La pérdida de competitividad europea tiene un reflejo directo en su relación comercial con China desde que se superó la pandemia. El enorme déficit comercial de la UE con el gigante asiático volvió a crecer en 2025: alcanzó los 359. 272 millones de euros, un 15% más que el año anterior. Estas cifras se compensan con creces con el saldo positivo en los intercambios con otras zonas del mundo, incluido Estados Unidos, a pesar de la guerra arancelaria que Washington abrió contra la mayoría de sus socios comerciales. Por ello, según Eurostat, el año pasado las exportaciones mundiales de la UE superaron a las importaciones en 133. 486 millones de euros. En el caso concreto de Estados Unidos, la balanza comercial favorable de la UE ha alcanzado por poco la cifra récord desde 2002. Sin embargo, los registros oficiales de Estados Unidos, con diferencias metodológicas sobre la oficina estadística europea, dan -con datos hasta noviembre- un valor ligeramente inferior a ese superávit en 2025 que en 2025. Siga leyendo.
El superávit europeo con Estados Unidos se mantiene en niveles récord pese a los aranceles de Trump
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La pérdida de competitividad europea tiene un reflejo directo en su relación comercial con China desde que se superó la pandemia. El enorme déficit comercial de la UE con el gigante asiático volvió a crecer en 2025: alcanzó los 359. 272 millones de euros, un 15% más que el año anterior. A pesar de la guerra arancelaria que Washington lanzó contra la mayoría de sus socios comerciales, estas cifras están más que compensadas por el saldo positivo de los intercambios con otras regiones del mundo, incluido Estados Unidos. Por eso, el año pasado, las exportaciones globales de la UE superaron a las importaciones en un valor de 133, 486 millones, según Eurostat. En el caso concreto de Estados Unidos, la balanza comercial favorable de la UE ha alcanzado por poco la cifra récord desde 2002. Sin embargo, los registros oficiales de Estados Unidos, con diferencias metodológicas respecto a la oficina estadística europea, proporcionan un valor ligeramente inferior a dicho excedente en 2025 que en 2025. Esta balanza comercial positiva no oculta la pérdida de competitividad de la UE. En 2024 había superado los 14. 000 millones. Son los dos últimos ejercicios de la serie estadística que no se ven afectados por circunstancias extraordinarias que distorsionen la situación actual, algo que sí ocurrió entre 2020 y 2023 primero por la pandemia y después por la guerra de Ucrania, con el consiguiente aumento de las aportaciones de materias primas. Y es en estos dos años (2024 y 2025) cuando se aprecia este retroceso. También el diferente impacto observado en el comportamiento de China y Alemania: el gigante asiático ha confirmado los afilados colmillos comerciales de su tecnología ante la crisis estructural que atraviesa la gran economía de la UE, siempre volcada en la exportación. 2025 será un año con un lugar propio en los anales comerciales. La guerra arancelaria abierta por el regresado presidente de Estados Unidos, Donald J. Trump, contra el resto del mundo ha trastocado todo lo relativo a importaciones y exportaciones. Aunque su impacto de momento no se percibe en el comercio bilateral, como muestran las cifras que publica este viernes Eurostat. Esta muestra que la subida de aranceles a las exportaciones europeas a través del Atlántico no las ha frenado: a finales de año, de hecho, han aumentado. El flujo también ha aumentado en sentido contrario, y el saldo final apenas ha variado. Hay un ligero aumento hacia los 199. 930 millones de euros, suficiente para batir el récord de 2024 (la serie comienza en 2002), al menos según los datos europeos. Pero ese frente de la guerra comercial, que aún no había terminado, se volvió especialmente crudo entre las dos grandes potencias mundiales, China y Estados Unidos. Los aranceles aumentaron hasta niveles que iban a prohibir de paso los intercambios bilaterales. China, una economía construida para exportar, necesitaba encontrar otros mercados para vender sus productos: cuando Estados Unidos cierra, no hay otro mercado como el europeo si se buscan consumidores con alto poder adquisitivo. Las cifras agregadas de la Oficina Europea de Estadística ofrecen claros síntomas de que el flujo de productos de la alta potencia manufacturera asiática hacia la UE se ha intensificado. Las compras han alcanzado los 56. 000 millones (sólo superarán los 630. 000 en 2022). En los últimos 10 años, las importaciones europeas procedentes de China se han duplicado. La tendencia de fondo es constante. Esta es la reacción que se observa en las instituciones europeas y en muchos gobiernos de los Estados miembros: hace un par de años fue la investigación sobre los coches eléctricos la que concluyó con la constatación de que las ayudas públicas de Pekín a sus fabricantes distorsionaban el mercado. Ahora se ultima una norma que restringirá las inversiones chinas en sectores industriales estratégicos de la UE y, además, les exigirá transferir tecnología y conocimientos, como ha avanzado el país esta semana, también se buscan mecanismos para que determinadas cadenas de valor incluyan componentes fabricados en Europa o por socios comerciales que no actúen de forma desleal. Sin embargo, la pérdida de competitividad europea no tiene el mismo impacto en el resto del mundo que en China -y en Estados Unidos cuando se trata de servicios de alta tecnología-. Y eso se ve en el saldo positivo añadido o en el desglose por sectores. En términos de importación de materias primas y combustibles energéticos esenciales (petróleo, gas, uranio, plutonio), Europa es muy débil. Y por tanto, ambos componentes se mantienen en la balanza comercial frente a productos químicos, vehículos de todo tipo y sus componentes, maquinaria y agroalimentación.
