Móviles apuntando al cielo, miles de pantallas iluminando la noche de Madrid y una intuición compartida que flotaba en el aire desde el primer estallido de los fuegos artificiales. Madrid se rinde a los pies de la reina del pop latino, Shakira, en una velada en la que, una vez más, sus caderas no mintieron.
La aparición sorpresa de la artista gaditana para interpretar «Torture» se convierte en el gran hito de una noche en la que la colombiana ha hecho vibrar el Parque Macondo entre la nostalgia, el despliegue instrumental y una rotunda reivindicación de la resiliencia
Móviles apuntando al cielo, miles de pantallas iluminando la noche de Madrid y una intuición compartida que flotaba en el aire desde el primer estallido de los fuegos artificiales. Madrid se rinde a los pies de la reina del pop latino, Shakira, en una velada en la que, una vez más, sus caderas no mintieron. . El momento cumbre y más esperado de la noche ha acontecido cuando Shakira ha presentado con emoción a su «hermano, el más grande». La irrupción de Alejandro Sanz sobre el escenario ha hecho retumbar los cimientos del Macondo Park. Al ritmo inconfundible de La Tortura, la complicidad intacta, las risas compartidas y la química entre ambos demuestran que no han pasado los años para dos iconos que vuelven a encontrarse sobre las tablas, desatando la euforia colectiva de la capital.. Aunque se echaron de menos unas palabras. La visita se quedó en una sola canción y un abrazo.. Fiel a la mística que la caracteriza, Shakira pisa el escenario con sus pies descalzos y la melena al viento, combinando un espectáculo visual arrollador con momentos de profunda vulnerabilidad.. La polifacética artista ha hecho alarde de su versatilidad instrumental saltando de la guitarra acústica a la armónica, la eléctrica e incluso la batería, todo ello a con innumerables cambios de vestuario que han marcado el ritmo frenético del show.. Sobre el escenario, el espectáculo ha mutado en un despliegue todoterreno: tan pronto ha bailado junto a «robots» en Te Felicito, bañando el recinto en llamas verdes ideadas por su propio hijo para el videoclip, como ha puesto a perrear a Madrid a golpe de todo tipo de ritmos latinos y percusiones, combinando destellos de purpurina con un poderoso alegato de poder femenino.. A pesar de repetir el discurso habitual de su gira: «Esta noche lo voy a dar todo de mí, no hay nada como cuando una loba se reúne con su manada», el misticismo se ha apoderado de la velada cuando ha emergido una estructura gigante de un lobo para acompañar la interpretación de Loba, momento en el que, bajo la luna llena madrileña, miles de asistentes han unido sus voces para aullar junto a la colombiana.. Intercalando instantes de fiesta con reflexiones de su vida reciente, la artista se ha sincerado ante sus seguidores: «Mi vida no ha sido fácil estos años, pero de las caídas nadie se salva, nosotras cada vez que nos caemos nos levantamos más sabias, más fuertes». Para rematar su mensaje de sororidad, ha citado a la escritora Isabel Allende recordando que «las mujeres solas somos vulnerables, pero juntas somos invencibles».. El guiño deportivo ha llegado de la mano de un emotivo viaje en el tiempo al acordarse de «España campeona del mundo». Shakira ha hecho subir al escenario a los Triplets Ghetto Kids, los mismos niños que la han acompañado bailando en el Mundial para interpretar Dai Dai. Después se ha desatado uno de los momentos más especiales de la noche con el inconfundible Waka Waka, un himno que ha hecho retumbar el recinto recordando aquel histórico verano de 2010 y la primera estrella de la Selección.. La emoción ha alcanzado su grado más íntimo durante Acróstico, donde las lágrimas y los abrazos se han multiplicado entre el público al proyectarse en pantalla las imágenes de sus hijos, Milan y Sasha. En todo ese intercambio de energía, se ha visto a la Shakira de siempre pero como nunca: madura, sobrepuesta a la adversidad y dueña absoluta del espacio escénico.. El colofón de la cita no ha escatimado en decibelios ni en catarsis colectiva. Un cierre por todo lo alto al compás de su famosa Session 53 junto a Bizarrap ha confirmado lo que el recinto ha acabado de atestiguar durante más de dos horas de concierto: Shakira ya no llora, Shakira factura más que nunca y Madrid, reconquistada por completo tras el idilio vivido junto a Alejandro Sanz, ha vuelto a rendirse a los pies de la estrella colombiana.
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