Con gran parte de la atención internacional centrada en Oriente Medio, y con la duración y el alcance económico del conflicto aún por definir, se ha convertido en un ejercicio de incertidumbre. En este contexto volátil, España mantiene el tipo: la actividad resiste más que la de sus vecinos y el país ha registrado el mejor arranque de año entre las grandes economías europeas. No obstante, Fitch opta por la prudencia y reafirma la calificación en ‘ A’, con perspectiva estable. La agencia considera que, pese al buen tono de los indicadores, aún no hay suficiente visibilidad para revisar la nota. Seguir leyendo
La organización sitúa la nota en «A» con una perspectiva estable y menciona la escasez de vivienda como uno de los principales defectos.
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Con gran parte de la atención internacional centrada en Oriente Medio, y con la duración y el alcance económico del conflicto aún por definir, éste se ha convertido en un ejercicio de incertidumbre. En este contexto volátil, España mantiene el tipo: la actividad resiste más que la de sus vecinos y el país ha registrado el mejor arranque de año entre las grandes economías europeas. No obstante, Fitch opta por la prudencia y reafirma la calificación A, con perspectiva estable. La agencia considera que, pese al buen tono de los indicadores, aún no hay suficiente visibilidad para revisar la nota. La decisión llega después de un 2025 en el que las tres grandes agencias -S & amp, P Global Ratings, Fitch Ratings y Moody’s- reconocieron los avances económicos del país y devolvieron a España el rating perdido en 2012, en plena crisis de deuda que golpeó con especial intensidad a la periferia europea. Al margen de la inestabilidad internacional, que añade ruido a cualquier valoración, el hecho de que Fitch mantuviera la perspectiva estable ya anticipaba que la revisión de este viernes no depararía sorpresas. Antes de cambiar una calificación, las agencias suelen mover primero la perspectiva, lo que actúa como señal del rumbo esperado. En caso de mejora, es habitual que este paso vaya precedido durante un tiempo de una perspectiva positiva. La calificadora valora el comportamiento de la economía española y prevé que la tendencia continúe. «2025 marcó otro año sólido para la economía española, con un crecimiento del PIB real del 2. 8%, el doble de la media de la zona euro (1. 4%). Proyectamos un crecimiento del 2. 5% para el conjunto de 2026, de nuevo muy por encima del 1. 3% previsto para la zona del euro», dijo en una nota. El organismo también destaca los esfuerzos para garantizar la responsabilidad fiscal. Una vez reducido el déficit por debajo del tope del 3% fijado por la normativa europea, el mayor impulso de la actividad permitiría avanzar un 2, 4% a finales de año, una décima menos que el año pasado. Además, según Fitch, la relación entre la deuda pública y el PIB (100, 8% al cierre de 2025) caerá por debajo del 100% en los próximos meses, un mínimo no visto desde antes de la pandemia. Según ellos, «en ausencia de nuevos presupuestos desde 2023, las presiones de gasto se mantienen gracias a los límites de gasto y a la adopción por el Parlamento de medidas adicionales ley por ley durante todo el año. » La agencia añade que la retirada progresiva de las ayudas a la reconstrucción por la dana y la regularización de 500, 000 emigrantes contribuyen a compensar, a corto plazo, las presiones fiscales derivadas del aumento del gasto en pensiones en 2026, las ayudas temporales por inundaciones en Andalucía y Extremadura y las subidas salariales del sector público a partir de 2027. Pero no todo son alabanzas. El organismo acompaña su valoración con un tirón de orejas al Gobierno por la dificultad para aprobar nuevos presupuestos. «Cada vez nos parece menos probable que se aprueben nuevos presupuestos antes de las elecciones de 2027 debido a la persistente fragmentación parlamentaria», afirma. En su opinión, a pesar de los buenos resultados de los últimos años, la falta de una agenda fiscal formal limita la aplicación de reformas estructurales y genera incertidumbre sobre la capacidad de absorber futuras presiones de gasto cuando el crecimiento de los ingresos es moderado. El aumento de la recaudación fiscal y los registros de empleo fueron dos de las palancas que permitieron al Tesoro recortar la emisión de deuda pública en 5. 000 millones el año pasado. Además de la fragmentación política, el organismo señala la escasez de vivienda como una de las principales vulnerabilidades y una fuente creciente de presión para los hogares. «El rápido aumento del precio de la vivienda está incrementando los problemas de accesibilidad. Los precios inmobiliarios han subido cerca de un 47% desde 2020», afirma. A diferencia del boom inmobiliario previo a la crisis financiera -cuando se construyeron demasiadas viviendas y se relajaron las normas crediticias-, el problema actual es otro: la falta de oferta. «Los criterios de crédito se han mantenido fuertes y la deuda de los hogares sigue reduciéndose», añade la agencia. Hace seis meses, las agencias concedieron un reconocimiento explícito a algunos avances que el mercado ya había descontado. Aunque las calificadoras habían optado por la cautela, el coste exigido por los inversores para financiar a España era desde hacía tiempo inferior al de países como Francia, aunque seguía teniendo una nota más alta. Estas diferencias se han reducido hoy. Según Fitch, España mantiene una calificación A, por debajo de la A+ francesa, mientras que S&A, P Global sitúa a ambas en A+. La diferencia entre los bonos españoles y alemanes es de unos 51 puntos básicos, frente a los 69 franceses, pero las primas de riesgo siguen reflejando diferencias. La próxima oportunidad para que las agencias revisen la nota de España llegará el 11 de septiembre, cuando S & amp, P Global, Fitch y Scope vuelvan a analizar la solvencia del país. Antes, el 17 de julio, será el turno de Moody’s. . A la espera de estas citas en el calendario, la economía española navegará entre la solidez de los datos y las sombras de un entorno internacional conflictivo. Las agencias tomarán entonces su decisión. Hasta ese momento, el país permanecerá bajo un escrutinio silencioso, en el que cada décima de crecimiento y cada punto de deuda pesan más de lo que parece.
