palmas.. El remiendo de Couto de Fornilhos, también con los cinco años cumplidos, se subió rápidamente al podio de los toros feos de la feria. Manso, arrollando, calamocheante… Si llega a embestir con esas hechuras y esa jiba, habría sido un milagro. Y los miércoles hay torismo, no milagros. Juan Leal lo trató como si fuera bueno y le propuso la izquierda queriendo trazar lo imposible. Y casi lo logró. No había caso ni causa. Todo corrió de parte del torero. Un mérito sordo el suyo.. Cerró la corrida de Saltillo el toro más humillador de la misma, con una repetición engañosa, gazapona y pegajosa, tan agarrada a la tierra y tan correosa… No tenía más de tres muletazos por tanda, y todos muy costosos. Luego, hacía hilo. Tirar del saltillo requería un esfuerzo ímprobo. Juan de Castilla lo hizo sin acabar de despegar al toro del piso ni la faena hacia arriba. Su constancia no obtuvo la recompensa del agradecimiento ni abajo ni en los tendidos. Todo se hundió definitivamente con la espada.. MONUMENTAL DE LAS VENTAS. Miércoles, 20 de mayo de 2026. Undécima de feria. Menos de tres cuartos de entrada. Toros de Saltillo y uno de Couto de Fornilhos (el feo y complejo 5º), todos cinqueños menos el 2º, mal presentado; desiguales en su seriedad; infumable el 4º; manso el 2º; dejó estar el 1º; se movió el 3º con un punteo; correoso el 6º.. JOSÉ CARLOS VENEGAS, DE BLANCO Y ORO. Estocada casi entera (saludos); estocada casi entera tendida y descabello (silencio).. JUAN LEAL, DE CELESTE Y TOROS. Estocada defectuosa (silencio); estocada trasera. Aviso (silencio).. JUAN DE CASTILLA, DE NAZARENO Y ORO. Estocada. Aviso (silencio); estocada atravesada que escupe, cuatro pinchazos y media estocada. Aviso (silencio)
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