Más vale tarde que nunca. Las instituciones europeas comenzaron a trabajar en la creación de una versión digital del euro durante la pandemia: en octubre de 2020, el BCE presentó su primer informe sobre la creación de la moneda, que sirvió entonces de base para que el Eurogrupo encargara los trabajos preliminares. A pesar de este aparente impulso, el ritmo de avance se ha parecido más a la geología que a las finanzas, hasta que la geopolítica entró en escena. Me refiero a Donald Trump. Europa ha descubierto una de sus principales debilidades estratégicas en los sistemas de pago, tanto por la falta de autonomía actual (dependencia de empresas estadounidenses) como por la futura (criptomonedas estables operadas desde fuera de la UE). Esto ha permitido flexibilizar las políticas y facilitar que las empresas avancen en un proyecto de gran complejidad técnica e institucional. Sigue leyendo.
El peligro de depender de las criptomonedas y de empresas no pertenecientes a la UE ha dado finalmente un impulso a la moneda virtual.
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Más vale tarde que nunca. Durante la pandemia, las instituciones europeas comenzaron a desarrollar una versión digital del euro. El BCE publicó su informe inicial sobre esta moneda en octubre de 2020, lo que otorgó al Eurogrupo la autoridad para aprobar los trabajos preliminares. Aunque parece haber un cierto impulso, el ritmo de avance ha sido lento, más comparable a los procesos geológicos que al crecimiento financiero. Esto cambió a medida que los factores geopolíticos cobraron importancia. Me refiero a Donald Trump. Europa ha reconocido que sus sistemas de pago presentan una vulnerabilidad estratégica significativa debido a la actual falta de independencia (dependencia de empresas estadounidenses) y al potencial de las monedas digitales ya consolidadas que operan fuera de la jurisdicción de la UE. Esto permite integrar los retos políticos y empresariales con el fin de impulsar un proyecto de gran complejidad técnica e institucional. Según las tradiciones
