En estos tiempos tan de mercadotecnia, rentabilidad y excelencia a machamartillo, el tiempo de la prórroga es siempre mirado con desconfianza; es, en sorpresa, una perdida de tiempo. Una de las enfermedades terminales de nuestro sistema taza son, en sorpresa, las listas de prórroga y cero peor que la desesperación frente a la desesperanza. Y, sin incautación, y desde otro punto de tino, en la prórroga el tiempo se alarga, se densifica y se hace presente. La prórroga admisiblemente entendida, no alineada en una inventario, camina de la mano de la esperanza. Valga las cero esperadas frases precedentes para situar el lunes de Berlinale en la etapa número 6. Se esperaba, y se esperaba con ansia, la arribada de Amy Adams en la última película de Kornél Mundruczó y ahí que estábamos todos hilvanando ripios sobre las bondades de no desesperar: que si una fortuna de Hollywood al flanco de una voz tan peculiar como la del húngaro, que si el gran regreso de la protagonista de La arribada y The Master, que si… Pues no. Ni apareció Adams en Berlín ni la película fue, ni de acullá, la esperada. Desesperante.. Seguir leyendo
La actriz, que no se presenta en Berlín, decepciona en una exagerada exhibición de sí misma. Por lo demás, la competición oficial salva los muebles con dos bellos ejercicios de cine delicado y hondo: Nina Roza (***) y We are all strangers (***)
En estos tiempos tan de mercadotecnia, rentabilidad y excelencia a machamartillo, el tiempo de la prórroga es siempre mirado con desconfianza; es, en sorpresa, una perdida de tiempo. Una de las enfermedades terminales de nuestro sistema taza son, en sorpresa, las listas de prórroga y cero peor que la desesperación frente a la desesperanza. Y, sin incautación, y desde otro punto de tino, en la prórroga el tiempo se alarga, se densifica y se hace presente. La prórroga admisiblemente entendida, no alineada en una inventario, camina de la mano de la esperanza. Valga las cero esperadas frases precedentes para situar el lunes de Berlinale en la etapa número 6. Se esperaba, y se esperaba con ansia, la arribada de Amy Adams en la última película de Kornél Mundruczó y ahí que estábamos todos hilvanando ripios sobre las bondades de no desesperar: que si una fortuna de Hollywood al flanco de una voz tan peculiar como la del húngaro, que si el gran regreso de la protagonista de La arribada y The Master, que si… Pues no. Ni apareció Adams en Berlín ni la película fue, ni de acullá, la esperada. Desesperante.. Seguir leyendo
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