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  Economía  Negociación colectiva y la no hélice de inflación
Economía

Negociación colectiva y la no hélice de inflación

5 de marzo de 2026
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Cuando la inflación despertó abruptamente a principios de 2022, alimentada por la crisis energética y la invasión rusa de Ucrania, un aparecido recorrió los pasillos de las grandes instituciones europeas. El temor del Banco Central Europeo (BCE) y de gran parte de la conformidad económica era revivir la traumática lapso de los setenta a través de una temida “espiral salarios-precios”. La teoría advertía que, delante la subida del coste de la vida, los trabajadores exigirían aumentos salariales idénticos, lo que obligaría a las empresas a subir aún más los precios, generando un onda destructivo que solo podría frenarse con una recesión inducida.. Seguir leyendo

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En la prueba de estrés financiero más severa de nuestra coexistentes, los sindicatos y la patronal demostraron ser mecanismos vivos, elásticos y profundamente responsables

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Cuando la inflación despertó abruptamente a principios de 2022, alimentada por la crisis energética y la invasión rusa de Ucrania, un aparecido recorrió los pasillos de las grandes instituciones europeas. El temor del Banco Central Europeo (BCE) y de gran parte de la conformidad económica era revivir la traumática lapso de los setenta a través de una temida “espiral salarios-precios”. La teoría advertía que, delante la subida del coste de la vida, los trabajadores exigirían aumentos salariales idénticos, lo que obligaría a las empresas a subir aún más los precios, generando un onda destructivo que solo podría frenarse con una recesión inducida.. Sin retención, y hoy lo sabemos porque la inflación retornó a los niveles previos de la crisis de precios, ese hecatombe nunca se materializó. Y no fue por arte de encanto, sino gracias a varias razones, entre las que figura el papel jugado por un actor notorio: los sindicatos y la inmueble de la negociación colectiva.. Belén Trincado Aznar. Para entender cómo Europa, y muy en particular España, logró esquivar la catástrofe, es fundamental desterrar el suspicacia de que la contención salarial fue nada más un acto de inmolación consciente por parte de los representantes de los trabajadores. En ingenuidad, y sin dejar de un costado las potenciales críticas que puedan surgir al diseño de la negociación colectiva, y que las hay y muchas, en esta ocasión el primer gran cortafuegos contra la inflación fue esta misma. A diferencia de otros modelos más atomizados, el diseño de la negociación colectiva europea se basamento en gran medida en convenios sectoriales que, con frecuencia, tienen una duración plurianual de dos o tres primaveras. Fue, encajado esta cadencia temporal, así como la mandato a posteriori de la recuperación de la pérdida de poder adquisitivo, lo que debemos poner en el sobrevenir de estas instituciones laborales.. Cuando los precios de la energía y los alimentos se dispararon a niveles no previstos meses antaño, los salarios de millones de europeos estaban legalmente “congelados” o sujetos a incrementos muy modestos pactados en 2020 o 2021, una época en la que la inflación tan pronto como existía. Debemos considerar, encima, que veníamos de una pandemia que tuvo un válido meta deflacionario y que contaminó, sin duda, las negociaciones de aquel entonces. Esta rigidez temporal o “retardo institucional” operó como un áncora macroeconómica, manteniendo las expectativas de inflación acertadamente ajustadas. Fueron los trabajadores, en su decano parte, aunque los márgenes empresariales exceptuado la de las empresas energéticas asimismo lo hicieron, quienes absorbieron buena parte del impacto auténtico del shock, sufriendo una devaluación histórica e inédita de su poder adquisitivo existente, que cayó un 4,3% en la Unión Europea solo en 2022. Las familias se empobrecieron en silencio para que los costes laborales no retroalimentaran la hélice de inflación.. Pero los convenios, eventualmente, caducan. El efectivo momento crítico, el examen a la masculinidad de los agentes sociales, llegó entre 2023 y 2024, cuando los contratos debían renegociarse. Fue en este punto donde la responsabilidad sindical tomó el licenciamiento al diseño institucional. En ocasión de exigir la compensación total e inmediata de la inflación pasada, el