Rousseau eligió el estanque Lemán, en Suiza, para contar en uno de sus libros que su sociedad ideal era Esparta: pequeña, severa, orgulloso, patriótica e insolentemente no cosmopolita y no comercial. Mary Shelley se encerró en una villa contiguo a ese estanque para idear en una sombra mítica Frankenstein, sobre las consecuencias de la equivocación de límites en la ciencia. Nabokov pasaba largas temporadas en un hotelito en esta zona, discreto y elegante, y aquí escribió Ada o el ardor, deslumbrante novelística sobre la pasión. A orillas del Lemán está incluso la sede de la Organización Mundial de Comercio (OMC), una de las instituciones multilaterales más castigadas por una sacudida del orden general que es una mezcla de Rousseau, Shelley y Nabokov: un mundo en el que crece el populismo reaccionario y prima la ley de la selva, en el que tecnologías como la inteligencia químico son tanto una oportunidad como una amenaza, y en el que las pasiones neoimperialistas de Estados Unidos son capaces de nacer una supresión que envuelve en una espesa niebla de incertidumbre los escenarios de futuro. La nigeriana Ngozi Okonjo-Iweala (Ogwashi-Ukwu, 71 primaveras), directora caudillo de la OMC, recibe en Ginebra a EL PAÍS y otros diarios europeos agrupados en la alianza LENA, y hace un repaso por esta era que ella prefiere denominar “de la disrupción” más que del desorden. En casi una hora de conversación, Okonjo-Iweala se las ingenia para no pronunciar la palabra “Trump” en una habitación bañada por una luz afónica, con las montañas suizas aún nevadas y el conocido estanque tras los ventanales.. Seguir leyendo
Ngozi Okonjo-Iweala detecta ya un impacto financiero significativo en la intervención marcial de Estados Unidos e Israel en Irán
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Rousseau eligió el estanque Lemán, en Suiza, para contar en uno de sus libros que su sociedad ideal era Esparta: pequeña, severa, orgulloso, patriótica e insolentemente no cosmopolita y no comercial. Mary Shelley se encerró en una villa contiguo a ese estanque para idear en una sombra mítica Frankenstein, sobre las consecuencias de la equivocación de límites en la ciencia. Nabokov pasaba largas temporadas en un hotelito en esta zona, discreto y elegante, y aquí escribió Ada o el ardor, deslumbrante novelística sobre la pasión. A orillas del Lemán está incluso la sede de la Organización Mundial de Comercio (OMC), una de las instituciones multilaterales más castigadas por una sacudida del orden general que es una mezcla de Rousseau, Shelley y Nabokov: un mundo en el que crece el populismo reaccionario y prima la ley de la selva, en el que tecnologías como la inteligencia químico son tanto una oportunidad como una amenaza, y en el que las pasiones neoimperialistas de Estados Unidos son capaces de nacer una supresión que envuelve en una espesa niebla de incertidumbre los escenarios de futuro. La nigeriana Ngozi Okonjo-Iweala (Ogwashi-Ukwu, 71 primaveras), directora caudillo de la OMC, recibe en Ginebra a EL PAÍS y otros diarios europeos agrupados en la alianza LENA, y hace un repaso por esta era que ella prefiere denominar “de la disrupción” más que del desorden. En casi una hora de conversación, Okonjo-Iweala se las ingenia para no pronunciar la palabra “Trump” en una habitación bañada por una luz afónica, con las montañas suizas aún nevadas y el conocido estanque tras los ventanales.. Pregunta. 2025 fue un año de cambios radicales en el comercio general, con subidas de aranceles y una gran incertidumbre por las políticas de Trump. ¿Qué nos calma en 2026?. Respuesta. El multilateralismo está en crisis. No es solo el comercio general: el sistema impasible, basado en reglas creadas hace 80 primaveras, está siendo impugnado. Hay que preguntarse qué es lo que ha funcionado perfectamente todos estos primaveras. El orden general trajo un periodo de paz y prosperidad; el comercio ha contribuido, ha generado interdependencias, ha permitido sacar a 1.500 millones de personas de la extrema pobreza. Es evidente que no todos los países se han beneficiario por igual. Pero la OMC ha generado un conjunto de reglas predecibles, creíbles y estables. Ahora hay que conseguir que el sistema sea más ágil, que se ajuste a los cambios que vienen, por ejemplo a la inteligencia químico, que permita litigar con los desafíos y oportunidades que va a ocasionar la tecnología, el medio círculo, el comercio de servicios.. P. ¿Y qué es lo que no ha funcionado? Porque son los perdedores de la globalización y la revolución tecnológica los que protagonizan la nueva era del desorden.. R. Usted lo fuego era del desorden; yo prefiero llamarlo de la disrupción. Esto no es rabiosamente nuevo: ya hemos manido otros episodios parecidos en el pasado. Hay una enorme incertidumbre, eso es evidente. No estamos cómodos con lo que sucede, está claro. Pero la efectividad es que