España se ha proclamado campeona del mundo de fútbol y eso tiene un impacto indudable en nuestra imagen internacional, tanto por el resultado como, sobre todo, por la forma. El campeonato también ha servido para poner de manifiesto el enorme capital de «soft power» acumulado por España. Nuestro país fue la segunda selección de entre muchas cuyas selecciones no compitieron o quedaron eliminadas del torneo. La marca de nuestro país ha subido en las clasificaciones, pero no por el Mundial. O no por ti mismo. Seguir leyendo.
El prestigio internacional del país es sólido y va mucho más allá del impacto específico del Mundial
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España se ha proclamado campeona del mundo de fútbol y eso tiene un impacto indudable en nuestra imagen internacional, tanto por lo que ha conseguido como, sobre todo, por cómo lo ha hecho. El campeonato también ha servido para poner de manifiesto el enorme capital de «soft power» acumulado por España. Nuestro país fue la segunda selección de entre muchas cuyas selecciones no compitieron o quedaron eliminadas del torneo. La imagen de marca de nuestro país ha mejorado, pero no por el Mundial. O no por ti mismo. Aunque ganar el Mundial es un hito con un impacto espectacular, parece que a España solo le importa su reputación internacional cuando evaluamos el impacto de un hito concreto, que, por muy grande que sea, sigue estando ligado a una dimensión muy específica o está relacionado con una muy específica. Pero la reputación es algo muy serio. Lo es para las empresas y para las personas, pero también para los países. Tenemos que preocuparnos por ella y gestionarla, porque tiene un impacto económico directo, ya que influye en nuestra capacidad para atraer inversión, turismo y talento, así como en la competitividad de nuestras empresas cuando se expanden al exterior a través de lo que se denomina «efecto made in» o «efecto país de origen». La reputación es la percepción emocional que los grupos de interés tienen de un país, generada a partir de experiencias, historias y expectativas. Se traduce en actitudes y comportamientos y, cuando es positiva, genera sentimientos de admiración, respeto y confianza. Antes de entrar en el análisis de la reputación internacional de España, me gustaría destacar cuatro ideas que contradicen ciertas creencias: 1. La reputación se construye a largo plazo y, por lo tanto, el impacto de acontecimientos concretos es relativo si no tienen continuidad en el tiempo, y depende del capital reputacional que hayamos ido generando; 2. La reputación es multidimensional: se puede tener una buena reputación en una dimensión y peor en otra; 3. La reputación varía según el público y también según los países o las zonas geográficas en las que se analice; 4. La reputación de un país nos incumbe a todos; todos tenemos, en mayor o menor medida, la capacidad de contribuir a ella o de mermarla. ¿Y cuál es la reputación internacional de España? La respuesta breve es que se sitúa entre «muy positivo» y «positivo», lo cual constituye un punto fuerte para nuestra nación. Según el reciente estudio RepCore Nations 2026, basado en encuestas de opinión pública realizadas en 36 países, España se encuentra entre los países con mejor reputación del mundo, concretamente en la 12. ª posición de una clasificación que incluye las 60 mayores economías del mundo, encabezada por países como Japón, Canadá, Suiza, Australia y Dinamarca, y en el que nuestro país se sitúa por delante del Reino Unido, Alemania o Francia, y muy por delante de Estados Unidos. Sus principales puntos fuertes se concentran en el estilo de vida, la oferta de ocio, cultura y gastronomía, el