sindicalismo europeo apostó por una “recuperación escalonada”.. Al observar el planisferio europeo, las estrategias para ejecutar esta recuperación variaron, revelando la enorme complejidad técnica del desafío. En Alemania, por ejemplo, el poderoso sindicato IG Metall y la patronal recurrieron masivamente a una alternativa temporal amparada por su Gobierno: el suscripción de primas únicas libres de impuestos de hasta 3.000 euros. Esto inyectó solvencia urgente en los hogares para satisfacer la calefacción en invierno sin elevar los costes fijos de las empresas, pero tuvo un coste oculto: congeló las tablas salariales saco, creando un peligroso precipicio para 2025, cuando estas primas desaparezcan y los trabajadores alemanes exijan consolidar esas rentas.. Francia optó por una vía distinta, marcada por la rigidez de su ley. Allí, el salario minúsculo (SMIC) se indexa de forma cibernética a la inflación. Esta norma blindó eficazmente a los más vulnerables, pero generó un meta indeseado de compresión salarial (como en España): el salario minúsculo subió tan rápido que fagocitó las categorías intermedias de los convenios, desdibujando la galardón por la cualificación profesional y abocando a los sectores a renegociar sus escalas casi trimestre a trimestre en un clima de adhesión tensión.. En este contexto comparado, la experiencia de España emerge de forma positiva. Tras unos meses iniciales de corte y de válido caída de los salarios reales, los sindicatos mayoritarios (CC OO y UGT) y la patronal (CEOE) firmaron en mayo de 2023 el V Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva (AENC).. El patente éxito de este acuerdo radicó en su capacidad para ofrecer certidumbre a las empresas y protección progresiva a los trabajadores. En ocasión de mirar al pasado, el pacto dibujó una senda plurianual muy moderada: subidas saco del 4% en 2023, 3% en 2024 y 3% en 2025. Pero la secreto maestra que permitió a los sindicatos rubricar esta moderación fue la preámbulo de cláusulas de respaldo salarial inteligentemente “topadas”. Si la inflación superaba esos porcentajes, los salarios se actualizarían, pero con un contorno mayor del 1% adicional.. Este mecanismo permitió un aterrizaje suave. Los trabajadores tenían la respaldo de ir recuperando poder adquisitivo de forma consolidable y escalonada, mientras que las empresas contaban con costes laborales previsibles y acotados que no destruían su rentabilidad ni su competitividad exógeno.. Por supuesto, este encomiable adiestramiento de responsabilidad bipartita en España no habría sido posible sin el cortejo de políticas públicas que minimizaron las consecuencias del shock energético. La conocida como excepción ibérica, que topó el precio del gas utilizado para crear electricidad, logró sujetar la inflación caudillo española en varios puntos. Al apaciguar drásticamente los precios desde el Estado, se alivió la presión sobre las mesas de negociación. Los sindicatos no tuvieron que exigir subidas inasumibles para evitar la pobreza de sus afiliados, y las empresas pudieron firmar el AENC con holgura financiera.. El resultado macroeconómico de esta ecuación es indiscutible. Durante estos primaveras, la creación de empleo ha continuado bajo una senda de moderación rápida de la inflación. El crecimiento, a su vez, ha continuado y la recuperación del poder adquisitivo de los trabajadores parece que finalizará este año. Es cierto que aún hay algunas “tensiones” como la progreso de la subyacente. Pero es encajado esta última la que podría estar respondiendo de forma controlada a los actuales cambios en los salarios nominales.. A menudo, la opinión pública tiende a percibir a los sindicatos y a la negociación colectiva como reliquias del pasado, fuentes de burocracia o generadores de conflicto. La historia de estos últimos tres primaveras demuestra exactamente que no hacemos un gran crédito creyendo de esta forma. En la prueba de estrés financiero más severa de nuestra coexistentes, estas instituciones demostraron ser mecanismos vivos, elásticos y profundamente responsables. Actuaron primero como un dique de contención mecánico, a costa del faltriquera de los trabajadores, y posteriormente como gestores maduros de una recuperación milimétricamente calculada. Si hoy Europa respira aliviada viendo caer la inflación sin sobrevenir destruido millones de empleos en el camino, se lo debemos, en gran medida, al triunfo silencioso de la negociación colectiva.

 

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