Cerca de San Valentín conviene recordar que el amor también tiene término, a veces. Pero, aunque ese proyecto de vida en común se haya acabado, los negocios que podrían haber surgido durante este tiempo no tienen por qué hacerlo. En España, miles de empresas familiares y despachos profesionales nacen de pasiones compartidas: son muy frecuentes las parejas que levantan empresas desde cero o las fundadas por padres e hijos. Sin embargo, cuando el corazón se rompe, la cabeza debe tomar el relevo. Muchos conflictos sociales surgen de disputas personales. Muchos de ellos se producen entre quienes dirigen una empresa con una participación simétrica. Y cuando esto ocurre, no hay reglas escritas. Ahí está el drama: sin previsión, la clientela huye, la marca se devalúa y el juez mercantil acaba diseccionando el cuerpo empresarial. Siga leyendo. Una hoja de ruta vital. Los abogados saben cómo evitar guerras en las empresas familiares. «Cuando, el duelo se mezcla con inseguridad jurídica, y con rencores acumulados y agravios comparativos, se crea el caldo de cultivo perfecto para el conflicto», afirma Delia Rodríguez, fundadora de Vestalia Abogados. La letrada aboga por iniciar el camino común «diseñando la hoja de ruta vital». Para ello, explica, es necesario hacer «una honesta reflexión personal y patrimonial sobre la propia vida, la familia real (no la ideal) y el legado que se quiere dejar, no sólo en términos económicos, sino también emocionales».
Los expertos aconsejan evitar posibles conflictos o rupturas previendo posibles conflictos o rupturas mediante pactos.
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Cerca de San Valentín conviene recordar que el amor también tiene término, a veces. Pero, aunque ese proyecto de vida en común haya terminado, los negocios que podrían haber surgido durante este tiempo no tienen por qué hacerlo. En España, miles de empresas familiares y despachos profesionales nacen de pasiones compartidas: son muy frecuentes las parejas que levantan empresas desde cero o las fundadas por padres e hijos. Sin embargo, cuando el corazón se rompe, la cabeza debe tomar el relevo. Muchos conflictos sociales surgen de disputas personales. Muchos de ellos se producen entre quienes dirigen una empresa con una participación simétrica. Y cuando esto ocurre, no hay reglas escritas. Ahí está el drama: sin previsión, la clientela huye, la marca se devalúa y el juez mercantil acaba diseccionando el cuerpo empresarial. Casi dos tercios de las empresas familiares no llegan a la tercera generación, según el Family Enterprise Institute. Las rupturas sentimentales agravan el bloqueo cuando la propiedad se reparte al 50% o la dirigen administradores mancomunados. Empresas con el mismo éxito en la industria alimentaria que la bodega propiedad de Pesquera o Gullón han sido las principales beneficiarias de sus disputas accionariales. María Teresa Barea, portavoz del Consejo General del Notariado recomienda «pensar bien las cosas y rodearse de profesionales que estén bien preparados» antes de que lleguen los problemas. Es vital, explica, «plasmar el resultado de todo este estudio en instrumentos jurídicos adecuados». Un paso para el que la figura del notario es esencial, ya que está presente en el momento de la constitución de la sociedad. Evitar problemas futuros, como en la mayoría de los casos, suele requerir una cultura jurídica preventiva y el asesoramiento de expertos. Las principales armas para evitar los estragos de las desavenencias son los protocolos familiares o los pactos de pareja. Estos instrumentos regulan las salidas, las valoraciones y las transmisiones no refinadas en las heridas personales. Pilar París, socia de Araoz & amp, Rueda, lo tiene claro: «El pacto sienta las reglas de juego en las rupturas sentimentales, reduciendo las disputas porque las medidas ya están preacordadas». Estos pactos pueden contener cláusulas de arrastre que obliguen a realizar ventas conjuntas o mancomunadas para proteger a las minorías. Para evitar que la empresa se paralice cuando se enfrentan los propietarios, María Teresa Barea recomienda fijar cláusulas estatutarias específicas, como la «venta forzosa», según la cual uno puede ofrecer al otro comprar su parte y, si el precio es injusto, revertir la propuesta. También pueden intervenir expertos independientes para fijar el valor. «Lo ideal es elevar estas cláusulas a estatutos sociales», afirma. El hecho de que consten en escritura pública inscrita en el Registro Mercantil «permite oponerlas erga omnes]frente a todos] en medio del caos», añade Barea. La notaria insiste en la necesidad de «elevarlo todo a escritura pública», incluso los protocolos familiares, una rara avis según su experiencia porque sólo ha protocolizado dos en 16 años, en los que caben desde los conocidos como «pactos de caballeros» hasta modificaciones estatutarias. En los despachos de abogados, que son sociedades profesionales, el reto es más delicado si cabe: la clientela es muy personal y no hay transmisión automática de la cartera en caso de ruptura. La Ley de Sociedades Profesionales exige un peritaje y la adquisición obligatoria de las participaciones del socio separado. El método de divorcio profesional tiene un impacto negativo tanto en la reputación inmediata como en la red de contactos del sector, los clientes y la industria. Salir de forma elegante es una inversión de futuro y una oportunidad para demostrar la integridad y la ética profesional que deben estar en el ADN de un buen operador jurídico. Sin red. La letra pequeña de los acuerdos de crisis determina si la ruptura será ordenada o traumática. Sin el blindaje adecuado, las tensiones escalan emocionalmente, amenazando las relaciones empresariales y personales. La abogada Pilar París está convencida de que, aunque no sea una costumbre arraigada en nuestros protocolos sociales, anticiparse al peor de los escenarios «es avanzar en un clima de paz social y establecer un mecanismo de salida o ruptura equilibrado que priorice por encima de cualquier otra cuestión el interés y la continuidad de los negocios». Un escenario con reglas y medidas a aplicar siempre de carácter recíproco. . Si falla la prevención, no todo está perdido. Francisco Ruiz Risueño, Secretario General de la Corte Civil y Mercantil de Arbitraje (CIMA), apuesta por «la mediación neutral y confidencial para dialogar sobre salidas o valoraciones pactadas, promoviendo acuerdos sin imponerlos». Cuando los pactos no cumplen su objetivo y es necesario acudir a un tercero para reclamar los platos rotos, «el arbitraje es más ágil y especializado que los tribunales mercantiles». Además, las decisiones vinculantes de los expertos ayudan a preservar el sector en la medida de lo posible», dijo. En esto el experto es claro: «El objetivo no es imponer una solución, sino ayudar a construirla y evitar que el conflicto destruya lo que aún se puede reorganizar». En definitiva, la clave es tener la cabeza fría para «metamorfosear el dolor en solución», como dice Ruiz Risueño. Y cuando la puerta se cierra, siempre puede ayudar una frase del célebre Oscar Wilde: «Unos causan felicidad dondequiera que van, otros cada vez que van». Los abogados saben cómo evitar guerras en las empresas familiares. «Cuando, el duelo se mezcla con la inseguridad jurídica, y con rencores acumulados y agravios comparativos, se crea el caldo de cultivo perfecto para el conflicto», dice Delia Rodríguez, fundadora de Vestalia Abogados. La letrada aboga por iniciar el camino común «diseñando la hoja de ruta vital». Para ello, explica, es necesario hacer «una honesta reflexión personal y patrimonial sobre la propia vida, la familia real (no la ideal) y el legado que se quiere dejar, no sólo en términos económicos, sino también emocionales».
