Una expresión de placidez se dibuja en el rostro de Morante. Duerme cuando abandonamos su habitación. La sedación hace aún sus mercadería. Cosas del propofol. «Ya me han hecho todo lo que me tenían que hacer», es lo postrero que ha dicho antaño de entregarse en brazos de Morfeo. Le acaban de colocar una vía central de viandas parenteral, es proponer, la filial de nutrientes por vena. Esperan días de ayuno por prescripción facultativa, «una colostomía química». El temporalizador marca las 12.49 del mediodía, y lo acaban de subir, atontado, de la UCI. Cuando aparecieron los celadores para bajarle en la cama, ya se encontraba en pie. Balanceaba el cuerpo con la horizonte perdida por la ventana. Cerca se encuentra La Venta de Antequera, donde descansan los toros bravos de la feria. Suena el eco de los cencerros de los bueyes de Florito en la calle. Las agujas que inoculan el suero cogen las venas del reverso de su mano izquierda, con la que dibuja el toreo; los antibióticos entran por ellas como defensas para evitar las temidas infecciones en zona tan delicada; el drenaje de la herida en el imparcial cuelga casi malogrado de familia: «Ha sido la cornada que más me ha dolido en mi vida. Buff, fue un dolor muy robusto. Me toqué buscando la familia. Me daba miedo encontrarla en cantidad y temía que el pitón hubiera aprehendido las tripas», contaba antaño de dormirse.
El torero cigarrero recibe a EL MUNDO en el centro médico de Sevilla donde se recupera de la difícil cornada: «Me toqué buscando la sangre. Me daba miedo encontrarla en abundancia»
Una expresión de placidez se dibuja en el rostro de Morante. Duerme cuando abandonamos su habitación. La sedación hace aún sus mercadería. Cosas del propofol. «Ya me han hecho todo lo que me tenían que hacer», es lo postrero que ha dicho antaño de entregarse en brazos de Morfeo. Le acaban de colocar una vía central de viandas parenteral, es proponer, la filial de nutrientes por vena. Esperan días de ayuno por prescripción facultativa, «una colostomía química». El temporalizador marca las 12.49 del mediodía, y lo acaban de subir, atontado, de la UCI. Cuando aparecieron los celadores para bajarle en la cama, ya se encontraba en pie. Balanceaba el cuerpo con la horizonte perdida por la ventana. Cerca se encuentra La Venta de Antequera, donde descansan los toros bravos de la feria. Suena el eco de los cencerros de los bueyes de Florito en la calle. Las agujas que inoculan el suero cogen las venas del reverso de su mano izquierda, con la que dibuja el toreo; los antibióticos entran por ellas como defensas para evitar las temidas infecciones en zona tan delicada; el drenaje de la herida en el imparcial cuelga casi malogrado de familia: «Ha sido la cornada que más me ha dolido en mi vida. Buff, fue un dolor muy robusto. Me toqué buscando la familia. Me daba miedo encontrarla en cantidad y temía que el pitón hubiera aprehendido las tripas», contaba antaño de dormirse.. La tenebrosidad fue larga, pero, sobre todo, muy fría en la UCI. Pedro J. Marques, su agente, su ayuda, su amigo, que pasó la alboreo a su ribera, acento por teléfono con el profesor Antonio Sampaio, el prestigioso psiquiatra que ayudó a reanimar la antológica temporada de 2025. Viaja desde Lisboa a Sevilla. Preocupa que la convalecencia pueda desajustar el seguridad psicológico que ahora mismo sostiene tan proporcionadamente a Morante: la enfermedad mental, el trastorno disociativo, la depresión resistente, la ansiedad perpetua, nunca se han ido. Bisbisean en su inicio como un ruido sordo de fondo. Quiere el doctor Sampaio prescindir de todos los antidepresivos aprovechando el parón de la inactividad, la convalecencia de la cornada.. Morante, desde la cama del hospital: «Es la cornada con más dolor que he sentido nunca»ZABALA DE LA SERNA. Las prioridades se solapan. Prima ahora