«Algunas son un polvorín de cuidados, una bolsa de trabajadores que a veces son falsos autónomos y en otras cobran por debajo de convenio, lo que empeora el servicio». Creemos que Inspección tendría que investigar este asunto mucho más a fondo. Ignacio Gamboa se refiere a una de las plataformas digitales dedicadas a la atención domiciliaria como «así es como». Por el tono y la denuncia que hay detrás de estas palabras, parecen declaraciones de un dirigente sindical, pero no. Es el responsable de la principal patronal del sector, la Asociación Estatal de Servicios de Atención Domiciliaria (Asade), preocupada por el «efecto negativo» de la expansión de las plataformas digitales en su actividad. Es una reflexión similar a la que hacen otras patronales y colegios profesionales de psicología, enfermería, derecho o empleo a domicilio consultados por este periódico. Mientras la política y los medios de comunicación se fijaban en las plataformas para compartir comida, este modelo laboral tan asociado a la precariedad se expande en otras actividades, varias de ellas de alta cualificación. Seguir leyendo
La distribución de comida a domicilio domina el debate sobre la ‘uberización’, pero los especialistas destacan que toma fuerza en otras actividades incluso de alta cualificación. Empresarios y colegios profesionales protestan por su expansión
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«Algunos son un polvorín de cuidado, una bolsa de trabajadores que a veces son falsos autónomos y en otras cobran por debajo del convenio, lo que empeora el servicio. Creemos que Inspección tendría que hacer mucho más para investigar este problema. » Así habla Ignacio Gamboa de parte de las plataformas digitales dedicadas a la atención domiciliaria. Por el tono y la denuncia que hay detrás de estas palabras, parecen declaraciones hechas por un dirigente sindical, pero no. Es el responsable de la principal patronal del sector, la Asociación Estatal de Servicios de Atención Domiciliaria (Asade), preocupada por el «efecto negativo» de la expansión de las plataformas digitales en su actividad. Es una reflexión similar a la que hacen otras patronales y colegios profesionales de psicología, enfermería, derecho o empleo a domicilio consultados por este periódico. Mientras la política y los medios de comunicación se fijaban en las plataformas para compartir comida, este modelo laboral tan asociado a la precariedad se expande en otras actividades, varias de ellas de alta cualificación. Adrián Todolí, catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad de Valencia y uno de los principales expertos en España en plataformas digitales, lamenta que tanta atención se haya centrado exclusivamente en los paquetes de comida: «Parece que las únicas plataformas en España son Glovo y Uber, y no es así. Hay más sectores en los que existe este deterioro de las condiciones laborales». » La presión de las administraciones públicas ha conseguido que las plataformas de food-sharing se pongan de acuerdo con sus proveedores, con Uber Eats como la última en ceder: acaba de anunciar su «compromiso» con la ley Riber y que pasa a un modelo salarial, un año después de que Glovo comunicara el mismo cambio. Al mismo tiempo, la economía de plataforma está arraigando en otras actividades que no se ven cuestionadas por esta norma. «No queríamos sólo una ley Riber, queríamos una ley de plataformas. Es decir, una legislación que regulara todos estos escenarios, con una visión más amplia. El reparto de comida es sólo la punta del iceberg de la economía digital», señala Raquel Boto, adjunta a la secretaría confederal de acción sindical y transiciones estratégicas de CC OO, sobre un fenómeno que apenas está cuantificado: ni el INE ni la Seguridad Social ofrecen estadísticas sobre cuántas personas trabajan en plataformas en España. El último estudio comunitario al respecto mide la situación en 17 países europeos, entre los que no está España, y con datos de 2022. Con la muestra con la que trabajó Eurostat, estimó que entonces el 3% de los adultos europeos trabajó en algún momento del año en curso en plataformas. Estos datos también afirman que son más hombres que mujeres, más jóvenes que mayores e, «interesante» según Eurostat, más cualificados que sin formación. «Más de la mitad de los trabajadores de plataformas digitales declararon no estar cubiertos en caso de desempleo, enfermedad y accidente laboral», añade el instituto estadístico europeo. Con sus cifras, estima que en 2022 habrá 28. 3 millones de empleados en plataformas en la Unión Europea y que para 2025 eran alrededor de 43 millones, un 52% más. «La plataformización va en aumento. Y tomará más fuerza con la inteligencia artificial», afirma el coordinador de plataformas digitales de UGT, Fernando García. Este fenómeno preocupa a Olga Merino, vocal del Colegio Oficial de Psicología de Madrid. «Hay plataformas que lo hacen fenomenal, pero también hay otras en las que no se garantiza la calidad asistencial, que no exigen el empoderamiento de los profesionales ni los mínimos estándares clínicos y legales», denuncia esta psicóloga. Indica que algunas plataformas operan con falsos autónomos, ya que no sirven como meros intermediarios, sino que gestionan citas, dictan precios y asignan pacientes. Es decir, no se exige independencia a los autónomos, el argumento central por el que tantas veces ha fallado la justicia a favor de la mano de obra (de los contratos laborales de los trabajadores y no como autónomos) de la distribución de alimentos. «También encontramos personas contratadas con condiciones por debajo de convenio», añade Merino, preocupado por la proliferación de estas herramientas en consonancia con el aumento de la demanda de recursos de salud mental. Subraya que la atención online le parece un recurso «maravilloso», más que desde la pandemia, pero que no es excusa para precarizar ni la atención ni las condiciones laborales. «Como profesional te da rabia que la gente haga daño a los que cuidamos», añade. Más en profesiones liberales. La psicología es un sector en el que el autoempleo ya era habitual antes de que estallara la plataforma, lo que encaja con las características