Unos niños se detienen ante el Retrato de una niña de Velázquez. Su profesor les pide que adivinen quién es, porque durante casi cuatro siglos todo han sido conjeturas sobre el modelo. Una niña levanta la mano y resuelve el misterio: «Es la Gioconda cuando era pequeña». La anédocta la historia Guillaume Kientz, comisario con Pierre Curie de la exposición Esplendores del Barroco en el Museo Jacquemart-André de París. Allí se puede admirar el enigmático retrato de Velázquez sin necesidad de saltar a la Hispanic Society de Nueva York, donde volverá a exhibirse a finales de año como uno de sus tesoros más preciados. Seguir leyendo
La exposición Esplendores del Barroco muestra en el Museo Jacquemart-André las principales obras de estos artistas cedidas por la Hispanic Society
Unos niños se detienen en el Retrato de niña de Velázquez. Su profesor les pide que adivinen quién es, porque durante casi cuatro siglos todo han sido conjeturas sobre el modelo. Una niña levanta la mano y resuelve el misterio: «Es la Gioconda cuando era pequeña». La anédocta la historia Guillaume Kientz, comisario con Pierre Curie de la exposición Esplendores del Barroco en el Museo Jacquemart-André de París. Allí se puede admirar el enigmático retrato de Velázquez sin necesidad de saltar a la Hispanic Society de Nueva York, donde volverá a exhibirse a finales de año como uno de sus tesoros más preciados. Según Kietz en la revista BeauxArts, «Es un cuadro fantástico, magnético, íntimo». Retrato de niña es estos días el reclamo publicitario en los autobuses de París, que se enmarcan hacia el emblemático Palacete del VIII Distrito para descubrir el Siglo de Oro hispánico como nunca antes en la capital francesa. Los retratos de Velázquez comparten salas con los de El Greco, Zurbarán, Murillo, Luca Giordano y Mateo Cerezo. «Los artistas españoles quisieron hacer la síntesis de las influencias flamenca e italiana», declaró el Comisario francés Pierre Curie. También desarrollaron una personalidad extraordinaria a través de la literatura y la pintura. Estamos en el momento de mayor autonomía cultural y artística de España. «Los tres géneros por excelencia de la época son el retrato, la pintura religiosa y la naturaleza muerta», añade Guillaume Kientz. Su exposición sitúa el Siglo de Oro en su contexto, desde «la llegada de los europeos a América en 1492» hasta la creación de la Academia de Bellas Artes de Sevilla, pasando por la construcción de El Escorial, la irrupción de El Greco en Toledo, la publicación de Don Quijote, la llegada de Velázquez a Madrid, la construcción del Retiro y la muerte de Carlos II, fin de la dinastía de los Habsburgo. El Siglo de Oro es también el Grand Siècle francés, pero antes y en dos mundos, Europa y América. «Cristóbal Colón abrió a la Monarquía Hispánica unos horizontes inéditos», se puede leer a la entrada de las tres últimas salas, dedicadas al barroco americano. El uso de la esclavitud, la explotación de los recursos naturales y la confiscación de la riqueza son «el lado trágico de una vitalidad artística impulsada por la utopía», según el catálogo de la exposición. Este insólito viaje al barroco español en el flamante palacete de los Campos Elíseos, con su escalera monumental y su Giambattista Tiepolo recién restaurado, ha dejado huella en la mirada transatlántica de Archer M. Huntington, filántropo y fundador de la Hispanic Society. Merece una visita por sí solo.
Cultura
