Una vez más, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, parece haberse retractado. La narración ha coincidido con el envío de tropas europeas al territorio ártico y el anuncio por parte de Bruselas de una batería de aranceles en represalia por el intento de anexión de Groenlandia. Pero estos factores no han sido los más decisivos, ya que pesan poco frente a las asimetrías de poder y la tenaz fragmentación europea que dificulta cualquier decisión. Siga leyendo. Equilibrio. El superávit de las cuentas exteriores españolas se mantiene a pesar de la acumulación de adversidades como la guerra arancelaria, el lenguaje del mercado europeo o el deterioro de la competitividad del diferencial de inflación frente a la zona euro. La balanza por cuenta corriente -que muestra la diferencia entre ingresos y pagos exteriores- arrojó un saldo positivo hasta octubre cercano a los 47. 000 millones de euros, la mejor cifra para este periodo en la serie histórica. El fuerte superávit de los servicios turísticos y no turísticos ha sido un factor clave de este resultado.
El riesgo financiero ha moderado el expansionismo, pero no basta para reforzar la posición europea
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Una vez más, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, parece haberse retractado. La narración ha coincidido con el envío de tropas europeas al territorio ártico y el anuncio por parte de Bruselas de una batería de aranceles en represalia por el intento de anexión de Groenlandia. Pero estos factores no han sido los más decisivos, ya que pesan poco frente a las asimetrías de poder y la tenaz fragmentación europea que dificulta cualquier decisión. Son los mercados los que, como ocurrió tras la llamada jornada de «liberación», han actuado de cortafuegos para redoblar el unilateralismo de la primera potencia mundial. Esta semana se han multiplicado los signos inequívocos de un conato de sacudida financiera: súbita depreciación del dólar, caída de Wall Street y, de forma similar, pérdida de confianza de los inversores en la calidad de la deuda del Tesoro estadounidense. Tal llamada de atención ha motivado que EEUU se aleje de las soluciones más radicales, abriéndose a la negociación. Sin embargo, el conflicto no ha desaparecido y su desenlace es aún incierto, pero sus entresijos ofrecen lecciones relevantes para la política económica europea y española. En primer lugar, ya es una evidencia que la estabilidad financiera de EEUU depende de la buena voluntad de los ahorradores extranjeros, incluidos los europeos. El volumen acumulado de recursos invertidos por Europa en los mercados financieros de la mayor potencia mundial o la posición de inversión de cartera supera los 7 euros. 2 billones, es decir, casi el 46% del PIB de la zona euro. La cartera española, aunque no es la principal, asciende a 12. 000 millones. En cambio, la inversión de cartera procedente de EE. UU. no supera los 4. 000 millones de euros, por lo que la posición neta es de 3. 200 millones a favor de Europa. Este saldo claramente favorable, revelador de la dependencia del exterior para financiar la enorme bola de deuda pública que se acumula al otro lado del Atlántico, se ha destacado como una eficaz palanca para constreñir la acción del ejecutivo republicano. No debemos sobrestimar nuestra capacidad de disuasión financiera, ya que Europa sufre un exceso de ahorro frente a la debilidad de la inversión: por definición, este desequilibrio trae consigo una salida de capitales hacia otros lugares. El problema de fondo radica, por tanto, en la falta de inversión y dinamismo del bloque comunitario, que no se resuelve con los desacuerdos de Estados Unidos. En ausencia de iniciativas y reformas que impulsen la inversión tanto a nivel europeo como en cada país -también en España- seguiremos perdiendo ahorro inexorablemente. Además, la debilidad de la inversión proviene principalmente del sector privado, ya que el público ha aumentado su aportación, sobre todo en España. La salida de inversión extranjera directa es otro síntoma del desequilibrio. El volumen de activos productivos que las empresas europeas han acumulado en Estados Unidos supera ya los 3. 000 millones de euros, frente a los 2. 600 millones de euros del caso contrario, lo que hace que la posición neta sea equivalente al 2, 2% del PIB de la Comunidad. España tiene una posición neta aún más alta del 3, 2% del PIB, que es comparable a la situación de salida de inversión directa que existe en España. Es decir, Europa invierte más en el tejido productivo de la primera potencia mundial de lo que recibe. De momento, ni los aranceles de Trump ni el dique de contención de los mercados han alterado esta realidad tan delicada. La buena noticia es que la economía española aguanta bien en un contexto geopolítico tan complejo. La dificultad sigue estando en la falta de consenso para abordar los retos internos y reforzar la respuesta europea a un sistema multilateral moribundo. El superávit de las cuentas exteriores españolas se mantiene pese a la acumulación de adversidades como la guerra arancelaria, el lenguaje del mercado europeo o el deterioro de la competitividad del diferencial de inflación frente a la zona euro. La balanza por cuenta corriente -que muestra la diferencia entre ingresos y pagos exteriores- arrojó un saldo positivo hasta octubre cercano a los 47. 000 millones de euros, la mejor cifra para este periodo en la serie histórica. El fuerte superávit de los servicios turísticos y no turísticos ha sido un factor clave de este resultado. Raymond Torres es director de Coyuntura de Funcas. En X:@RaymondTorres __