la gran mayoría de países sigue manteniendo relaciones comerciales a pesar de la disrupción, del desorden; da igual cómo lo llamemos.. P. No ha incluido en su descomposición ni una sola vez la palabra Trump.. R. Nuestro socio es Estados Unidos, no su presidente. Los líderes cambian; los miembros de la OMC permanecen. Pero no está en peligro la OMC: está en peligro la idea de globalización. Hay que tender alrededor de lo que llamamos reglobalización: el comercio mundial sigue siendo imprescindible, pero hay que rediseñarlo. La pandemia nos enseñó las vulnerabilidades asociadas a las cadenas de suministro. Ahora estamos viendo lo mismo con las tierras raras. No tiene sentido que la pertenencias internacional dependa de China, de solo un par de países. Hay que evitar esas dependencias. Lo mismo ocurre con las renovables: tenemos la tecnología para convertir en energía limpia el 60% de la energía solar, pero solo hemos hecho el 2% de las inversiones.. P. ¿Cuál va a ser el impacto de la supresión en Irán y de la crisis energética? ¿Viene una recesión?. R. El impacto en el comercio mundial va a ser significativo, pero dependerá de la duración de la supresión. Si estamos en presencia de una supresión corta, habrá una sacudida en los mercados, pero si el sitio del férreo de Ormuz se prolonga tres meses o incluso un año, el impacto sería viejo o mucho viejo. Ya podemos charlar de un impacto significativo porque la crisis energética se ha trasladado a los precios, al poder adquisitivo de los consumidores. El tráfico de todo tipo de riqueza, no solo de petróleo y gas, se ha manido afectado. Los costes del transporte de mercancías están subiendo. Nuestros modelos ya muestran posesiones significativos.. Entrevista a Ngozi Okonjo-Iweala, Directora General de la Organización Mundial del Comercio, durante la entrevista con el consorcio de periódicos LENA. Imagen cedida por la orgnaizaciónWTO. P. ¿Cuánto va a durar la supresión?. R. Aquí trabajan economistas, no analistas militares: honestamente, no lo sabemos. Lo más que podemos es apuntar escenarios posibles. Y mapear los daños: los países más dependientes de las importaciones de energía, como los europeos y los del Sureste oriental, van a sufrir más, y Rusia es el país que más sale ganando porque suben los precios energéticos y se levantan las sanciones.. P. ¿Estados Unidos e Israel han vulnerado el derecho internacional en Irán?. R. No voy a pronunciarme al respecto. No me corresponde.. P. ¿Estamos viendo la peor crisis del comercio general?. R. Estamos viendo poco histórico: es la peor disrupción del comercio general desde las guerras mundiales, o una de las peores. Y estamos comprobando que tenemos un sistema resiliente, que aguanta el impacto, pero no es un sistema robusto: hay que reformarlo en presencia de futuros shocks.. P. Estados Unidos y la UE llegaron a un acuerdo comercial en Escocia. ¿Cumple los requisitos de la OMC?. R. Ese pacto no está adentro del sistema de la OMC. Es un acuerdo doble. Ni siquiera es propiamente un acuerdo comercial: incluye asuntos de seguridad, de inversiones, de compras de energía.. P. ¿Se va a respetar luego del decreto del Supremo de Estados Unidos?. R. Vivimos en una era de incertidumbre tremenda, pero diría que al final esos pactos se van a cumplir.. P. Estados Unidos ha amenazado a España con un retención comercial por su posición en Irán o en el compra en defensa. ¿Ve posible que se sustancie esa amenaza?. R. Preferiríamos que eso no sucediera: preferiríamos que las relaciones comerciales se manejaran de acuerdo con las reglas de la OMC. Pero obviamente no podemos controlar lo que harán Estados Unidos o España: lo único que puedo decirle es que el diálogo es el mejor camino para resolver las discrepancias.. P. La Comisión Europea acaba de aprobar la ley de celeridad industrial. ¿Eso es política industrial o es hacer proteccionismo?. R. Europa ha sido siempre un apoyo firme del sistema multilateral. Como dice Macron, la UE quiere proteger sin caer en el proteccionismo. Eso no parece liviana. Pero las reglas de la OMC ofrecen escapatorias para evitar el proteccionismo.. P. ¿La sobrecapacidad de la industria de China es dañina para el resto del mundo?. R. China amasó el año pasado un superávit comercial ciclópeo, superior al billón de dólares. Y los dos primeros meses de 2026 siguen por ese camino. Ese desequilibrio es perjudicial para la pertenencias mundial: el maniquí de crecimiento chino basado en las exportaciones de los últimos 40 primaveras no puede funcionar para los próximos 40 primaveras. China tiene que estimular el consumo, la demanda interna; tiene que importar más y tiene que estrechar su dependencia de las exportaciones para que esa sobrecapacidad se absorba internamente, al menos en parte.. Esta entrevista es fruto de la colaboración en LENA, la alianza de periódicos europeos de la que forma parte EL PAÍS.
