Estados Unidos ha vivido en conflicto el 90 % de sus 250 años de existencia. No es ninguna excepción: el Imperio Británico victoriano y el español de los austriacos siempre estaban en guerra. El objetivo de los imperios de no perder su hegemonía les obliga a estar permanentemente en guardia. ¿Qué factor determina el declive de una potencia y el auge de otra? La economía. La competencia del comercio inglés superó con creces el oro que llegaba a España desde América. En 1900, Estados Unidos superó al Imperio Británico en PIB, gracias a la revolución industrial, la energía y las finanzas. La producción y el consumo elevaron la riqueza de EE. UU. hasta el 40 % del PIB mundial tras la Segunda Guerra Mundial. Seguir leyendo
Según la historia de los imperios, la economía determina si las potencias hegemónicas ascienden o caen.
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Estados Unidos ha vivido en conflicto el 90 % de sus 250 años de existencia. No es una excepción: el Imperio Británico victoriano y el español de los Habsburgo siempre estaban en guerra. El objetivo de los imperios de no perder su hegemonía les obliga a estar permanentemente en guardia. ¿Qué determina el declive de una potencia y el ascenso de otra? La economía. La competencia del comercio inglés superó con creces el oro que llegaba a España desde América. En 1900, Estados Unidos superó al Imperio Británico en PIB, gracias a la revolución industrial, la energía y las finanzas. Tras la Segunda Guerra Mundial, la capacidad manufacturera y el consumo impulsaron la riqueza de Estados Unidos hasta alcanzar el 40 % del PIB mundial. La Guerra Fría con la Unión Soviética supuso un incentivo para que Estados Unidos superara a los soviéticos en todos los ámbitos: económico, militar, comercial y tecnológico. El triunfo del capitalismo sobre el comunismo quedó patente con la caída del Muro de Berlín y la posterior desaparición de la URSS. Los comunistas chinos adoptaron el «capitalismo de Estado» tras el fallecimiento de Mao para evitar un destino similar al de los soviéticos: «No importa si el gato es negro o blanco, siempre y cuando cace ratones», afirmó Deng Xiaoping, el primer sucesor de Mao en China. La economía china ha crecido enormemente entre 1982 y 2026. Especialmente desde su adhesión a la OMC en 2001, lo que le permitió exportar y fabricar a un coste muy bajo. Desde la presidencia de Barack Obama, el crecimiento económico de China se consideró una «amenaza necesaria». El intelectual Fareed Zakaria y el historiador económico Niall Ferguson acuñaron el término «quimérico» para explicarlo: Estados Unidos necesita amenazas, enemigos, porque le animan a competir más; China también se convirtió en la fábrica del mundo, especialmente de Estados Unidos, cuando —con la globalización impulsada por Clinton— Estados Unidos vendía servicios y compraba el resto a China. Estados Unidos acabó odiando a China tanto como necesitaba. Aun así, según el Banco Mundial y el FMI, la economía estadounidense alcanzará los 32. 4 mil millones de dólares (el 25 % del PIB mundial) en 2026, frente a los 20 billones de China (el 16 % del PIB mundial). El PIB per cápita de Estados Unidos es de 94 430 dólares, y el de China, de 14 874 dólares. Estados Unidos supera a China en economía (y en defensa, TIC y digitalización, etc. ). Sin embargo, Estados Unidos siente la presión china y Trump quiere cortar el cordón. George W. Bush estaba ocupado con las guerras de Oriente Medio y Barack Obama intentó la vía diplomática con China. Hasta que llegó Trump: en su primer mandato declaró la guerra comercial a China, aumentando los aranceles para reducir el déficit comercial estadounidense. Entre 2016 y 2020, la Cuarta Revolución Industrial, basada en las tecnologías de digitalización, estaba en pleno apogeo, con la inteligencia artificial, el big data, la ciberseguridad, la computación en la nube, etc. Estados Unidos II