de servicio de muchos profesionales. «La diferencia cuando entra la plataforma», dice Todolí, «es que es la herramienta que pone el precio y establece las condiciones, que penaliza en función del rendimiento». Legalmente dejas de ser autónomo y debes ser plantilla». » En su opinión, las plataformas y el autoempleo sólo casan bien con la normativa española si la herramienta «sirve para gestionar los cobros y dar visualizaciones al perfil del trabajador». » Este especialista indica que las plataformas se abren paso en cada vez más profesiones liberales más allá de la psicología, como la docencia (sobre todo en clases particulares), la arquitectura, el periodismo o el derecho. «Nos preocupa que estén surgiendo plataformas digitales que, amparadas en una pseudo apariencia de despachos de abogados, hacen publicidad irregular», señala Antón Echevarrieta, decano del Colegio de Abogados de Álava. Es el presidente del grupo de trabajo para la protección profesional del abogado frente a las plataformas digitales del Consejo General de la Abogacía Española. «Están al margen del control deontológico y colegial. Cree que algunos clientes contactan con estas plataformas sin saber que en realidad no son despachos de abogados», lo que acaba perjudicando a sus usuarios. «Otra profesión cualificada donde este modelo está ganando peso es la enfermería. » Vemos plataformas que se venden como un paso hacia la modernización, pero que realmente sólo fragmentan la profesión y fomentan la precariedad laboral», añade el presidente del Ilustre Colegio Oficial de Enfermería de Sevilla, Víctor Bohórquez. Señala que en su sector estas plataformas son utilizadas por centros privados y públicos de gestión privada para que los enfermeros hagan turnos sueltos, tareas que los centros médicos necesitan cubrir con agilidad. » El seguimiento clínico y terapéutico es una parte central de nuestro oficio. Esta forma de trabajar lo pone en entredicho», afirma Bohórquez. El valor de la rapidez. Gamboa, presidente de la patronal de atención domiciliaria, ahonda en esta idea: «Las plataformas cubren algunas necesidades, pero no hay que confundirlas con la atención domiciliaria profesional, como la que se articula a través de contratos con las administraciones públicas». «Cree que la» agilidad «de estas herramientas y su» accesibilidad «impulsan su uso en una sociedad cada vez más digitalizada, que muchas familias recurren a ellas porque responden con rapidez, a costa, en muchos casos, de la calidad del servicio o de las condiciones laborales de las plantillas». Es una reflexión similar a la que hace la patronal del empleo a domicilio. » Si las plataformas son como antes las Páginas Amarillas, llaman la atención de algunos profesionales, está bien. Pero si hay una intermediación, tiene que ser de la forma correcta, a través de las agencias privadas de colocación debidamente acreditadas y homologadas», señala Ana Garrido, presidenta de la Asociación Española de Servicios Personales y Domésticos, que no ve «encaje» en la actual legislación española hacer autónomas a las empleadas del hogar. El mensaje que tienen estos dos representantes de la patronal es similar al de muchas otras voces empresariales, que ven en las plataformas una forma de competencia desleal: creen que les roban cuota de negocio porque pueden ofrecer precios más bajos, gracias a sus menores costes operativos. La gran patronal española, CEOE, apoyó la ley Riber en 2021 y mantiene ese apoyo cuando se le pregunta por este asunto, a pesar del feroz enfrentamiento que mantienen con la cara política de esta norma, Yolanda Díaz. Ni estos representantes patronales ni los de los colegios profesionales consultados mencionan plataformas concretas. Señalan el problema en sus sectores, pero prefieren no concretar con nombres y apellidos. Este ejercicio es justo el que hace el informe Fairwork España, elaborado por la Universidad Complutense y la Fundación Primero de Mayo (asociada a CC OO), a partir de una metodología implementada por el Internet Institute de la Universidad de Oxford. Consiste en evaluar las condiciones de trabajo en las plataformas a través de diez principios básicos. El cumplimiento de cada uno otorga un punto. . En España, de las siete empresas analizadas en la última edición, tres se quedan en blanco (Taskrabbit -montaje de muebles y otras tareas similares-, Care -cuidados- y Glovo), Uber obtiene dos puntos y Cabify y Livo -salud- tres puntos. Todas ellas suspenden en este informe, lejos de la que aprueba, Just Eat, con siete puntos de diez posibles. Es la única plataforma de food-sharing que respeta la ley Riber desde su implantación. Algunas de estas firmas reaccionaron al informe con los argumentos habituales con los que defienden su modelo, como que ayudan a «digitalizar el boca oreja y las formas informales de conexión» que ya existen en el mercado laboral, o que favorecen la conciliación. El principal autor del informe, el catedrático de Sociología de la Universidad Complutense Alberto Riesco, también constata una» diversificación «del mercado de plataformas, que identifica como un» reto «para las administraciones públicas. Para abordarlo, subraya la importancia de que España transponga la directiva europea sobre trabajo en plataformas. Tiene un espíritu similar a la ley Riber, pero no se limita a este sector, sino que se aplica al resto de la economía de plataforma. España debe incorporar el texto a su legislación antes de que acabe este año, todo un reto para la fragilidad parlamentaria del Gobierno. » La prioridad es que la transposición cubra esta carencia de la ley Rirer, que no se limita a este sector, que incluye a todos los trabajadores de plataformas digitales», señala Riesco. Afirma que hay una «tendencia a trabajar en plataformas, impulsada por las administraciones, pero no tanta presión en el transporte de pasajeros como hay en Uber. «»Esta empresa no contrata directamente a sus conductores, sino que opera a través de subcontratas, lo que conecta con una idea final de Riesco:» El etiquetado es mejor que un modelo de falsos autónomos, pero no soluciona todos los problemas de las plataformas. No es una solución mágica». »
