En crimen perfecto, la película de Alfred Hitchcock que sólo se llamó crimen perfecto en España, el retorcido y villano personaje de Ray Milland quiere saber cómo se planea un asesinato impecable (valga la reconvención). Y no sólo uno, sino el de su mujer, que no es interpretada por una actriz, sino por Grace Kelly. El hombre plantea la consulta a un experto, un escritor, y éste le hace saber que en teoría todo es hasta fácil, pero en la práctica no hay manera. Y por qué, le cuestiona el interesado. «En los cuentos las cosas suelen salir como el autor quiere, y en la vida real no». Sencillo. Digamos que el cine, todo él, ha vivido de esta simple afirmación para demostrarnos una y otra vez que no hay manera de que la realidad funcione. Siempre se escapa algo. Y así hasta la llegada el martes a Cannes de Minotauro, el ruso Andrey Zvyagintsev. De repente, lo que cuenta no es tanto la planificación como algo tan sencillo como tener los contactos adecuados en la política, la policía y los negocios. Ya está. Es la teoría la que falla no la realidad criminal, viene a decirnos una película con una narrativa quirúrgica tan concisa y fría como violenta y oscura.
Andrey Zvyagintsev teme el gesto, rechaza las formas más crudas y exigentes de su cine, y ofrece una obra maestra en su concisión, violencia y oscuridad: Minotauro. A su lado, Nicolas Waring Refn choca contra los nervios y se deja mecer en su cine altamente adictivo en Her private Hell (* * *)
En crimen perfecto, la película de Alfred Hitchcock que sólo se llamó crimen perfecto en España, el retorcido y villano personaje de Ray Milland quiere saber cómo se planea un asesinato impecable (valga la reconvención). Y no sólo uno, sino el de su mujer, que no es interpretada por una actriz, sino por Grace Kelly. El hombre plantea la consulta a un experto, un escritor, y éste le hace saber que en teoría todo es hasta fácil, pero en la práctica no hay manera. Y por qué, le cuestiona el interesado. «En los cuentos las cosas suelen salir como el autor quiere, y en la vida real no». Sencillo. Digamos que el cine, todo él, ha vivido de esta simple afirmación para demostrarnos una y otra vez que no hay manera de que la realidad funcione. Siempre se escapa algo. Y así hasta la llegada el martes a Cannes de Minotauro, el ruso Andrey Zvyagintsev. De repente, lo que cuenta no es tanto la planificación como algo tan sencillo como tener los contactos adecuados en la política, la policía y los negocios. Ya está. Es la teoría la que falla no la realidad criminal, viene a decirnos una película con una narrativa quirúrgica tan concisa y fría como violenta y oscura. . Minotaur cuenta la vida de un hombre de negocios ruso de repente acosado por las constantes presiones políticas y empresariales en un mundo en guerra. Propietario de una vida que creía perfecta, nuestro héroe (Dmitriy Mazurov) descubre un buen día que nada es lo que parece: ni su negocio va tan bien, ni su mujer le ama tanto, ni la felicidad la da únicamente el mucho dinero que atesora (aunque esto último es discutible). Todo parece desmoronarse y el plan tan cuidosamente trazado para una existencia sin mácula se viene abajo. Hasta que la realidad entra en escena dispuesta a mejorar lo que la teoría no aguanta. Queda refutado para siempre Crimen perfecto.. El cine de Zvyagintsev se ha hecho fuerte en películas como Elena, Leviatán o Sin amor merced a una narración esencialmente despiadada, donde la tragedia más negra se da de bruces con un concepto de la parodia descarnado, inmisericorde y muy cruel. Toda su filmografía hasta la fecha resulta tan reveladora como dura, y siempre empeñada en construir metáforas de granito sobre la sociedad rusa y, dos pasos más allá, sobre la propia condición humana. La idea siempre es dejar al descubierto una región geográfica y del alma dominada por asuntos tan mundanos y universales a la vez como la corrupción, el alcohol y la desfachatez.. Minotaur no renuncia a nada de lo anterior, pero atempera el gesto con la intención no tanto de suavizar nada como de hacerlo más claro y profundo. Zvyagintsev abandona la tendencia discutible al subrayado, la repetición o la exageración muy cerca del absurdo para centrarse ahora en lo esencial. Cuando el protagonista decida tomar la iniciativa, primero lo hará de manera descontrolada producto de la pasión, pero, poco a poco, entenderá que ese no es el camino. La realidad está de su parte y un crimen en una sociedad esencialmente criminal es tan intrascendente que apenas es posible distinguirlo de la buena acción del día. Sensacional, por cierto, la escena del asesinato.. El resultado es una película tan oportuna como clarividente. Y sin duda, otra clara candidata a la Palma de Oro.. Nicolas Winding Refn llora en la presentación de «Her Private Hell».JULIE SEBADELHAAFP. Por lo demás, fuera de competición y tras casi diez años sin estrenar película, el inefable Nicolas Winding Refn regaló, que no solo presentó: a) un nuevo trabajo; b) un tema de debate; c) una puerta abierta de par en par a lo que viene después del cine cuando al cine le dé por morir y, d) un muy simpático disparate (además de ladrillo) iluminado con luces de neón. Según el estado de ánimo, se puede alterar el orden de los puntos.. Digamos que lo que hace el director en Her Privete Hell (Su infierno privado) es extremar todos y cada uno de los elementos que han configurado su cine desde mucho antes de Drive (2011) –desde Pusher (1996) incluso– hasta sencillamente la exasperación. Cada vez más abstracto, cada vez más incompetente en la narración, cada vez más premioso, cada vez más ambigüo, cada vez más luces de neón… Pero también cada vez más arriesgado, más sonámbulo, más alejado de normas y reglas y, no lo duden, más adictivo. Nicolas Winding Refn es ya un género en sí mismo. Y eso puntúa.. Teóricamente, sólo teóricamente, se cuenta la historia de una mujer (encarnada por la a partir de ahora fascinante Sophie Thatcher) que busca a su padre en una megalópolis del futuro consumida por la niebla. Es precisamente la muy cinematográfica niebla la que ha despertado a una bestia que mata mucho. A su vez, un soldado muy musculado (Charles Melton) hace lo imposible por rescatar a su hija del mismísimo infierno del título. La verdad es que conviene acudir a ver la película con la sinopsis leída porque cualquier posibilidad de seguir relato alguno es sencillamente imposible entre monólogos desconcertantes y sin gracia y ralentizados muy cerca del paro cardiaco.. Pero, atentos, si uno se arma de valor y paciencia (no está aconsejado tomar drogas, pero yo, la verdad, no lo descartaría del todo) y acepta parte (todas es imposible) de las arbitrarias y desconcertantes instrucciones que propone la película, hay premio. Y no menor. Nadie como Winding Refn se atreve ahora mismo a tanto y de manera tan suicida. Nadie como él explora de manera tan radical y sin excusas los límites de la expresión cinematográfica contra todo, contra todos y con el único horizonte del propio Winding Refn. Puede que, si les interesa el tema, oigan por ahí que es una película divisiva (o gusta mucho o no gusta nada). En verdad, no es así, el gusto no cuenta. Es una película que es todo y nada a la vez y que, en justicia, merecería una puntuación doble y simultanea de cinco y ninguna estrella. Se sale del cine harto, agotado, cabreado y con unas ganas locas de volver a ver la película. Nicolas Winding Refn y dos huevos duros.
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