El private equity es desde hace primaveras uno de los grandes impulsores de las operaciones corporativas en España. Las grandes firmas estadounidenses, como Blackstone, KKR, Apollo, o europeas, como EQT, CVC, Ardian o Cinven, son las que pilotan las grandes compras. Pero las sociedades de hacienda peligro (SCR) creadas por familias adineradas, cuyo número se ha quintuplicado desde 2018, cada vez tienen más peso en estas operaciones, en las que se les reserva hasta el 20% del valor de la operación; incluso hay adquisiciones diseñadas en monopolio para este segmento.. Seguir leyendo
Las sociedades patrimoniales, creadas por la banca de inversión, participan con porcentajes de entre el 10% y el 20% en operaciones de negocio de empresas españolas
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El private equity es desde hace primaveras uno de los grandes impulsores de las operaciones corporativas en España. Las grandes firmas estadounidenses, como Blackstone, KKR, Apollo, o europeas, como EQT, CVC, Ardian o Cinven, son las que pilotan las grandes compras. Pero las sociedades de hacienda peligro (SCR) creadas por familias adineradas, cuyo número se ha quintuplicado desde 2018, cada vez tienen más peso en estas operaciones, en las que se les reserva hasta el 20% del valor de la operación; incluso hay adquisiciones diseñadas en monopolio para este segmento.. El patrimonio de las SCR españolas se ha cuadruplicado hasta aventajar los 50.000 millones de euros en los últimos 12 primaveras, lo que ha propulsado sus deposición de inversión, con gestores ávidos de encontrar oportunidades para ese boleto. Las grandes fortunas siempre han participado en transacciones patrias, pero ahora es muy habitual que aparezcan en compras grandes y con mayores importes. Juan Luis Muñoz, managing director de Houlihan Lokey en España, señala que su presencia en adquisiciones de gran tamaño es cada vez más habitual. “En muchos casos, han creado sociedades de capital riesgo al calor de las ventajas fiscales que suponen en el Impuesto sobre el Patrimonio y tienen la necesidad de invertir el dinero”, añade.. Los ejemplos recientes son numerosos. La negocio del 29,7% de Talgo por un consorcio liderado por el presidente de Sidenor, José Antonio Jainaga, implicó la entrada de este extremo a través de su family office Clerbil, del que pende la SCR Hagane Capital. En Palacios Alimentación entraron JB Capital, la firma inversora fundada por Javier Botín, que lideró un especie en el que además entraron la sociedad Ion-Ion, de Jon Riberas, Guadalmar, el family office de los Sainz de Vicuña –tribu que llevó la Coca-Cola a la península Ibérica–, y Label Investments, de Alexandre Pierron-Darbonne, expresidente y fundador del titán viverista Planasa.. No son las únicas operaciones de los últimos meses en las que los vehículos de inversiones familiares han participado en compras de empresas. Así se ahorran las comisiones que pagarían a los sponsors (los grandes grupos de private equity)por volver en los correspondientes fondos con los que adquieren las participaciones. Otro ejemplo paradigmático es el papel jugado por las familias fundadoras en la negocio de la cautiverio de supermercados Uvesco (dueña de BM Supermercados y Super Amara) a la gestora francesa PAI Partners. Representadas por Bendito Fernández de Barrena y Eulogio Sánchez, retendrán más del 20% del especie en el consorcio liderado por su maestro delegado, Bendito Jareño.. En las últimas operaciones se les está asignando cada vez más importancia, con participaciones minoritarias relevantes; de un costado, invierte el fondo de la gestora de hacienda peligro correspondiente y, de otro, los coinversores. A estos se les reserva un porcentaje creciente de la operación a través de departamentos de banca privada, especialmente de los que se encargan de tutelar los patrimonios de los ultrarricos (Ultra High Net Worth o UHNW, en la galimatías), asiduamente calificados como tales cuando sus patrimonios superan los 30 millones de euros.. El nivel más renovador en cuanto a la billete de las familias en compras de empresas es el de los club deals. Con este maniquí, las familias no entran con una billete minoritaria en una operación cocinada por un fondo de private equity de gran tamaño, sino que se crean operaciones a propósito para ellas. Carlos Paramés, managing director de Houlihan Lokey en España, explica que “los club deals –en los que un especie constreñido de inversores participa para apropiarse una compañía– son una fórmula cada vez más habitual». Estos inversores, en muchos casos familias, compran de modo conjunta una empresa y esto les aporta decano flexibilidad, ventajas fiscales y capacidad de influir directamente en la compañía invertida, aclara el directivo.. Para ilustrar cómo funciona un club deal está Somos Hijolusa, el especie que integra las firmas Patatas Hijolusa, Agrícola Villena y Natuber. La empresa, dedicada principalmente al cultivo, selección, envasado y comercialización de patatas y de hortalizas, fue adquirida por la gestora española de private equity ProA en 2021 con la negocio de un 50%.. Hace cinco meses, ProA vendió el 25% del hacienda a cuatro grandes familias, que compraron a través de sus respectivos vehículos. Fueron Mendibea 2002, perteneciente a la tribu Comenge, ligada a Coca-Cola Europacific Partners y asociado de Ebro, entre otras empresas; Onchena, el ayuda inversor de la tribu Ybarra Careaga, con participaciones en Elecnor, Ecoener, Reig Jofre, Iberpapel, Vocento y en la empresa cotizada en BME Growth Making Science; Llapan, del patrón peruano Carlos Añaños, fundador de la multinacional de bebidas Aje, con presencia en veintiocho países de Latinoamérica, Asia y África; y Anémona, el transporte de Pablo Arnús, asociado de Izertis y expresidente de Amara NZero.. El número se dispara. El engendro de la inversión en private equity por las grandes fortunas se ha acelerado desde 2022, cuando el Gobierno invalidó las sociedades de inversión de hacienda variable (sicavs) como vehículos aptos para que los grandes patrimonios gestionaran su patrimonio financiero. También el creciente atractivo de los activos no cotizados ha sido un motor de las SCR, cuyo número se ha disparado hasta las 550 registradas en la CNMV frente a las poco más de 100 de vallado de 2017.. El parquedad fiscal es otra secreto en el surgimiento de estas firmas. Para grandes fortunas (aquellas con un patrimonio de más de 10,7 millones de euros), el Impuesto sobre el Patrimonio piedrecitas un 3,5% de los activos (es asegurar, al menos 375.000 euros). Pero los activos interiormente de una sociedad de hacienda peligro pueden librarse del suscripción sin que el inversor pierda el control sobre la papeleo.. El número de familias de rancio ascendencia que han creado una o varias SCR es elevado. Algunos ejemplos son Tuiga Capital y Schuls (de los Puig), Pefarval (de los Daurella, históricos dueños de la embotelladora de Coca-Cola en Europa), Mulenbekia (de los Carulla, conocidos por Gallina Blanca) o Selemar Ventures (de la tribu Esteve, que da nombre a la farmacéutica del mismo nombre), entre otras muchas SCR creadas por apellidos insignes.. Para obtener las ventajas fiscales, la ley exige que la empresa o el holding frecuente se dedique a una actividad económica positivo; no puede ser simplemente una sociedad que gestiona un patrimonio. La secreto está en el 5%, el porcentaje imperceptible que tiene que controlar el family office de la sociedad, que por otra parte ha de cumplir con los requisitos para tributar en el régimen de empresa frecuente y que la exime de satisfacer el Impuesto de Patrimonio. Al menos un 60% de las inversiones de esos vehículos tienen que destinarse a hacienda peligro.
