Mientras daba los últimos retoques a su éxito indiscutible La península de las casas vacías (Siruela, 2024), David Uclés (Úbeda, 1990) ya había empezado otra novela. Una que, nacida al calor de la Beca de Escritura Montserrat Roig concedida por el Ayuntamiento de Barcelona, tendría a la Ciudad Condal como protagonista. «Estaba un poco desesperado, porque no tenía puerta ni siquiera obstáculo en el mundo editorial, y el segundo intento, en 2022, me lo concedieron. Entonces me trasladé a Barcelona durante seis meses para escribir día y noche y hacer una curiosa y abierta inmersión cultural en el espíritu de la ciudad», explica el escritor. Seguir leyendo
El exitoso escritor, inmerso recientemente en varias polémicas, publica ‘ La Ciudad de las Luces Muertas’, una novela surrealista y onírica en la que un apagón convierte a las Barcelonas de toda la historia. «Escribo para vivir, el tiempo decidirá todo lo demás»
Mientras daba los últimos retoques a su indiscutible éxito La península de las casas vacías (Siruela, 2024), David Uclés (Úbeda, 1990) ya había comenzado otra novela. Una que, nacida al calor de la Beca de Escritura Montserrat Roig concedida por el Ayuntamiento de Barcelona, tendría a la Ciudad Condal como protagonista. «Estaba un poco desesperado, porque no tenía puerta ni siquiera obstáculo en el mundo editorial, y el segundo intento, en 2022, me lo concedieron. Entonces me trasladé a Barcelona durante seis meses para escribir día y noche y hacer una curiosa y abierta inmersión cultural en el espíritu de la ciudad», explica el escritor. El fruto es La ciudad de las luces muertas (Destino), galardonada este enero con el Premio Nadal 2026 y que narra en un estilo surrealista y onírico un apagón total durante el cual confluyen en la capital catalana todos los tiempos del pasado y del futuro y conviven muchos de los grandes personajes culturales y políticos que la habitaron a lo largo de la historia. «Para mí escribir una novela es una forma de conseguir un territorio, como hacen los periodistas de guerra. Cada día dibujaba el mapa de la ciudad para aprendérmela, leía mucho sobre su historia, recogía anécdotas de la gente e incluso aprendo catalán para empaparme bien de todo», rememora. . Todo es un variado y abrumador desfile de calles, plazas, hechos históricos y nombres que van desde iconos de la ciudad, como Antoni Gaudí, Joan Miró, Salvador Dalí o Mercè Rodoreda hasta habitantes más ocasionales como Picasso, Simone Weil, Julio Cortázar o Lorca, que se ven envueltos en esta mezcla de tiempo y espacio marcado por la oscuridad. «No conocía a muchos de estos personajes o no sabía que habían pasado por Barcelona y la importancia que tenían para la ciudad. Por ejemplo, no recordaba que Bolaño o Carlos Fuentes hubieran estado allí, no conocía a Mercè Rodoreda o Salvador Espriu», confiesa el escritor. «Así que, a medida que iba descubriendo a todas esas personas que hicieron de Barcelona su casa, las iba introduciendo en la trama». A pesar de la evidente intención coral de La ciudad de las luces muertas, dos personajes destacan sobre el resto: Carmen Lapret, que inicia inconscientemente el apagón, y Carlos Ruiz Zafón, protagonista de un sentido homenaje. «Barcelona puede personificarse en Carmen Lapret, y su vida puede leerse como la de la ciudad. Cuando le conocí en profundidad, advertí que su vida encajaba bien con esta lucha entre la luz y la oscuridad, así que decidí que fuera ella la protagonista», explica el autor. «En cuanto a Ruiz Zafón, es el gran embajador de la ciudad y creo que ha sido injustamente tratado. Es el escritor español más vendido después de Cervantes, y creo que, como me pasa un poco a mí, en su caso se utiliza el éxito comercial como una forma de desprestigio cultural», denuncia. «Pregunta. Te pones a viajar en el tiempo, ¿a qué época te gustaría ir si pudieras? Respuesta. Sin pensarlo dos veces, viajaría a los años 20 o viajaría hace un siglo. Me encantaría vivir la bohemia europea, ser pianista en cafés y tocar todas las noches en espectáculos de cabaret o en bodegas. Y pensando sólo en España, me gustaría haber vivido a finales de