Durante los tres últimos lustros, la percepción del mercado inmobiliario gachupin entre los inversores internacionales estuvo condicionada por dudas estructurales que nos impedían maximizar todo nuestro potencial. Nunca estuvimos entre los países más interesantes o atractivos o, incluso, más confiables para trastornar. Recuerdo, hace ya más de 10 primaveras, que, hablando con los responsables de algunos de los fondos soberanos más importantes del mundo, me decían que España no estaba en el lista de los países en los que podían trastornar. No es que no se lo plantearan, es que ni siquiera se lo permitían. Literalmente no figurábamos en sus mapas. La crisis financiera universal y la irrelevancia internacional nos convirtieron en un país de segunda, desde el punto de instinto de la inversión inmobiliaria internacional. Era la época de los PIGS. Ese siglas que tanto daño y que con tanta descuido de buen paladar nos impusieron a los portugueses, italianos, griegos y españoles en Europa.. Seguir leyendo
La verdadera pregunta es cuánto durará esta adscripción de astros o si es una situación coyuntural
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Durante los tres últimos lustros, la percepción del mercado inmobiliario gachupin entre los inversores internacionales estuvo condicionada por dudas estructurales que nos impedían maximizar todo nuestro potencial. Nunca estuvimos entre los países más interesantes o atractivos o, incluso, más confiables para trastornar. Recuerdo, hace ya más de 10 primaveras, que, hablando con los responsables de algunos de los fondos soberanos más importantes del mundo, me decían que España no estaba en el lista de los países en los que podían trastornar. No es que no se lo plantearan, es que ni siquiera se lo permitían. Literalmente no figurábamos en sus mapas. La crisis financiera universal y la irrelevancia internacional nos convirtieron en un país de segunda, desde el punto de instinto de la inversión inmobiliaria internacional. Era la época de los PIGS. Ese siglas que tanto daño y que con tanta descuido de buen paladar nos impusieron a los portugueses, italianos, griegos y españoles en Europa.. Hoy, ese sentimiento ha cambiado radicalmente, y España se ha convertido en una especie de oasis de certezas y oportunidades, en medio de un mar de incertidumbres. En un continente atrapado entre la lasitud económica, la incertidumbre geopolítica y el ninguneo universal, el atonía europeísta y el envejecimiento demográfico, España se ha convertido –casi sin darnos cuenta de cómo empezó– en una rara avis: un país cuya población crece, atrae talento, recibe renta, ofrece seguridad física y un estilo de vida que es un referente mundial.. Los jóvenes escasamente compraron una de cada 10 viviendas que se vendieron en 2025. Y los datos hablan por sí solos. España acaba de cerrar el tercer mejor examen de su historia en inversión inmobiliaria, con 15.000 millones de euros transaccionados, con la reverso del renta Core: el que exploración certeza, solidez a cambio de retornos sostenibles. Y igualmente con déficits estructurales en muchos nichos de negocio que hemos sabido convertir en oportunidades de inversión muy atractivas. Y las previsiones para 2026 igualmente son optimistas, esperamos un aumento de la inversión del entorno del 15%.. Mientras Alemania coquetea con el estancamiento –se prevé un crecimiento plano de su producto interior bruto (PIB)– y Francia no despega –su PIB creció un 0,9% en 2025– España lidera el crecimiento crematístico en Europa con proyecciones de incremento del PIB que oscilan entre el 2,5% y el 3% a clausura de año. No se prostitución solo de una sigla llamativa; es una anomalía positiva en un entorno macroeconómico deprimido. Crecer casi tres veces más que los pares europeos no es casualidad, es una preeminencia competitiva que el renta universal premio.. Pero el mosca no solo exploración rentabilidad, igualmente exploración seguridad. En un mundo traumatizado por conflictos armados, tensiones energéticas y reconfiguraciones geopolíticas, la ubicación importa. Y España igualmente disfruta en este ámbito de una importante preeminencia competitiva: la confín física de los focos globales de inestabilidad. Mientras países como