No solo era un distintivo de los ganadores de San Isidro 2026, sino también una tarta dedicada a los toreros con un icono especial de la Monumental de Las Ventas. Además de las nubes que amenazaban desde el cielo antes del inicio de la fiesta, Diego Urdiales, Alejandro Talavante y Fernando Adrián suman 13 «Puertas Grandes» en su palmarés taurino, lo que por sí solo dotó a la tarde de este domingo de un atractivo que incitó al aficionado a emprender el camino hacia Segovia.
Tres orejas para el madrileño con una buena actuación de Sancho Dávila y una para el riojano
No solo era un distintivo de los ganadores de San Isidro 2026, sino también una tarta dedicada a los toreros con un icono especial de la Monumental de Las Ventas. Además de las nubes que amenazaban desde el cielo antes del inicio de la fiesta, Diego Urdiales, Alejandro Talavante y Fernando Adrián suman 13 «Puertas Grandes» en su palmarés taurino, lo que por sí solo dotó a la tarde de este domingo de un atractivo que incitó al aficionado a emprender el camino hacia Segovia. Cuando la presidenta sacó el pañuelo de inicio habían pasado cinco minutos de las 19.30 horas anunciadas. Nadie la hizo caso y pasaron otros cinco hasta que arrancó el paseíllo ya con el agua y los nubarrones alejados del coso. La claridad definitiva la aportó Diego Urdiales en el recibo al que abrió plaza con un ramillete de cadenciosas verónicas rematadas con una torera media. Esa armonía tuvo continuidad en la muleta en una faena iniciada por ayudados por alto y que tuvo sabor en el toreo en redondo. Embistió sin ritmo el de Sancho Dávila por el pitón izquierdo pero aún así logró el riojano algún natural profundo, marca de la casa, antes de volver a la diestra para terminar como empezó, por ayudados. La estocada le puso en la mano la primera oreja. Acometió descompuesto de salida el cuarto al capote de Urdiales, que lanceó de nuevo con gusto sobre el arenal de Segovia. Inició con suavidad el torero de Arnedo su faena pero el toro, sin fuerzas y a la defensiva, deslució su labor. Quedó el sello de la torería en algún natural a cámara lenta. Y también el cañón de su espada. Torero ayudado de Diego UrdialesEFE/Pablo MartínAbrevió Alejandro Talavante con el deslucido segundo, mal lidiado, que no se entregó y con el que no se dio coba. Cambió el cuento en el quinto, que recibió dos puyazos y con el que saludó Ambel Posada. El toro tuvo clase y el extremeño mimó su embestida de inicio para cimentar una faena de menos a más, muy templada, que tuvo sus mejores momentos en el toreo al natural. La espada se llevó la oreja. Se gustó a la verónica Fernando Adrián con el tercero, tanto de salida como en un celebrado quite antes de los dos soberbios pares de Roberto Blanco. Comenzó en tablas sacándose al toro por la espalda y se metió rápido al público en el bolsillo. La conexión fue a más cuando se puso a torear en redondo, ligado y aprovechando la buena condición del toro. Ofreció el pecho al citar al natural y tiró del toro para lograr los mejores momentos de una faena que terminó en las cercanías (y por bernadinas) cuando el toro, rajado, se negó ya a embestir. La estocada le aseguró la puerta grande. El sexto también tuvo buena condición. Brindó Adrián al empresario de la plaza Rafael Ayuso antes de irse a los medios y cambiarse al toro por la espalda. Sonó la música y se gustó el torero con un toro noble pero a menos. Adrián puso la fibra cuando al toro le costó ya desplazarse y su afán por el triunfo tu
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