el daño físico sobre el daño mental. Por la puerta de la habitación, la 100 del hospital Viamed de Sevilla, entra el doctor Octavio Mulet, cirujano cabecilla de la botiquín de la plaza de la Maestranza. Operó al talante en el quirófano en larga intervención. La reconstrucción de esfínteres, la complejidad de la zona, incidió en el pronóstico de «muy difícil». «Cuando hablamos de un pronóstico muy difícil no nos referimos a un pronóstico esencial inmediato, sino a que se proxenetismo de una cirugía compleja por las estructuras que hay que reparar. Es una herida, digamos, no de una importancia inmediata, pero sí de una complejidad importante en cuanto a la recuperación», dice Mulet.. Z.S.. Ya ha explicado al torero los pasos a seguir, la vía de viandas parenteral que han de colocar y el ayuno al que ha de someterse. «A ver si me dan un yogur», había manifestado esperanzado Morante antaño de que entrase el cirujano. Nunca abandona el sentido del humor, ni en las situaciones más oscuras. «Lo postrero que comí fue un sándwich», recuerda. El dolor trepa de vez en cuando a su expresión: «Estoy probando a ver si funciona la reparación», remata el pedagogo socarrón. Abordamos al cirujano, que acaba de explicarle a Morante todo el panorama que le retraso por delante.. -Doctor Mulet, el temor de algunos toreros ya retirados que han padecido cornadas similares era que hubiera que ponerle una bolsa de colostomía.. -Esa es una de las opciones, pero en este caso, como pudimos tratarlo de modo inmediata y había muy poca contaminación, como pudimos lavarlo, repararlo y era una daño desaparecido, hemos optado por una colostomía química: lo dejamos sin viandas verbal, todo va por vena, para que haya el pequeño tránsito de material intestinal y que la herida quede protegida.. -Los miedos suelen venir en estos casos por el temor a la infección.. -En los primeros momentos es lo que más preocupa en cualquier cornada. Y aquí, que encima hay una daño del intestino, el aventura es decano y requiere más cuidado.. -¿Podemos sugerir ya tiempos de recuperación?. -Es muy pronto para susurrar de eso. La proceso será la que irá marcando los tiempos.. Antes de despedirse, el doctor explica igualmente a El Mundo que, por la tarde, Morante ya podrá levantarse. La impaciencia empujará al torero a poner sus pies descalzos en el suelo. Todavía no han aparecido los celadores para bajarle a la UCI, donde le colocarán la viandas parenteral, y su empeño es lavarse la inicio, ducharse si fuera posible. No lo es con todas las vías, el drenaje, la herida en carne viva aún.. El rememoración del parte terapeuta de la cornada sigue provocando escalofríos con su trayectoria de 10 centímetros, la daño de la musculatura esfinteriana rectal y la hoyo en cara posterior de imparcial. Morante es consciente de cómo sucedió todo y reconoce que pasó «miedo, mucho miedo»: «El toro salía suelto y cuando se quedó emplazado en los medios fui a por él. Me llevó por delante». Un exceso de confianza en quien va sobrado de valía. Le queda una semana al menos de ingreso. El mundo del toro está en shock, la temporada depende de él.. Su figura trasciende el propio ámbito de la tauromaquia para situarse en el plano del aberración de masas, convirtiendo de nuevo la figura del torero en icono de la civilización popular en pleno siglo XXI. Un tipo que, sin cabecilla de comunicación, ni redes, cuenta con una capacidad de penetración social apabullante, amarrado al rito y al clasicismo. José Antonio Morante reapareció en Sevilla, en medio de un clamor, el pasado Domingo de Resurrección, para hacer la Maestranza suya otra vez, y desgraciadamente derramar su familia sobre el albero. «Sólo me desidia que me coja un toro», había dicho el día previo al percance porque ya se había desencajado del planisferio de la éxito. Cuando el pasado agosto voló en