El nuevo año ha comenzado con un hito ambiguo en la historia reciente de la fiscalidad internacional. La adopción oficial de una nueva versión del impuesto mínimo del 15% para las grandes multinacionales fue anunciada el lunes como una «decisión histórica» por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) como una «decisión histórica». El amplio consenso alcanzado -la revisión fue firmada por más de 145 países y jurisdicciones del llamado Marco Inclusivo OCDE-G20- ha sido presentado por la institución como una muestra de cooperación reforzada en un momento de crecientes tensiones internacionales, pero lo cierto es que descafeina la propuesta inicial: exime del impuesto a las corporaciones más poderosas del mundo, y por carambola deja en desventaja competitiva a la UE, que ya convirtió la primera versión del tributo en norma vinculante para sus socios. Seguir leyendo
La revisión de la propuesta inicial de la OCDE, que exime del pago del tributo a las empresas estadounidenses, es una iniciativa mundial
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El nuevo año ha comenzado con un hito ambiguo en la historia reciente de la fiscalidad internacional. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) anunció el lunes como «decisión histórica» la adopción formal de una nueva versión del impuesto mínimo del 15% para las grandes multinacionales. El amplio consenso alcanzado -la revisión fue firmada por más de 145 países y jurisdicciones del llamado Marco Inclusivo OCDE-G20- ha sido presentado por la institución como una muestra de mayor cooperación en un momento de crecientes tensiones internacionales, pero lo cierto es que descafeina la propuesta inicial: exime del impuesto a las corporaciones más poderosas del mundo, y por carambola deja en desventaja competitiva a la UE, que ya convirtió la primera versión del tributo en norma vinculante para sus socios. Un sistema paralelo denominado «side-by-side», en español, que reconoce la coexistencia de regímenes nacionales mínimos de tributación de las empresas con el marco que la OCDE promovió en 2021, constituye la base del nuevo acuerdo. La revisión permite a las jurisdicciones con regímenes fiscales mínimos que respetan ciertas condiciones, calificadas según las normas del organismo multilateral, seguir aplicando sus propias normas en lugar de beneficiarse plenamente de la arquitectura internacional. Para sorpresa de cualquiera, el único país que hoy cumple estos requisitos es Estados Unidos, el mismo que forzó el cambio bajo la administración de Donald Trump. Cuando regresó a la Casa Blanca el año pasado, el magnate rechazó por completo el impuesto mínimo a las multinacionales -iniciativa conocida técnicamente como segundo pilar- argumentando que discriminaba a las empresas estadounidenses y que EEUU ya tenía su propio impuesto mínimo de sociedades, implantado durante su primera legislatura. Su objeción, como de costumbre, no se limitaba a la queja: amenazaba con represalias a los países que impusieran impuestos «extraterritoriales» a los grupos estadounidenses. Esta estrategia de presión y confrontación -típica del presidente estadounidense- ya surtió efecto en el G-7, que el pasado verano acordó eximir a las multinacionales estadounidenses del impuesto mínimo del 15%. Ahora, Washington ha acogido los cambios anunciados por la OCDE como un éxito diplomático y económico. El Secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, afirmó el lunes en un comunicado que el acuerdo «representa una victoria histórica en la preservación de la soberanía de Estados Unidos y la protección de los trabajadores y empresas estadounidenses frente a la extraterritorialidad». Y aprovechó para criticar a la anterior Administración demócrata, que impulsó inicialmente el trabajo de la OCDE: «Las órdenes ejecutivas del presidente Trump, emitidas desde el primer día, dejaron claro que el acuerdo sobre el segundo pilar de la OCDE propuesto por la Administración Biden no tendría ningún efecto ni validez para Estados Unidos». Sin embargo, no ha habido comentarios oficiales de Bruselas. Ha habido reacciones puntuales como la del comisario de Clima, Wopke Hoekstra, que en la red social X ha calificado el acuerdo de «paso positivo», que «estabiliza el sistema fiscal mundial». Entre los socios del bloque comunitario, Irlanda, uno de los destinos europeos de las grandes multinacionales extranjeras por su atractiva fiscalidad, se ha mostrado favorable a las nuevas normas. El Viceprimer Ministro irlandés, Simon Harris, ha señalado que el acuerdo otorga «certidumbre y estabilidad». «Irlanda se unió al consenso global para acordar un sistema paralelo que reconoce la fortaleza tanto del sistema fiscal estadounidense como del impuesto mínimo global», ha afirmado en un comunicado, en el que recuerda que existe el compromiso de revisar el sistema paralelo en 2029, asegurando que «cualquier riesgo o problema de competitividad que surja se aborde a tiempo». La mención parece referirse a las preocupaciones de otros socios europeos que se mostraron reticentes a la excepción estadounidense durante las negociaciones de revisión. Estonia, Polonia o la República Checa, que votaron en contra del texto del acuerdo en diciembre alegando que la nueva normativa «rinde» problemas de competencia a las empresas europeas, como las llama el Financial Times británico. En total choque pandémico, más de 130 naciones acordaron tener el impuesto mínimo del 15% sobre las grandes multinacionales con un volumen de negocios superior a 750 millones de euros en 2021. El acuerdo pretendía establecer unas reglas del juego comunes para frenar la elusión y evasión fiscal de las grandes empresas y la competencia fiscal entre Estados, y la UE fue la pionera en plasmar el nuevo marco en una directiva. Pero ahora se ha llegado a un acuerdo: no todos los actores están sujetos a las mismas reglas, y los costes administrativos para aplicar el impuesto mínimo sitúan a las multinacionales de la UE en desventaja competitiva frente a sus homólogas estadounidenses, que deben soportar esa carga. Las organizaciones de la sociedad civil y los grupos de reflexión progresistas también han lamentado la pérdida de alcance del nuevo acuerdo. «Es desconcertante que la OCDE no haya publicado cifras cuantitativas sobre el acuerdo que dice haber alcanzado», dijo Alex Cobham, director ejecutivo de la red internacional de investigadores y activistas Tax Justice Network. «Los países de la OCDE, incluidos los de la UE y el Reino Unido, acaban de conceder a Donald Trump su derecho soberano a gravar a las empresas que operan dentro de sus propias fronteras», añadió en un comunicado. El economista francés Gabriel Zucman, uno de los mayores estudiosos de los mecanismos de evasión y elusión del impuesto de sociedades, también ha criticado la revisión del impuesto mínimo. Ha cruzado la línea de la «patética rendición», resultado de un «multilateralismo defectuoso», en un hilo X publicado el martes. «Demuestra que nuestros dirigentes no tienen ningún compromiso con el principio de un impuesto mínimo común ni con el futuro que representa. Prefieren seguir a Trump y ceder a los intereses de los grandes capitales, de los que él es un defensor tan eficaz».
