Casi un tercio de los menores de 16 abriles en España vive bajo el entrada de pobreza relativa. Llevan ahí dos décadas. Las transferencias tienen que montar mejor, pero no bastan: la esencia está en lo que ocurre con el trabajo en el interior de los hogares.. Seguir leyendo
Las dificultades en los menores suelen derivar de la equivocación de trabajo en el hogar en genérico, pero más de la insuficiente billete profesional de las madres
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Casi un tercio de los menores de 16 abriles en España vive bajo el entrada de pobreza relativa. Llevan ahí dos décadas. Las transferencias tienen que montar mejor, pero no bastan: la esencia está en lo que ocurre con el trabajo en el interior de los hogares.. En España residen 6,87 millones de menores de 16 abriles. De ellos, casi tres de cada diez (el 29,6%) viven en hogares cuyos ingresos no superan el 60% de la mediana franquista, lo que equivale a más de dos millones de niños en situación de pobreza relativa. Si el entrada se estrecha al 40% de la mediana, el porcentaje de niños por debajo del entrada es de 12,4%, la más elevada entre todos los grupos de época.. Elevado igualmente en el contexto europeo. La brecha entre la tasa de pobreza de los menores de 15 abriles y la del conjunto de la población es de casi nueve puntos porcentuales, solo superada por Rumanía en toda la UE. En Finlandia, Dinamarca o Eslovenia la relación se invierte: los menores están menos expuestos que la media. Aquí, ser criatura multiplica el aventura.. Pero lo verdaderamente preocupante es que, encima de elevada, la pobreza de niño española es persistente. Lleva más de una decenio y media clavada en el entorno del 27-30%. Ni la Gran Recesión la empeoró demasiado (porque ya era reincorporación), ni la recuperación posterior la mejoró. Sube con las crisis y no muerto con las recuperaciones.. El contraste intergeneracional lo pone en perspectiva. Desde 2007, la pobreza entre los mayores de 65 cayó nueve puntos porcentuales. La de los menores de 16 subió casi dos. La de los jóvenes de 16 a 29, más de tres. Las pensiones funcionaron como escudo. No hemos construido cero comparable para los niños.. Las transferencias son necesarias para salir de este agujero, sin duda. El Ingreso Reducido Vital fue un paso relevante, pero aún no llega a buena parte de quienes lo necesitan: la Airef documenta que la mayoría de hogares susceptibles ni lo solicita. Mejorar ese calibre es urgente. Pero las transferencias no van a resolver por sí solas una tasa enquistada cerca del 30%. Para entender por qué, hay que mirar lo que ocurre con el trabajo en el interior de los hogares.. La Encuesta de Condiciones de Vida permite cronometrar la intensidad profesional de cada hogar: qué proporción del tiempo total que podrían trabajar los progenitores en época activa trabajan efectivamente. Un hogar con los dos progenitores a caminata completa todo el año tiene una intensidad del 100%; uno en el que solo trabaja uno de los dos a media caminata seis meses está por debajo del 25%, porque el tiempo parcial computa como la parte. Cuando esa intensidad no llega al 25%, el 76% de los menores son pobres. Entre el 25% y el 50%, muerto al 53%. Entre el 50% y el 75%, cae al 23%. Solo por encima del 75% se reduce al 10%.. Pero una cosa es la incidencia por tramo y otra cuánto del total cae en cada uno. El escalón más problemático es el de intensidad 25-50%, que concentra el 41,5% de todos los menores en pobreza: unos 843.000 niños en hogares donde se trabaja, pero de forma intermitente o parcial. Solo el 26% de los menores pobres vive en hogares con intensidad inferior al 25%. El problema central no es la inactividad total, sino la parcialidad y la intermitencia.. Si desagregamos por sexo, queda claro dónde está el debe. En los hogares con pobreza de niño, los hombres trabajan en torno al 72% del tiempo posible. Las mujeres, casi nada el 30%. La pobreza de niño es un problema de insuficiente trabajo en el hogar en genérico, pero sobre todo de insuficiente billete profesional de las madres.. Y si con dos adultos la intensidad insuficiente ya genera pobreza de niño, con uno solo el problema de partida es que hay un único salario, si lo hay. El 48% de los menores en hogares monoparentales están en pobreza relativa, frente al 26% en parejas con dos o más hijos y al 18% en parejas con uno.. Los progenitores solos en hogares con pobreza de niño trabajan el equivalente al 47,9% del año: 4,4 meses a caminata completa y 2,6 a tiempo parcial. Los que no están en pobreza alcanzan el 88,4%, con 9,9 meses a caminata completa. La diferencia está en los meses de empleo a caminata completa. Y cuatro de cada cinco hogares monoparentales están encabezados por mujeres (una proporción que parece acentuarse en pobreza, aunque la muestra obliga a la cautela), de modo que el debe de intensidad se concentra aquí con específico dureza.. Así que la memorándum contra la pobreza de niño es, en gran medida, una memorándum de empleo. La palanca viejo es la intensidad. Para ello, serviría educación de niño 0-3 que cubra la demanda donde no llega (sobre todo en los hogares con menos posibles), horarios escolares que funcionen como conciliación positivo, y políticas activas de empleo que de verdad funcionen para los adultos con hijos a cargo.. Pero queda encima un suelo que la intensidad no resuelve: como se veía en la primera tabla, incluso por encima del 75%, uno de cada diez menores sigue siendo escueto. Son unos 330.000 niños (el 16,3% de todos los menores en pobreza) en hogares donde se trabaja harto, pero se apetito poco. España es el tercer país de la UE en pobreza entre ocupados. El peso de la intensidad es mucho viejo, pero este suelo de salarios insuficientes igualmente necesita respuesta.. Y este suelo de pobreza profesional que persiste a reincorporación intensidad exige igualmente ejecutar sobre la calidad del empleo: formación profesional orientada a la parte muerto de la distribución salarial. Son piezas dispersas que necesitan una logística global. El objetivo: que las transferencias, hoy necesarias y probablemente siempre en cierta medida, lo sean cada vez menos, y que los dilemas que hoy nos enfrentan entre calibre y consumición, entre fuerza y eficiencia, pesen menos porque hay más hogares que se sostienen con su propio trabajo. Las transferencias ponen suelo. Pero el techo lo levanta el empleo.
