Al igual que la tuya, a mi mente le encanta descubrir patrones en lugares donde antes solo había charcos. De ahí el placer que me produce descubrir con mis propias manos las dos obras narrativas que más me han deslumbrado a lo largo del año.
A mi mente le encanta encontrar patrones donde antes solo había charcos. De ahí el placer que me produce descubrir por mí mismo las dos obras narrativas que más me han deslumbrado a lo largo del año.
Al igual que la tuya, a mi mente le encanta descubrir patrones en lugares donde antes solo había charcos. De ahí el placer que me produce descubrir con mis propias manos las dos obras narrativas que más me han deslumbrado a lo largo del año. . DTF St. Louis es una serie de televisión creada por Steve Conrad, al que a partir de ahora no dejaré de prestar atención. La historia que nos cuenta es mitad relato policiaco, mitad relato criminal. O sea, que nos cuenta en paralelo los esfuerzos de una pareja de agentes de la ley que han de descifrar un asesinato y las circunstancias que empujan a los implicados en el crimen. La primera sorpresa es que tanto los unos como los otros están perdidísimos.. La ficción televisiva alcanzó una edad de oro gracias al retrato de la sociopatía en todas sus variantes y escalas, pero DTF St. Louis nos demuestra que se puede contar una historia plagada de secretos y mentiras sin que asome la maldad por ningún lado. El motor de la tragedia aquí son todas esas cosas que nos prometieron que desaparecerían con la adolescencia, pero que siguen estrangulando pasados los cincuenta: la soledad, la frustración sexual, el desorden emocional y la sospecha de que nunca sabrás quién diablos eres y qué se espera de ti. Con un panorama así, quién necesita villanos para que todo acabe como el rosario de la aurora.. Mixtape, la última obra de Johnny Galvatron, no es tanto un videojuego como una experiencia interactiva de tres horas de duración. Describe las últimas 24 horas de adolescencia de tres personajes que se reparten el triángulo de sentimientos con los que se afronta el océano inminente de la vida adulta: la excitación, el pánico y la pereza. La mirada al futuro es lo único que les separa (literal y figuradamente); por lo demás, los tres se tiran por la misma cuesta en monopatín escuchando el mismo temazo de Joy Division con la misma misión, la de palpar su presente tal y como los demás percibimos los recuerdos de juventud, como una colección de grandes éxitos.. Los momentos más exquisitos de Mixtape son aquellos en los que, entre subidón y subidón, brota algo que suelen ignorar las comedias estudiantiles, que es la expresión de un sentimiento intermedio entre el amor y la amistad. Algo que es un secreto a voces en la juventud y cuya existencia se niega categóricamente en la vida adulta. Es lo opuesto a un cliché, algo que deja a la ficción desvalida, sin poder recurrir a las herramientas de confianza. Por eso celebro recibir casi a la vez un videojuego que muestra con naturalidad a personajes que sienten algo volcánico, pero a lo que no se molestan en poner nombre, y una serie de televisión virtuosa levantada alrededor del mismísimo misterio.
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