Si nos fijamos en la definición que ofrece el diccionario Webster del verbo «to thrill» —del que deriva el término «thriller»—, se trata de una mezcla de placer y emoción. Cuando la emoción llega de improviso (de tal forma que ni siquiera te das cuenta), hay emoción y, además, «thriller». Cuando te embarga, no hay quien lo pare. Digamos que «Cronos» aboga por esta creencia y lo hace dentro de esa rama del género, convencido de que, más allá de cualquier marco o trampa más o menos obvia o fantástica, lo realmente emocionante es la realidad. Fue en los años 70 cuando el maestro Alan J. Pakula nos enseñó que bastaba con observar con detalle cómo la vida transcurría en su rigurosa liturgia de acontecimientos, tan banales como sorprendentes, para crear, de hecho, un thriller, para convertir la emoción más rutinaria en puro placer. En la película del director de «Todos los hombres del presidente», lo que importa es el procedimiento, el desarrollo casi burocrático de la vida misma. Por lo tanto, thriller procedimental.
González Molina nos presenta un thriller procedimental tan riguroso en su energía como exagerado en las formas
Si nos fijamos en la definición que ofrece el diccionario Webster del verbo «to thrill» —del que deriva el término «thriller»—, se trata de una mezcla de placer y emoción. Cuando la emoción llega de improviso (de tal forma que ni siquiera te das cuenta), hay emoción y, además, «thriller». Cuando te embarga, no hay quien lo pare. Digamos que «Cronos» aboga por esta creencia y lo hace dentro de esa rama del género, convencido de que, más allá de cualquier marco o trampa más o menos obvia o fantástica, lo realmente emocionante es la realidad. Fue en los años 70 cuando el maestro Alan J. Pakula nos enseñó que bastaba con observar con detalle cómo la vida transcurría en su rigurosa liturgia de acontecimientos, tan banales como sorprendentes, para crear, de hecho, un thriller, para convertir la emoción más rutinaria en puro placer. En la película del director de «Todos los hombres del presidente», lo que importa es el procedimiento, el desarrollo casi burocrático de la vida misma. Por lo tanto, thriller procedimental. . Cronos, decíamos, está ahí. La idea no es dibujar tramas misteriosas como ya hizo el propio director en la saga basada en los libros de Dolores Redondo ni bucear en las causas profundas de un acontecimiento por definición tremendo y quizá por ello inabordable incluso. Ahora se trata de describir con vocación de notario el agitado discurrir de la misma vida. Se cuentan los atentados yihadistas del 17 de agosto de 2017 en Las Ramblas de Barcelona y se hace desde la descripción paso a paso del dispositivo policial, llamado Cronos, que acabó con la captura y muerte de los responsables. El resultado, por no demorar el diagnóstico, se antoja desigual. Vibrante y veraz en su rigor si se quiere formal y, a la vez, sobreactuado en su empeño, o error, de confundir tensión con nerviosismo.. La película arranca en el corazón mismo de una ciudad de repente en shock. Algo ha pasado, no queda claro qué, pero todo indica que, a partir de ese momento, nada volverá a ser igual. Con tacto e inteligencia, Cronos evita el morbo, el exhibicionismo cruel de quizá lo irrepresentable, y otorga todo el protagonismo a unos fucionarios enfrentados de repente a un abismo que no acaba. Se trata de dejar claro que cualquiera de los allí presentes, víctimas, agentes o trabajadores públicos, podríamos ser cualesquiera de los espectadores. El punto de partida se antoja tan incuestionable como certero. Y González Molina se esfuerza en todo momento en retratar el detalle, el proceloso caminar de lo tremendo al lado de lo más ridículamente cotidiano.. El problema, que lo hay, no es tanto el tono como la falta de confianza que en un momento dado demuestra la película a su impecable premisa. Por alguna razón, el thriller se avergüenza de ser eso, thriller, y como si se sintiera culpable de mezclar en un acontecimiento tan grave extitación y placer en su sentido etimológico más clásico y más Webster, quiere ser también drama psicológico sobre unos personajes sobrepasados, hundidos y humanos, demasiado humanos. Y es entonces cuando la arquitectura de Cronos empieza a enseñar sus grietas con gestos sobreactuados, actores sobreexcitados (Enric Auquer vuelve a hacer de hiperbólico Enric Auquer), frases sobresubrayadas y concesiones a la galería de los buenos sentimientos tan evidentes como conservadoras. Y no, ése no era el procedimiento.. –. Director: Fernando González Molina. Intérpretes: Enric Auquer, Diana Gómez, Mónica López. Duración: 118 minutos. Nacionalidad: España.
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