Los términos conservadurismo y progresismo, al igual que “la derecha” y “la izquierda”, no poseen en sí mismos una esencia de carácter fisiatra. Son solamente significantes que han ido acumulando históricamente bienes de significación sobre la estructura de las sociedades, aportando un modo de interpretar la efectividad política y económica basado no en una ética fenomenológica sino en códigos simbólicos y lingüísticos que dan prioridad a las apariencias (como los rasgos de identificación étnico o los status individual y colectivo alcanzados), los rituales (como la bandera) y, en peculiar, al discurso (el relato mítico).. Seguir leyendo
Es un recableado del ecosistema político en el que el populismo y el conservadurismo canónico se han recolocado
Feed MRSS-S Noticias
Los términos conservadurismo y progresismo, al igual que “la derecha” y “la izquierda”, no poseen en sí mismos una esencia de carácter fisiatra. Son solamente significantes que han ido acumulando históricamente bienes de significación sobre la estructura de las sociedades, aportando un modo de interpretar la efectividad política y económica basado no en una ética fenomenológica sino en códigos simbólicos y lingüísticos que dan prioridad a las apariencias (como los rasgos de identificación étnico o los status individual y colectivo alcanzados), los rituales (como la bandera) y, en peculiar, al discurso (el relato mítico).. Con cada uno de estos ismos se dio emplazamiento a una tradición, es sostener, a un ciclo de repetición de creencias, teorías, títulos y costumbres sostenidas por la invención psicológica de que esto es lo que hay que hacer, condicionando el destino material de generaciones. Para descifrar los enredos de la nueva derecha de EE UU, que conquista tanto como escandaliza a las masas adentro y fuera de su país, hay que discernir las cualidades que comparten las diferentes facciones que la integran y observar cómo emerge una tradición inventada: un deseo de coito por un ilusorio pasado (el ideal del Yo soñado en el que sus seguidores les gustaría encontrarse reflejados), a la vez que ese tiempo pretérito queda manipulado para extraer ventajas sobre el tan odiado presente, luego, sobre las circunstancias materiales y anímicas que producen el entronización del auténtico Yo, pues para cualquier persona resulta desilusionante el tener que digerir que en esta vida nunca será una mujer o un hombre de éxito o gran fortuna, ni tan siquiera no ser lunático o escueto.. Todos recordamos momentos en el colegio durante nuestra infancia donde aparecían fenómenos antisociales reflejados en un “contigo no juego” o “mira a ese, con ese no juega nadie”. Esta fraseología venía a representar la formación de grupitos de infantes o pandillas que estaban cohesionadas para diferenciarse de los demás o, más adecuadamente, para oponerse a otros y que no pudieran participar de poco valioso para ellos. A veces uno tenía la buena o mala suerte de formar parte del colección dominante en el recreo (a cambio de martirizar la voluntad), mientras que en otras ocasiones eras el marginado.. El principal característica histórico del autoritarismo colectivizado en su mayor y en su intrascendente de potencia ha sido siempre el principio de excepción o segregación con el objetivo de desempeñar el dominio y control sobre los demás, mientras que, en dirección inversa, lo que amenaza la hegemonía de una pandilla tiene que ver con los impulsos prosociales orientados a la disparidad, inclusión e igualdad. Theodor Adorno en su estudio sobre la propaganda fascista (1946) advirtió que la escuela es “un microcosmos que refleja la problemática de toda la sociedad”. No es casualidad que la educación y la construcción de una identidad doméstico se hallen en el núcleo programático de los movimientos ultraderechistas de EE. UU.. La investigadora Laura K. Field, en su obra Furious minds: the making of the MAGA new right (2025) ha realizado una clasificación de los diferentes pilares que elevan la construcción del nuevo conservadurismo, aglutinándolos en torno a tres líneas maestras o corrientes. La primera, la más ambiciosa, está formada por los Claremonters, miembros afines a The Claremont Institute: un laboratorio de ideas que se ha adueñado del patrimonio de figuras históricas como George Washington y Abraham Lincoln y que, por otra parte, evita el antiintelectualismo tópico de las otras corrientes para, en cambio, apologizar el pensamiento de Leo Strauss (1899-1973) y Harry Jaffa (discípulo de Strauss y precursor del instituto).. Guerra cultural. Así, su eje de batalla se centra en promover una conflicto cultural con la