El comienzo de 2026 trae consigo una sensación incómoda: las relaciones mundiales experimentan un choque estructural mientras que los mercados financieros actúan como si nada fundamental estuviera cambiando. La geopolítica toma ahora la delantera, dejando de lado a la macroeconomía y haciendo cada vez más difícil para los inversores conciliar riesgos y precios de mercado. En las próximas semanas, se desarrollará una secuencia de episodios que, en conjunto, indican que estamos entrando en una fase experimental de política exterior, caracterizada por pruebas y errores, ensayos de límites, calibración de reacciones y refinamiento de ambiciones. Lecturas complementarias
Los precios del riesgo suelen ajustarse bruscamente cuando el ajuste se retrasa.
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El comienzo de 2026 trae consigo una sensación incómoda: las relaciones mundiales experimentan un choque estructural mientras que los mercados financieros actúan como si nada fundamental estuviera cambiando. La geopolítica lidera ahora el barco, dejando a un lado la macroeconomía y obligando a los inversores a enfrentarse a un creciente desajuste entre los riesgos y los precios de mercado. En las próximas semanas se desarrollará una secuencia de acontecimientos que, en conjunto, marcarán nuestra entrada en una fase experimental de la política exterior, marcada por pruebas y errores, pruebas de umbral, calibración de la respuesta y ajuste de la ambición. Se utiliza la coerción reversible en la diplomacia, se activan y desactivan las palancas (sanciones, despliegues navales, reconocimiento político, presiones migratorias, control de corredores logísticos), se llevan a cabo ataques selectivos y, lo que es más importante, se determina el coste real de romper líneas que antes se consideraban intocables. Este enfoque tiene implicaciones de largo alcance, ya que cambia el centro de gravedad del orden internacional del «consenso» a la «tolerancia», marcando un cambio de tendencia en el que se normaliza el excepcionalismo. El abanico de posibilidades «asequibles» se amplía en esta situación. La probabilidad de que se produzcan sucesos secundarios está aumentando. Un macrorritmo global notablemente estable se encuentra en medio de esto. La economía estadounidense sigue expandiéndose a buen ritmo, con un mercado laboral que se suaviza y que evita generar desempleo, mientras que la inflación -aunque se relaja poco a poco- sigue moderándose. Sin embargo, la política económica empieza a contaminar el diagnóstico.
