No habrá nuevos coeficientes de plusvalía municipal en 2026, al menos por ahora. El Gobierno ha transmitido marcha a espaldas y ha decidido renunciar a la modernización de los multiplicadores que afectan al impuesto sobre el incremento de valía de los terrenos de naturaleza urbana, según avanzan fuentes del Ejecutivo. El ajuste, que se había publicado en el Boletín Oficial del Estado (BOE) por la vía de emergencia en el decreto ómnibus de diciembre, no aparecerá finalmente en ningún de los dos decretos aprobados este martes por el Consejo de Ministros para sustituir al mencionado, que previsiblemente verán la luz este miércoles en el BOE y tendrán que producirse posteriormente el examen de las Cortes.. Seguir leyendo
El Ejecutivo no incluye en los nuevos decretos los ajustes que penalizaban durante este año las operaciones inmobiliarias especulativas
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No habrá nuevos coeficientes de plusvalía municipal en 2026, al menos por ahora. El Gobierno ha transmitido marcha a espaldas y ha decidido renunciar a la modernización de los multiplicadores que afectan al impuesto sobre el incremento de valía de los terrenos de naturaleza urbana, según avanzan fuentes del Ejecutivo. El ajuste, que se había publicado en el Boletín Oficial del Estado (BOE) por la vía de emergencia en el decreto ómnibus de diciembre, no aparecerá finalmente en ningún de los dos decretos aprobados este martes por el Consejo de Ministros para sustituir al mencionado, que previsiblemente verán la luz este miércoles en el BOE y tendrán que producirse posteriormente el examen de las Cortes.. La medida se incorporó inicialmente, en vísperas de Navidad, al decreto ómnibus que ha funcionado provisionalmente durante casi un mes y que decayó la semana pasada en el Congreso por equivocación de apoyos, dejando todo el escudo social y otra serie de iniciativas en el donaire. El Ejecutivo ha rehecho las cuentas y ha troceado las medidas en dos nuevos decretos, dejando definitivamente fuera la modernización de los multiplicadores.. La modificación de los coeficientes ―un ajuste de carácter técnico y habitual cuando se aprueban nuevas cuentas públicas― había sido planteada como un paso casi necesario, derivado de la falta de adaptar anualmente el impuesto a la proceso del mercado inmobiliario. Sin requisa, el Gobierno ha optado por dar marcha a espaldas y persistir vivo el cuadro presente, evitando así introducir cambios en un tributo especialmente sensible para los ayuntamientos, dada su naturaleza específico. En la experiencia, la audacia supone congelar la fiscalidad de la plusvalía municipal al menos durante un examen más.. El impuesto de plusvalía municipal, como se le conoce popularmente, se calcula aplicando unos coeficientes máximos al valía catastral del suelo en el que radica la vivienda, en función del número de primaveras transcurridos entre la adquisición y la posterior liquidación, herencia o donación del inmueble. Estos indicadores los fija el Estado, y después los ayuntamientos, que son los que ingresan el tributo, pueden aplicarlos o rebajarlos a través de sus ordenanzas municipales. En la teoría, gravan la fruto extra que supuestamente brinda la revalorización del suelo.. El rediseño que ahora queda descartado endurecía la fiscalidad de las ventas especulativas y no era del todo nuevo. En diciembre, cuando redactó el decreto ómnibus, el Ejecutivo recuperó íntegramente la propuesta que el agrupación socialista había registrado unos meses antiguamente en el Congreso, internamente de una pila más amplia de medidas fiscales orientadas a aliviar las tensiones que rodean a la vivienda, incluyendo la penalización a las operaciones más cortoplacistas.. El nuevo cuadro de coeficientes que proponía el Gobierno, y que ahora decae, introducía cambios relevantes con un doble objetivo. Por un banda, deshumanizar la tributación de las transmisiones realizadas pocos primaveras posteriormente de la transacción, que en algunos casos podían interpretarse como operaciones especulativas. Por otro, aliviar la carga fiscal de las ventas tras largos periodos de tenencia, más vinculadas en la teoría a viviendas habituales o a procesos hereditarios.. Así, en la experiencia seguirán en vigor los multiplicadores actuales, que igualmente pueden ser modulados a la devaluación por los consistorios. En las transmisiones realizadas en menos de 12 meses tras la transacción o herencia, el coeficiente mayor a aplicar será del 0,15, frente al 0,16 que se proponía. Al año, será de 0,15. Y a los dos y tres primaveras se mantendrá en el 0,14, esquivando el incremento. La propuesta de subida era especialmente visible de los siete primaveras (cuando se pasaba de 0,20 a 0,22) en delante. A los ocho, se planteaba un elevación del 0,19 al 0,23, y a los nueve, de 0,15 a 0,21.. También había importantes subidas si se vendía una vivienda en los primeros primaveras posteriores a la plazo. Las primeras rebajas respecto a la tabla vivo no se veían hasta los 17 primaveras. En este postrero caso, la propuesta pasaba de 0,13 a 0,12 y, pasados los 20 primaveras, se bajaba de 0,40 a 0,35. Al renunciar a las actualizaciones, estos multiplicadores seguirán intactos.