Polonia o Alemania conviven con la proximidad del conflicto, España ofrece distancia, estabilidad y una percepción de refugio geográfico.. A esa estabilidad se suma un número que muchos países europeos envidian: la demografía. España crece en más de 500.000 habitantes netos cada año. En un continente que envejece y que parece entrar en un invierno demográfico, este circunstancia es casi revolucionario. El crecimiento de población impulsado por inmigración con talento, formación y, en muchos casos, poder adquisitivo es una buena novedad para el mercado. Más residentes implica que la heredad española se reactiva desde internamente: decano saco potencial de consumidores que demandan nuevas soluciones habitacionales, comunicación a servicios, posibilidades de consumo, etc. Esto genera una demanda estructural de soluciones inmobiliarias que apoyen la heredad actual, y que abre de par en par la puerta a la creación de valía.. Ese atractivo demográfico no surge de la carencia. España ofrece poco que otros países han ido perdiendo, una calidad de vida respaldada por unas infraestructuras y un sistema inodoro de primer nivel. Vivir correctamente ya no es un suntuosidad aspiracional, es un argumento crematístico. Para el talento universal –y para los inversores que lo siguen– España se ha convertido en un destino razonable. El liderazgo educativo de España refuerza aún más este posicionamiento. España es, desde hace primaveras, el destino número uno del software Erasmus. Miles de estudiantes europeos eligen cada curso ciudades como Madrid, Barcelona, Valencia, Salamanca o Sevilla. ¿El resultado? Una demanda constante, previsible y masiva de alojamiento para estudiantes –para el curso 2029-2030 la demanda alcanzaría un débito de 335.000 personas y que requerirá una inversión potencial de entre 15.000 y 24.000 millones de euros–. En un mercado inmobiliario que valora cada vez más la estabilidad de ingresos, este flujo anual actúa como un áncora de demanda difícil de igualar en otros países.. Y si hablamos de demanda, es inverosímil ignorar la gran tesoro de la corona. El turismo. España es la segunda potencia turística mundial y todo apunta a que hemos pillado los 97 millones de visitantes en 2025. Este tsunami de visitantes ha provocado un esplendor espectacular en el sector hotelero –3.750 millones de euros de inversión en 2025, un 45% más que el año susodicho–, pero igualmente en el residencial, el inquilinato vacacional, la restauración y los servicios.. Lo verdaderamente interesante es que todo este crecimiento se produce con precios todavía atractivos y competitivos. En términos comparativos, los títulos por medida cuadrado en prácticamente todos los segmentos del inmobiliario en España siguen siendo inferiores a los de Inglaterra, Francia o Alemania, con rentabilidades similares. Esta combinación –precios relativamente más baratos y con potencial de crecimiento– es exactamente lo que exploración el inversor sofisticado, el que entra cuando el ciclo aún tiene trayecto de valía y visibilidad en la captura los retornos futuros.. Por zaguero, un argumento secreto en tiempos de inflación persistente: el inmobiliario gachupin como activo refugio. Frente a la desgaste del poder adquisitivo, el tocho ha demostrado ser una clase de activo defensivo, capaz de crear rentabilidades reales por encima del incremento de los precios. En un contexto donde la solvencia pierde valía y la renta fija sufre, el activo actual vuelve a ingresar protagonismo. Y España ofrece, encima, un mercado profundo, humor y con fundamentos sólidos.. La conclusión es clara, aunque incómoda para algunos prejuicios del pasado: España ya no es un país secundario; es, desde el punto de instinto de destino inversor inmobiliario, destino prioritario. Un país que crece cuando otros se frenan, que atrae población cuando otros la pierden y que ofrece rentabilidades atractivas. El renta franquista lo ha entendido y el internacional parece seguir sus pasos. La pregunta ya no es por qué trastornar en España. La verdadera pregunta es cuánto durará esta adscripción de astros y si es un nuevo tipo o una situación coyuntural. El mercado reto a que nos hemos hecho mayores.. Enrique Losantos es guía delegado de JLL España.