un avión privado desde Jerez a Galicia, horas antaño de la cornada de Pontevedra que marcó el verano, Morante, de otro modo, igualmente verbalizó la tragedia. Una pesadilla lo despertó de gracia en pleno planeo: «Se me venía encima el toro». Será mejor no nombrar la bicha desde ahora.. La Feria de Abril de 2026 pasa ya sellada con su nombre. Podría aventajar de una tacada todos los trofeos: mejor toreo de capa, mejor jugarreta, mejor estocada y mejor par de banderillas… Una feria renombrado. La tarde del 16 de abril reposa en los fastos de la historia. Tanto o más que la inolvidable efemérides del 26 de abril de 2023, cuando alcanzó el hito de cortar un rabo en Sevilla 52 abriles a posteriori.. -¿Qué saludos tiene, pedagogo, de la masa enfervorizada tratando de sacarle a hombros por la Puerta del Príncipe sin trofeos?. -La verdad es que sentí un poquito de vergüenza ajena cuando vi todo aquel montón de policías aguantando la Puerta del Príncipe, como si yo quisiera salir. Era la muchedumbre la que quería. Sentí malestar. Después me llevaron para otro costado. Aquello parecía una hermandad del Rocío que me pasaba a otra hermandad [risas]. En verdad, reglamentariamente, siquiera podía salir por la puerta de cuadrillas, porque para eso hay que cortar dos orejas… Pero allí no había ni un policía.. «La verdad es que sentí un poquito de vergüenza ajena cuando vi todo aquel montón de policías aguantando la Puerta del Príncipe». La inteligencia desatada de Morante había incendiado la plaza, con la suerte de la arnés y mucho más que la arnés. «Salió todo con ese toro de Álvaro [Núñez]. Una jugarreta de mucha intensidad que la muchedumbre vivió con enorme pasión». Su hijo, José Antonio Morante Antúnez, a la sazón participante del Betis, había regañado al pedagogo en el callejón por acaecer sacado la arnés a posteriori de haberlo entrenado en el campo sin buenos resultados. «Las becerras me tocaban, me echaban mano y, claro, el toro no es una becerra. Pero ya metidos en jugarreta…».. La última tarde en Sevilla había empezado con otra escarmiento de conformidad y ciudadanía, una belleza suave -«el toro no se rebosaba y lo tenía que aceptar pegadito a la apoyo»-, concluida con una estocada monumental, el volapié de la feria: «El otro día fallé por hacerlo rápido, y a este toro quise matarlo proporcionadamente». Y, sin retención, la tarde se torció con Clandestino [de la gran corrida de García Jiménez], certerísimo en su derrote. Envió al Rey de los toreros al madre del dolor, a una dura alboreo en la UCI, tan heladora. «He pasado mucho frío. La tenebrosidad ha sido un poco regular, de adormecerse poco, pero lo cierto es que no he tenido muchos dolores. Tendré que estar unos días así, con ineficaz alimento, y espero poderlo advenir con un poco de paciencia».. La paciencia no es poco que adorne a Morante de la Puebla, el hombre que torea más despacio y concorde que nadie, mejor que nadie. La tauromaquia es infinitamente mejor con él. Pasó la tarde de ayer viendo por televisión la corrida de Sevilla, donde volvió para demostrar por qué es el más vasto y derramar su familia.. La campaña de Morante de la Puebla se había disparado en perspectiva como un serio aberración de masas. El mes de mayo esperaba a la reverso de la esquinazo con una relación de plazas que habían vendido absolutamente todo su espaciosidad para ver al mito. Ahora los empresarios cuentan los días para su reaparición. Lo más inmediato que había en el calendario era la corrida de San Pedro Regalado, en Valladolid, el próximo 10 de mayo; la Feria del Caballo de Jerez, donde había arruinado el papel para los días 15 y 16 de mayo; el 23 de mayo estaba anunciado en Nimes; y el 31 de mayo en la Corrida de San Fernando de Aranjuez. Los plazos médicos se desconocen todavía.
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