Dolores Redondo dice que la música de Todas las noches, todas las ciudades (Planeta) es el jazz, porque su novela, la continuación de la serie Los valles tranquilos, es el texto más libre de cuantos ha publicado: «A veces, parece que hay una melodía que se va pero luego vuelves a encontrarla. Y hay siempre un ritmo que te sostiene». En Todas las noches, todas las ciudades está la tensión del jazz, sí, la tensión entre lo abstracto y lo figurativo, entre la precisión y el capricho, entre el caos y el género.
La escritora de ‘Esperando el diluvio’ publica ‘Todas las noches, todas las ciudades’, una novela criminal que se desliza hacia el sueño
Dolores Redondo dice que la música de Todas las noches, todas las ciudades (Planeta) es el jazz, porque su novela, la continuación de la serie Los valles tranquilos, es el texto más libre de cuantos ha publicado: «A veces, parece que hay una melodía que se va pero luego vuelves a encontrarla. Y hay siempre un ritmo que te sostiene». En Todas las noches, todas las ciudades está la tensión del jazz, sí, la tensión entre lo abstracto y lo figurativo, entre la precisión y el capricho, entre el caos y el género.
En las páginas de la novela está el escenario pirenaico de Elizondo, el mismo de muchas novelas de Redondo, que no podría ser más concreto. Pero la acción se traslada después a otro lugar que se llama Ciudad, sin más y que es un poco Los Ángeles, un poco Bilbao, un poco Hong Kong. Ciudad es la fantasía de un loco, de un escritor de novelas criminales que cierra los ojos, los vuelve a abrir y se convierte en el detective (joven, guapo, macarra) de sus libros. ¿Está chiflado? ¿Es un impostor genial? En eso consiste también el misterio de Todas las noches, todas las ciudades. ¿De repente se ha convertido Dolores Redondo en Thomas Pynchon? La escritora donostiarra dice que no, que, en todo caso, lo suyo recuerda a Miguel Delibes.
«Y Delibes no es un escritor sospechoso de tomar LSD». ¿Entonces? «Yo tenía la serie de novelas bastante pensada, bastante construida, pero me ocurrió algo que me trastocó. Estaba en Elizondo. Tengo casa, paso bastante tiempo allí. Un día, me vi delante del colegio y me dije ‘te acuerdas de cómo ibas por aquí desde clase a casa…’ . Fue un pensamiento breve pero muy nítido, muy real. Sólo que no era un recuerdo cierto. Yo nunca fui al colegio en Elizondo, eso le pasó a mi personaje, a Amaia Salazar, no a mí. Me quedé desconcertada. Investigué. Johnny Weissmüller, al final de su vida, se creyó Tarzán. Bela Lugosi se creyó Drácula. El trastorno existe. Me faltaba encontrar un referente literario. Le pregunté a Emili [Rosales, editor de Redondo] y me dijo que a Delibes le pasó. Le pasó y lo contó en el discurso del Premio Cervantes. Entonces pensé que tenía que volver al personaje de Benedict, el escritor, volver y darle nuevas capas».
Muy en resumen: en Todas las noches, un asesino de mujeres emplea métodos que parecen tomados de las novelas de Benedict. La policía acosa al escritor por ello pero Benedict tiene entonces su brote esquizofrénico. ¿Quién cuida de él? Nash, la psiquiatra forense de Las que no duermen (Planeta, 2023), que es su hija secreta, y que tendrá que descubrir al asesino. En su trama se enredan otros personajes conocidos como el psicópata escocés John Biblia (Esperando al diluvio). Cada engranaje está diseñado y, a la vez, el conjunto parece un sueño.
«Leo mucha criminología, mucha psiquiatría, mucha filosofía… Cuando empecé a escribir, me rechazaron mil veces. La novela negra ni siquiera estaba de moda y yo me presentaba mezclando novela negra y mitología. Me decían: ‘Novela negra y magia, no’. Miren, yo nunca pretendí escribir novelas negras. Si lo que escribía se salía de los márgenes, me daba igual. Es lo que he hecho en cada novela y en esta, más. En Todas las noches, todas las ciudades hay elementos de novela negra pura porque hay crimen, hay investigación y hay un detective como de los 50. Pero es la novela que más paredes derriba. Los géneros son las habitaciones de una casa, que es la literatura. Si tiramos paredes, más grande es el espacio».
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