La asesinato del filósofo germánico Jürgen Habermas cierra la trayectoria de uno de los grandes nombres del pensamiento europeo del posterior siglo, pero todavía la de un intelectual que pasó más de siete décadas instalado en la controversia. Pocos pensadores contemporáneos discutieron con tanta parentela, sobre tantos temas y durante tanto tiempo.. Seguir leyendo
La carrera como pensador ha estado marcada por las polémicas desde su inicio cuando se enzarzó con Heidegger por no romper con su pasado fascista
La asesinato del filósofo germánico Jürgen Habermas cierra la trayectoria de uno de los grandes nombres del pensamiento europeo del posterior siglo, pero todavía la de un intelectual que pasó más de siete décadas instalado en la controversia. Pocos pensadores contemporáneos discutieron con tanta parentela, sobre tantos temas y durante tanto tiempo.. Su última gran tormenta estalló en 2023, cuando publicó en Süddeutsche Zeitung el entrenamiento Ein Plädoyer für Verhandlungen (Un convocatoria a la negociación), alegato en amparo de reconducir la relación con Rusia en plena guerrilla de Ucrania y despabilarse una salida diplomática al conflicto. Aunque el pensador defendía seguir ayudando militarmente a Kiev, advertía del peligro de una subida con una potencia nuclear. La reacción fue furibunda. Políticos, diplomáticos y comentaristas lo acusaron de ingenuidad y de querer imponer a Ucrania una paz dictada por el miedo europeo. Algunos llegaron incluso a insinuar que el filósofo, ya con más de 90 primaveras, hablaba como un rancio senil. Andrij Melnyk, el entonces embajador ucraniano en Alemania, calificó sus ideas de vergüenza para la filosofía alemana.. Pero Habermas llevaba décadas acostumbrado al choque. Su primera gran polémica llegó ya en 1953, cuando atacó públicamente a Martin Heidegger por negarse a romper con claridad con su pasado fascista. Aquella intervención lanzó la carrera pública de un adolescente filósofo que convertía el silencio germánico sobre el nazismo en objeto de combate intelectual.. En 1967 volvió a incendiar el debate al manifestar a sectores del movimiento estudiantil de practicar un «fascismo de izquierdas». La expresión fue un escándalo. Muchos líderes de la revuelta contracultural del 68 lo consideraron una traición imperdonable. Parte de la izquierda radical alemana nunca se lo perdonó.. Con todo, el enfrentamiento más cruento estalló en los 80 con lo que se conoció como Historikerstreit: la gran guerrilla intelectual sobre la memoria del nazismo. Habermas arremetió contra historiadores conservadores como Ernst Nolte, a quienes acusaba de relativizar Auschwitz y de intentar «encauzar» el pasado germánico. La disputa dividió durante primaveras al mundo culto y consolidó su imagen de vigilante recatado de la memoria alemana.. Ni siquiera su propia carrera escapó a la controversia. Nacido en 1929, Habermas tenía tan pronto como 16 primaveras cuando terminó la Segunda Guerra Mundial. Como muchos adolescentes de su vivientes, pasó por las organizaciones juveniles del régimen. Décadas más tarde, el historiador Joachim Fest insinuó en sus memorias que el filósofo había tenido una cercanía maduro con el nazismo de lo que él mismo admitía. Habermas rechazó esa incriminación con firmeza y, de hecho, nunca existieron pruebas que la sostuvieran.. Habermas todavía protagonizó duros choques filosóficos. Discutió con Hans-Georg Gadamer sobre la hermenéutica; polemizó con Niklas Luhmann sobre la teoría de la sociedad y se enfrentó a Peter Sloterdijk en un huraño debate sobre la manipulación genética que resucitó viejos fantasmas de eugenesia en Alemania.. Habermas fue un filósofo ciclópeo y todavía un polemista constante. Sus posiciones provocaban rechazo y pasmo a partes iguales, pero incluso sus adversarios sabían que discutían con una autoridad intelectual admirable. Durante décadas encarnó una figura cada vez más rara: la del filósofo manifiesto que obliga a una sociedad a discutir consigo misma.
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