los ‘ 70 y principios de los ‘ 80, por toda esa efervescencia de libertad que salía de una dictadura. Tuvo que ser muy bonito vivir aquello. . P. El libro describe cómo varias Barcelonas históricas se superponen entre ellas, ¿es lo que ocurre con la memoria? A. Sí, totalmente. La memoria tiene un límite de almacenamiento, así que cuando entran datos, se borran otros, porque no pueden durar. Pasa con la literatura. A veces me pregunto qué quedará dentro de 600 años de todo lo que se publica hoy. Al final el tiempo lo borra todo. Sin embargo, las ciudades son las que perduran. Y Barcelona es una de las más antiguas y con más capas del país. Es como un arco iris de enormes venas. Esta novela no se habría escrito sobre Madrid, por ejemplo. Cuando dices que Barcelona es muy cosmopolita creo que se debe a eso, a las muchas culturas que llevan milenios viviendo en ella, y eso es un privilegio. . P. Su anterior novela trataba sobre la Guerra Civil y arranca en la posguerra, en 1941. Por qué vuelve a su ficción, en esta novela que explora la oscuridad, en esos años? A. La anterior era una novela sobre la guerra, pero aquí fue más bien por exigencias del guión. Fue el año en que Carmen Lapret empezó a escribir Nada, y por eso. En cuanto a la oscuridad. . . Esa metáfora funciona en la novela a muchos niveles y tiene muchas interpretaciones posibles. Se puede pensar en el devenir de la propia condición humana que es caduca y finita. Puede ser la asfixia de las ciudades contemporáneas, debida a la gentificación o al turismo de masas. Puede ser la falta de ideales comunes, de esperanza, de equilibrio generacional, de la decadencia que creemos sentir ahora de los valores. Y puede ser, por supuesto, el fascismo. Y digo fascismo porque las fuerzas más ultras, las que intentan derribar derechos ahora en nuestro país, y en los países occidentales son de ultraderecha. Pero la oscuridad actual no es sólo política, es también humana, social y moral. . Esta alusión está en consonancia con la reciente polémica en la que se ha visto envuelto el escritor, imposible de eludir. Poco queda por decir o considerar de las muy comentadas Conferencias Congreso de Sevilla, aunque Uclés lanza ciertas reflexiones». Al final es una pena, porque lo único que esto provoca es que la gente sea menos espontánea y libre para hablar, que se hable de represalias y que el debate y el diálogo no se produzcan. Creo que es algo que nos afecta a todos en mayor o menor medida, pero no es sano que alguien tenga miedo a ver lo que dice o cómo lo hace porque sabe que le van a crucificar», denuncia. Lo que ocurre en las redes escapa al control de cualquiera, pero a la larga, uno se da cuenta de si sus manifestaciones han sido más acertadas o menos, más exageradas o menos, más relevantes o menos. Últimamente tengo en mente una frase de St. Juan de la Cruz, al que murió allí en Úbeda, que decía que el infierno es el arrepentimiento y la conciencia de cada uno, «explica Uclés». Así que pienso, el infierno es la conciencia de cada uno, si tiene conciencia, y yo tengo la mía muy tranquila. Allá cada uno con su conciencia y con su actitud», el escritor. . . En su novela hay muchas tertulias de intelectuales de aquella época, ¿no lamenta que esto se haya quedado en el presente en polémicas polarizadas en redes? A. Muchas, pero no sólo en el mundo cultural. Proviene de la individualización extrema que provoca el apéndice electrónico, el smartphone y las redes sociales. Al crear un avatar virtual, es el avatar el que se manifiesta, no tú como persona de carne y hueso. Nos mostramos a través de la pantalla, y muchas macroestructuras sociales se aprovechan de ello porque, en última instancia, provoca alienación. Creemos que escribir un tweet es marcar la diferencia en el mundo, pero no estamos haciendo nada. El mundo se modifica con los cambios locales. Por eso tienes que conocer a tu vecino, ir al bar y hablar de los problemas de tu comunidad. Y ampliándolo poco a poco a algo mayor. Pero ni siquiera somos capaces, hemos enterrado esas reuniones, ese concepto de comunidad.
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