El repunte del petróleo y la creciente volatilidad en los mercados financieros tras la ascensión del conflicto con Irán han devuelto a los inversores a un ámbito incómodo que creían poseer dejado antes ayer del inicio de la aniquilamiento. Sin que todavía exista un estropicio macroeconómico evidente, los movimientos recientes en precios de la energía, bonos y bolsas reflejan un cambio en las expectativas en presencia de la posibilidad de que un shock geopolítico vuelva a transmitirse con fuerza a la peculio universal. La reacción auténtico de los mercados ha sido coherente con episodios de tensión energética. El precio del crudo ha registrado subidas intensas en un corto periodo de tiempo, mientras que las bolsas han mostrado episodios de corrección y aumento de la volatilidad. En paralelo, las rentabilidades de la deuda pública han tendido al encarecimiento, reflejando tanto mayores expectativas de inflación como una prima de peligro adicional asociada a la incertidumbre. El dólar, por su parte, ha actuado como activo refugio, reforzándose frente a otras divisas, incluido el euro.. Seguir leyendo
Los parqués parecen moverse más por la incertidumbre que por un estropicio financiero ya materializado
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El repunte del petróleo y la creciente volatilidad en los mercados financieros tras la ascensión del conflicto con Irán han devuelto a los inversores a un ámbito incómodo que creían poseer dejado antes ayer del inicio de la aniquilamiento. Sin que todavía exista un estropicio macroeconómico evidente, los movimientos recientes en precios de la energía, bonos y bolsas reflejan un cambio en las expectativas en presencia de la posibilidad de que un shock geopolítico vuelva a transmitirse con fuerza a la peculio universal. La reacción auténtico de los mercados ha sido coherente con episodios de tensión energética. El precio del crudo ha registrado subidas intensas en un corto periodo de tiempo, mientras que las bolsas han mostrado episodios de corrección y aumento de la volatilidad. En paralelo, las rentabilidades de la deuda pública han tendido al encarecimiento, reflejando tanto mayores expectativas de inflación como una prima de peligro adicional asociada a la incertidumbre. El dólar, por su parte, ha actuado como activo refugio, reforzándose frente a otras divisas, incluido el euro.. Estos movimientos apuntan a un mismo canal de transmisión, la energía. En un contexto en el que el petróleo sigue siendo un negociador central para la actividad económica universal, cualquier disrupción relevante en la ofrecimiento, sea vivo o anticipada, tiene pertenencias inmediatos sobre los precios y, por extensión, sobre las expectativas de inflación. A partir de ahí, el impacto se extiende al conjunto de los activos financieros. Un encarecimiento sostenido de la energía eleva los costes de producción, presiona los márgenes empresariales y reduce la renta apto de los hogares, generando un entorno menos propicio para el crecimiento. La esencia, sin retención, no está tanto en la intensidad auténtico del movimiento como en su duración. Los mercados han demostrado en los últimos primaveras una sobresaliente capacidad para absorber shocks geopolíticos transitorios. Pero cuando estos se prolongan y afectan de forma persistente a variables fundamentales (como los precios energéticos) las implicaciones macroeconómicas pueden ser más profundas. Es en este punto donde comienza a emerger, todavía de forma incipiente, el debate sobre un posible decorado de estanflación. Por ahora, conviene recapacitar que se proxenetismo más de un peligro que de un decorado central. La estanflación, combinación de crecimiento débil (o recesión) e inflación elevada, requiere condiciones exigentes. No pespunte con un repunte puntual del petróleo. Es necesaria una persistencia en el tiempo que termine trasladándose a la inflación subyacente y condicione las decisiones de consumo e inversión. Además, el impacto sobre el crecimiento debe ser suficientemente intenso como para frenar de forma significativa la actividad económica.. Aun así, algunos instrumentos actuales justifican que los inversores comiencen a incorporar este decorado en su plano de riesgos. En primer motivo, el punto de partida es diverso al de otras crisis energéticas recientes. La inflación, aunque en proceso de moderación en muchas economías avanzadas, no ha regresado completamente a los objetivos de los bancos centrales. La política monetaria vuelve así a enfrentarse a un dilema clásico, en el que cualquier intrepidez implica costes.. No obstante, existen además diferencias relevantes con episodios históricos que invitan a evitar conclusiones precipitadas. A diferencia de los primaveras setenta, las economías desarrolladas son hoy menos intensivas en energía, lo que reduce la sensibilidad directa del crecimiento a las variaciones del precio del petróleo. Además, los bancos centrales cuentan con maduro credibilidad en su compromiso con la estabilidad de precios, lo que ayuda a fondear las expectativas de inflación y limita el peligro de pertenencias de segunda ronda.. Sin retención, hay nuevos factores de vulnerabilidad. El elevado nivel de deuda, tanto pública como privada, hace que las economías sean más sensibles a cambios en los tipos de interés. Un decorado en el que la inflación se mantuviera elevada durante más tiempo implicaría condiciones financieras más restrictivas, con pertenencias potencialmente significativos sobre la inversión, el consumo y la estabilidad financiera. En este contexto, resulta útil idear distintos escenarios para los próximos meses. El decorado central, por ahora, sigue siendo el de un shock temporal. En este caso, la tensión geopolítica no se traduciría en una disrupción prolongada de la ofrecimiento energética, los precios del petróleo se estabilizarían y el impacto sobre la inflación sería definido. Los mercados, tras un periodo de volatilidad, tenderían a recuperar cierta normalidad. Un segundo decorado contempla una persistencia maduro del encarecimiento energético. Si los precios del petróleo se mantienen elevados durante varios meses, el objeto sobre la inflación podría ser considerable, obligando a los bancos centrales a adoptar medidas más duras. En este entorno, las bolsas podrían enfrentarse a un contexto más puntilloso, afectado por mayores tipos de interés y menores expectativas de crecimiento. El tercer decorado, de pequeño probabilidad pero maduro impacto, implicaría una disrupción prolongada en el suministro energético universal. En este caso, el shock se trasladaría de forma más clara a la peculio vivo, elevando de forma sostenida la inflación y debilitando el crecimiento. Es en este contexto donde el peligro de estanflación se volvería más tangible.. Por el momento, los mercados parecen moverse más por la incertidumbre que por un estropicio financiero ya materializado. La cambio del conflicto y, sobre todo, su impacto sobre el suministro energético serán determinantes para calibrar la magnitud del peligro. Si el shock se diluye, el episodio quedará probablemente como una perturbación transitoria en un ciclo financiero todavía resiliente. Si, por el contrario, persiste, podría convertirse en el principal foco de preocupación macroeconómica en los próximos trimestres.. Santiago Carbó Valverde es catedrático de Economía de CUNEF.