que restablecer una ojeada dogmática de la tradición clásica y de los padres fundadores de la nación (por ejemplo, el New College of Florida implementó el año pasado una reforma curricular promovida por el Gobierno del estado y combinado a la reforma antiwoke de Ron DeSantis, obligando a cursar a sus alumnos de humanidades un seminario sobre La Odisea de Homero por ser el prototipo de los títulos cívicos y familiares que hay que transmitir a la pubertad; no debería extrañarnos el interés del director cinematográfico Christopher Nolan por realizar su ajuste en 2026). La excusa de agregarse a Strauss, miembro de la Escuela de Chicago (precursora del neoliberalismo financiero), no es más que una táctica para instrumentalizar sus preceptos en la polarización flagrante; en particular, su rechazo al relativismo, al historicismo y al nihilismo que marcaron el ideario de este filósofo germano. Los Claremonters vendrían a ser los arquitectos: una élite con la ocupación de sobrellevar a punta la reconstrucción de la república a imagen y dependencia de cómo ellos creen que fue concebida en el origen de todo (la Administración Trump anda plagada de becarios de Claremont).. La segunda corriente está formada por los nacionalistas conservadores, aferrados a ideas religiosas y supremacistas bajo el paraguas de Yoram Hazony, pensador proisraelí que defiende el Estado-nación como para proteger la familiaridad colectiva e individual (The virtue of nationalism, 2018), rechazando la existencia de un derecho internacional universal que perjudique la especificidad doméstico y el destino manifiesto de los estadounidenses.. La última camarilla, los posliberales (representados por opinadores como Patrick Deneen, Adrian Vermeule y Sohrab Ahma), deslegitiman el funcionamiento de las instituciones federales por corruptas y despóticas, albergando en su corpus un populismo de esencia rancio en el que se encuentran mezclados principios heterogéneos como la aspiración de implantar un constitucionalismo del adecuadamente global con el que atenuar la codicia del capitalismo exuberante para, a su vez, sustituirlo por un puritanismo íntegro y una visión infantilizada del comunitarismo.. ¿Qué tienen en global entre ellas y cómo canalizarlas en un significante unitrino para hacer una crítica ajustada? El periodista John Granz, en su obra When the clock broke: con men, conspiracists, and how America cracked up in the early 1990s (2024) se posiciona a este respecto apelando al uso del significante fascismo como el ideograma valentísimo para delimitarlos. Sin confiscación, no estoy tan seguro, en el sentido de que no deberíamos conformarnos con equipararlos con el fascismo del siglo XX. El teólogo medieval Nicolas de Cusa, en sus tratados sobre lo maravilloso e ininteligible que es Dios, afirmaba que la figura divina resulta comparable y desemejante en sí misma (el no-otro demostrado según la coincidentia oppositorum). Por metonimia cusaniana, sostengo que la nueva derecha podría ser un engendro fascista y no-fascista estructuralmente. Si recuperamos el enunciado de la verdad judaica “soy el que soy”, la cuestión sería lanzarse si estos movimientos radicales son lo que dicen que son en todo contexto o si discurren fragmentada y contradictoriamente.. Siguiendo esta razonamiento, he optado por coserles el patronímico trófica (término que alude a procesos y relaciones que implican la fabricación y transferencia de energía y materia entre organismos) como metáfora del irracionalismo guerrero y medioambiental que destruye el planeta. La nueva derecha es un recableado trófico del ecosistema político en el que el populismo y el conservadurismo canónicos se han recolocado. Igual que en una red trófica, la nueva derecha se alimenta de múltiples fuentes (populismo clásico, ultraconservadurismo tradicional, libertarismo, incluso retóricas progresistas que reinterpreta). Se comporta como un depredador simbólico (bajo el emblema del gran tiburón rubio), absorbiendo narrativas y adaptándolas para sobrevivir en la esfera mediática, desplazando las formas herbívoras por estrategias agresivas. Es un sistema vivo que redistribuye la energía ideológica y devora los discursos para posicionarse en la cúspide de la condena de significantes. Y como alternativa, ¿no hay poco? Lacan diría que asistimos al retorno del miedo a la castración; o, dicho de otro modo, a la irrisión del amo frente a la imposibilidad de suturar la equivocación que encarna el deseo demócrata.. Alberto González Pascual es profesor asociado de la URJC, Esade y la EOI, y director de civilización, avance y gobierno del talento de Prisa Media
