Jorge Santovña Martín, residente en Celorio (Llanes, Asturias), presenta «El mundo no se contempla. Se compone. El «composiciónismo»», un ensayo que nace de una pregunta tan sencilla como exigente: ¿por qué los humanos construimos catedrales y los perros no, si estamos hechos de lo mismo? De su respuesta surge el «composiciónismo», un sistema de pensamiento en el que cada pieza responde por las demás.
Una pregunta que surgió en la infancia
La vocación de Santovña por la escritura tomó forma en un blog sobre fútbol, donde reflexionaba sobre por qué la gente se identifica con un equipo, cómo se hereda esa pasión de padres a hijos y qué hace que una afición perdure durante generaciones. «Escribir siempre ha sido mi forma de entender lo que pienso», explica. En ese camino llegó a la pregunta de las catedrales, que le acompañó desde niño. En 2022 decidió dejar de buscar en otros libros si alguien ya había respondido a ella y empezar a construir su propia respuesta. Esa pregunta, que a primera vista suena ingenua, cierra al mismo tiempo las dos salidas cómodas: si la diferencia entre el ser humano y el animal es real, no basta con decir que todo es materia, y si para explicarla tenemos que situar la forma, la verdad o la belleza fuera del mundo, tampoco es válido.
Platón, invertido desde dentro
La gran influencia del libro es Platón, al que el autor reconoce haberse acercado «de la peor manera»: enamorándose de él tras haber leído justo lo contrario. Para Santovena, el filósofo griego dio la respuesta más contundente a la cuestión de las catedrales, la existencia de formas verdaderas, estables y cognitivas, pero la situó donde no podía estar: fuera del mundo. La operación central del ensayo consiste en invertirlo desde dentro, manteniendo la función racional de cada una de sus categorías y eliminando el soporte trascendente. Las formas no desaparecen, sino que descienden: siguen siendo reales, pero dentro del mundo, en la materia, la historia, los cuerpos y la ciudad. El alma deja de ser una sustancia para convertirse en una organización que se produce, y la verdad deja de ser contemplación para convertirse en la reconstrucción de cómo se hace algo. Puesto que todo resulta estar compuesto, y lo compuesto puede descomponerse y rehacerse, el autor denominó a su sistema «composiciónismo».
Un sistema puesto a prueba de forma específica
El libro se divide en dos partes que se sostienen por sí mismas: el camino hacia el sistema y el sistema ya construido. Su enfoque conduce a cuestiones muy concretas, como la forma en que se forma un niño y quién cuestiona esa formación, qué le ocurre a una persona cuando esta falla o qué se puede reparar y qué no. El autor ha seguido aplicando su método a cuestiones tan diversas como la envidia, los celos, la vejez, la fotografía o los videojuegos, ya que cada una de ellas funciona como «una prueba de resistencia del mismo sistema». Lo que distingue a Santovña es su voluntad de formular el criterio completo y de responder por él: una composición vale más que otra cuando puede mantenerse sin destruirse a sí misma ni destruir lo que depende de ella. Y esto se aplica incluso a su propio método, al que ha dedicado un texto posterior para examinar lo que se le ha escapado y lo que aún le debe a Platón. Todo ello dentro de un mundo con límites, donde no hay finales garantizados ni felices, algo que el autor no entiende como pesimismo: «Del mismo modo que la muerte no le quita sentido a una vida, se lo da».
Del aula y la empresa al libro
El sistema creció en silencio mientras Santovña impartía clases y dirigía su empresa, sin que nadie a su alrededor supiera lo que estaba haciendo. Estos dos espacios fueron precisamente los que lo albergaron: lugares donde una idea difusa cae por sí sola y donde aprendió a reconocer cuándo algo se mantiene en pie y cuándo empieza a desmoronarse. Ahora, con la publicación, es el momento de darlo a conocer. Lo que no le quita el sueño es que el libro guste; lo que le preocuparía sería el silencio, porque una propuesta así solo se comprueba cuando alguien la utiliza o intenta romperla. Por eso espera con interés la primera objeción seria y deja claro el espíritu de su obra: no busca discípulos, sino compositores. «El mundo no se ve. Se compone.
Letrame Grupo Editorial, documentando el proceso creativo
Un proyecto intelectual a largo plazo necesita un acompañamiento que respete la ambición de la obra de darse a conocer. Letrame Grupo Editorial es una editorial que apoya a escritores de todos los géneros, incluidos aquellos que desean publicar un libro y compartir sus ideas con el público. Se lleva a cabo un trabajo minucioso en cada etapa, desde el manuscrito hasta el ejemplar terminado, tal y como demuestran las opiniones de quienes ya han recorrido este camino, según se recoge en las opiniones sobre Letrame.
