La escritora palestina Adanía Shibli pide que la entrevista se centre en su obra literaria y no en la situación actual de su país. A primera vista, es una petición sorprendente, ya que su último libro, «Fool», que Random House acaba de publicar en España, traducido por Salvador Peña y la editorial catalana La Magrana, con la colaboración de Mohamad Bitari en la traducción, se desarrolla en una Palestina ocupada por los israelíes. Sin embargo, a medida que avanza la conversación, queda claro que no es que la autora tema pronunciarse sobre lo que está ocurriendo en su tierra, sino que su postura ya queda patente en las páginas del libro. No necesita verse envuelta en polémicas concretas: esta historia comenzó hace muchos años y quiere contarla a través de su escritura.
La autora palestina, que publica *Fool*, insiste en la obligación de sobrevivir frente al acoso israelí al tiempo que recuerda la anulación de su premio LiBeraturpreis en la Feria de Fráncfort.
La escritora palestina Adanía Shibli pide que la entrevista se centre en su obra literaria y no en la situación actual de su país. A primera vista, es una petición sorprendente, ya que su último libro, «Fool», que Random House acaba de publicar en España, traducido por Salvador Peña y la editorial catalana La Magrana, con la colaboración de Mohamad Bitari en la traducción, se desarrolla en una Palestina ocupada por los israelíes. Sin embargo, a medida que avanza la conversación, queda claro que no es que la autora tema pronunciarse sobre lo que está ocurriendo en su tierra, sino que su postura ya queda patente en las páginas del libro. No necesita verse envuelta en polémicas concretas: esta historia comenzó hace muchos años y quiere contarla a través de su escritura. . La trama de la novela sigue el camino de un chico y una chica desde su pubertad hasta el principio de su edad adulta. Es la época de la primera intifada, cuando los más jóvenes se enfrentaron al ejército israelí armados con piedras. Muchos de ellos fueron ejecutados o encarcelados, como sucedió con el protagonista, que vuelve al instituto después de cuatro años en la cárcel. Ninguno de los personajes de esta historia tiene nombre propio y solo se identifican por su profesión o el lugar que ocupan dentro del organigrama familiar. «El lenguaje se sitúa en Palestina y allí te quitan el nombre como castigo. No existimos, no tenemos nombre», sostiene Shibli en una sala del edificio del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB).. Aunque los temas que se tratan durante la charla no son precisamente livianos, la escritora muestra una sonrisa amplia y una efusividad amable al dar sus respuestas. Hay detalles de la novela que quizá alguien que no esté familiarizado con la cultura árabe interprete de manera diferente a la autora. A veces ocurre con las traducciones, porque hay conceptos que no se pueden reproducir de manera exacta en otra lengua. Es lo que pasa en este caso con la relación de las personas con el entorno: «Escribí la novela en árabe y allí no tenemos un término para ‘propietario’ de la tierra, decimos ‘amigo de la tierra’. El capitalismo y el colonialismo británico o israelí te piden papeles de propiedad, pero tú has sido amigo de esa tierra toda tu vida y no necesitas papeles para firmar una amistad», desarrolla.. Precisamente el idioma es una barrera importante entre los israelíes y los palestinos. La joven, a la que en ese momento se conoce como ‘la estudiante’, inicia sus estudios en una universidad israelí porque es la única que le proporciona una beca. Le cuesta seguir el ritmo de las clases en hebreo, su acento árabe causa rechazo entre sus compañeros y se sume en el ostracismo. Esta prisión invisible construida por palabras es la manera que tiene Shibli de preguntarse qué sucede cuando el lenguaje está en un «contexto de ocupación», donde un idioma se presenta como el enemigo y el otro se celebra. «El árabe tiene una tradición de más de 1.500 años, es una lengua muy rica, mientras que el hebreo se ha desarrollado con el movimiento sionista en el siglo XIX e impone la violencia del nacionalismo». Sin la posibilidad de utilizar su idioma materno en su día a día, la estudiante se siente incapaz de articularse como persona y de encontrar su manera de estar en el mundo.. Mientras tanto, el joven pasa por varios trabajos de los que le acaban echando hasta que, por fin, encuentra su pasión en la ebanistería. Entra como aprendiz en un taller en el que va dando forma a figuras con madera quemada o que ya no se puede aprovechar para otros usos. «En Palestina estamos entrenados en la vida para intentar sobrevivir pase lo que pase, por malo que sea, y darle la vuelta se convierte en el objetivo de tu vida. No es que decidas tus sueños, porque tus sueños se te imponen, pero eso es mejor que rendirse», explica la escritora acerca del simbolismo de ese episodio. Precisamente, este personaje está acostumbrado a superar las malas experiencias desde casi la infancia: vivió en condiciones muy duras durante su encarcelamiento, pero también aprendió trucos para sortear los controles.. Shibli se enteró de uno por casualidad: un día estaba en casa de una amiga en Ramala y mientras buscaban una joya perdida vio un objeto muy pequeño que no supo identificar. Su colega le explicó que era una carta que su marido le había enviado desde la cárcel. Los presos escribían cartas en papeles minúsculos y con letra diminuta, Luego, se las tragaban los reclusos que salían de la cárcel y se encargaban de entregarlas. «Además, estuve en Suiza y fui a ver el archivo del autor Robert Walser, que escribía novelas a mano con una letra muy pequeña. En un trocito de papel podía haber un capítulo entero», declara. «Engaño es una combinación de literatura y de lo que es precioso como forma artística».. En 2020 fue finalista del National Book Award y en 2021 volvió a serlo en el International Booker Prize por Un detalle menor. Dos años después, se le concedió el Premio LiBeraturpreis en la Feria del Libro de Fráncfort, pero la organización canceló su entrega (no el galardón), primero como muestra de apoyo a Israel y después con la intención de proteger a la autora ante el odio de las masas que nunca se produjo. Ella considera que esa decisión «fue más una cuestión de racismo». «Ojalá hubieran dejado de vender armas en lugar de cancelar un premio, pero eso es todo lo que se atreven a hacer», afirma, antes de reconocer que esas acciones no la pararán. «Te vuelves inmune al miedo, porque te das cuenta de que la guerra está a tu alrededor y tomas el valor de la gente que se atreve a hacer frente a las injusticias», concluye.
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