El alivio que los activos británicos registraron el viernes fue efímero. La derrota del Partido Laborista en las elecciones locales ha debilitado considerablemente la posición del Primer Ministro Keir Starmer ante su propio partido. Con un número creciente de diputados laboristas pidiendo su dimisión, la crisis política se traslada ya a los mercados, y la deuda británica a 30 años cotiza a los tipos de interés más altos desde 1998. Seguir leyendo
Los temores a la dimisión del gobierno laborista y a un giro fiscal provocan la venta de bonos y amenazan con prolongar la debilidad de la libra.
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El alivio que los activos británicos registraron el viernes fue efímero. La derrota del Partido Laborista en las elecciones locales ha debilitado considerablemente la posición del Primer Ministro Keir Starmer ante su propio partido. Con un número creciente de diputados laboristas pidiendo su dimisión, la crisis política se traslada ya a los mercados, y la deuda británica a 30 años cotiza a los tipos de interés más altos desde 1998. Starmer y su ministra de Finanzas, Rachel Reeves, son percibidos como los principales garantes de una política fiscal contenida. La posibilidad de que la Primera Ministra acabe cediendo a las presiones internas ha hecho que los inversores teman más un cambio de liderazgo que conduzca a un aumento del gasto público para atraer apoyos electorales. La reacción ha sido la venta de deuda británica, sobre todo a largo plazo. A 30 años ya cotiza en 5. 8%, con un aumento de 11 puntos básicos en la sesión, y a un nivel desconocido en más de un cuarto de siglo. Las ventas de deuda implican caídas de precios y subidas de tipos de interés, un movimiento automático que responde a los inversores que exigen más intereses por una deuda que puede verse afectada por futuros aumentos del déficit público. David A. Meier, economista de Julius Baer, reconoce los mayores riesgos asociados a una vuelta al liderazgo laboral que lleve a una gestión fiscal menos disciplinada. A la espera de que se aclaren los acontecimientos políticos, el experto anticipa que la libra también seguirá mostrando debilidad frente a otras divisas. Entre los nombres que más suenan como posibles candidatos está el del alcalde de Manchester, Andy Burnham, que ha criticado abiertamente al Gobierno por considerarlo demasiado endeudado. Aunque Burnham no es diputado y, por tanto, no puede aspirar al liderazgo del partido, su perfil y su discurso son suficientes para mantener en vilo a los inversores cada vez más sensibles. Los inversores en bonos son menos ruidosos que los operadores bursátiles, pero cuando reaccionan, lo hacen con una gran capacidad para poner en jaque a un ejecutivo, como pudo comprobar en su día Liz Truss, una de las predecesoras de Starmer. Hasta ahora, Starmer y Reeves eran de las pocas referencias políticas percibidas como comprometidas con ese objetivo. «Los mercados se tambalearían si Starmer dimitiera y surgiera un nuevo ministro de Economía menos dispuesto a respetar las normas fiscales. En la actualidad, aproximadamente una libra de cada diez del gasto público se destina al pago de intereses de la deuda, y lo último que quieren oír los operadores de bonos es que esta proporción aumente», señalaron los analistas de Bloomberg. La inestabilidad política se ha convertido en una de las señas de identidad del Reino Unido y Starmer es el cuarto primer ministro en cuatro años, una rotación que empieza a agotar la paciencia de los inversores. Los analistas advierten de que una pugna por el liderazgo del Partido Laborista elevaría la incertidumbre política a corto plazo, con consecuencias negativas tanto para la libra como para el mercado de deuda. Los mercados no han olvidado el episodio de 2022, cuando el plan presupuestario de Liz Truss desencadenó una crisis financiera y un desplome de los activos británicos. La situación se estabilizó no sólo por la extraordinaria intervención del Banco de Inglaterra, que se vio obligado a comprar deuda para frenar la sangría, sino por la dimisión de la propia Primera Ministra. Un recordatorio de que los mercados de bonos siguen actuando como árbitros finales de la estabilidad política. La evolución de los mercados servirá una vez más de termómetro para la política británica en esta situación. La presión sobre la deuda y la libra difícilmente desaparecerá mientras persista la incertidumbre sobre el liderazgo del Gobierno y la dirección fiscal. La experiencia reciente demuestra que, en el Reino Unido, los inversores en bonos no sólo reaccionan a las decisiones políticas, sino que a veces acaban condicionándolas, reforzando su papel de árbitros finales de la estabilidad económica y de su propio poder.
