La economía española avanza con el piloto automático puesto. Su desempeño, por encima de sus grandes aliados europeos, ya ha dejado de ser una agradable sorpresa para convertirse en un admirable ejemplo. Las previsiones de primavera del Fondo Monetario Internacional (FMI) sólo muestran el avance de una economía que hace una década estaba entre las últimas de la clase de la UE y ahora aparece como una alumna aventajada. Pero no todo son buenas notas. La economía española tiene aún una larga lista de tareas pendientes, como muestran las proyecciones del FMI. Seguir leyendo.
El Fondo cree que España ha aparcado el saneamiento de las cuentas y la deuda no bajará del 90% del PIB a finales de la década
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La economía española avanza con el piloto automático puesto. Por encima de sus grandes aliados europeos, su actuación ya ha dejado de ser una agradable sorpresa para convertirse en un ejemplo encomiable. Las previsiones de primavera del Fondo Monetario Internacional (FMI) sólo muestran el avance de una economía que hace una década estaba entre las últimas de la clase de la UE y ahora aparece como una alumna aventajada. Pero no todo son buenas notas. La economía española aún tiene una larga lista de tareas pendientes, como muestran las proyecciones del FMI. Más información. El Fondo prevé que España crezca un 2. 1% este año, lo que supone una ralentización respecto al 2. 8% del año pasado, lo que se explica por el fin de los fondos europeos y las medidas de apoyo fiscal que desplegó el Gobierno para hacer frente a la guerra de Ucrania, la crisis inflacionista y las consecuencias de la guerra de Irán. Aunque hacer predicciones a corto plazo ya es arriesgado, y a casi un año vista se trata de un juego de azar, los economistas del FMI creen que la actividad se enfriará gradualmente hasta reducir su rendimiento en un magro 1. 7% a partir del año próximo. Y eso que el organismo multilateral calcula un impacto limitado de la guerra de Irán en España, siempre, eso sí, que las cosas no empeoren sustancialmente. Espera que la incipiente crisis energética no afecte demasiado a los precios e inicie una espiral inflacionista. Para ello, espera que el IPC repunte hasta el 3% este año para bajar al 2. 1% el próximo. . Las mejoras del crecimiento potencial (brecha de producción) parecen diluirse también a partir del próximo año, a medida que se agoten los efectos de las últimas reformas del Gobierno. En los dos últimos años apenas ha sido capaz de sacar adelante algunas leyes importantes para seguir modernizando una economía, que aún vive de las rentas de la pasada legislatura, cuando la reforma laboral, la energética, las pensiones, etc. . . . . Sanear las cuentas públicas. Aunque el Ejecutivo ha hecho un extraordinario ejercicio de saneamiento de las cuentas públicas, ha conseguido reducir el déficit del 10% en el año de la pandemia al 2. 4 por ciento del PIB en 2025, la cifra más baja en casi 20 años. Es el mayor ejercicio de consolidación fiscal en un periodo de tiempo más corto de la democracia, pero según las previsiones del Fondo el esfuerzo ha terminado porque las previsiones apuntan a que el déficit público sólo variará en los próximos años en ausencia de nuevas reformas. Y que la deuda pública sigue en niveles demasiado elevados. El organismo con sede en Washington señala que la deuda pública cerró el año pasado en 100. 4% del PIB, pero a partir de ahora, estima, la tasa de endeudamiento será menor. De modo que si no estalla otra crisis, no podrá bajar del 90% en 2031 y el Gobierno tendrá que recurrir a relanzar los recursos públicos para aliviar el golpe. Los organismos supervisores nacionales e internacionales ven con preocupación que el Ejecutivo no haya aprovechado estos últimos años de fuerte crecimiento para tener hecho un colchón para cuando vengan mal dadas. Aunque ha hecho sus deberes en materia fiscal, ha dejado margen para notarlo mejor. La estrategia del Gobierno de Pedro Sánchez para abordar la consolidación fiscal necesaria tras la pandemia queda clara con un vistazo a los datos macroeconómicos recogidos por el Fondo. Ha aprovechado los extraordinarios rendimientos del crecimiento económico para sanear las cuentas al tiempo que cambiaba la estructura del gasto público tras años de recortes del anterior Gobierno del PP para hacer frente a la crisis financiera. Más gasto y más recaudación. El Ejecutivo de Sánchez ha elevado el nivel de gasto público para construir el llamado escudo social. Ha pasado de gastar en el conjunto de las administraciones públicas en el entorno del 41% del PIB en 2018, cuando llegó al poder, a una media del 45% del PIB. Los cálculos del Fondo es que se mantendrán en niveles similares hasta el final de la década. Por el contrario, los ingresos han pasado del 37% de hace ocho años a cerca del 42%. El organismo presidido por la búlgara Kristalina Georgieva prevé que aumente hasta el 43% al final de la década. El Fondo también hace cálculos sobre el empleo. Estima que a finales de 2027 habrá casi 23 millones de personas trabajando en España. La reforma laboral de 2022 ha cambiado la dinámica del empleo en España. Desde su adopción se han creado más de tres millones de puestos de trabajo. Hay más empleo, pero el mismo desempleo. Sin embargo, se enfrenta a uno de los obstáculos estructurales. Durante la campaña electoral de hace tres años, el presidente del Gobierno se comprometió a reducir la tasa de paro por debajo del 8% al final de la legislatura. Según los datos del FMI, no parece que vaya a hacerlo, ya que la institución financiera prevé que el desempleo sólo baje al 10% en los próximos años. Y que al final de la década estima que España tendrá una población de más de 52 millones de personas. . Otra de las desventajas señaladas por el Fondo es el bajo nivel de inversión. Considera que sólo superará el 21% del PIB a lo largo de la década, un nivel insuficiente dados los retos en materia de energía y transición tecnológica que debe afrontar el país.
