El mercado laboral español vive un momento dorado en los grandes titulares macroeconómicos. Mes tras mes celebramos récords de afiliación a la Seguridad Social, una reducción gradual de la tasa de desempleo y una asombrosa capacidad de recuperación en la creación de empleo. Sin embargo, bajo la superficie de este aparente milagro económico, existe una paradoja que mantiene a las empresas, a los sindicatos y a la propia Seguridad Social en un estado de preocupación permanente. Cada trimestre, un porcentaje cada vez mayor de trabajadores con empleo formal no acude a su puesto de trabajo. Seguir leyendo
Al trabajar con los microdatos de la EPA, las respuestas que surgen ponen en tela de juicio algunos argumentos
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El mercado laboral español ocupa un lugar destacado en las principales noticias macroeconómicas. Mes tras mes celebramos récords de afiliación a la Seguridad Social, una reducción gradual de la tasa de desempleo y una asombrosa capacidad de recuperación en la creación de empleo. Sin embargo, bajo la superficie de este aparente milagro económico, existe una paradoja que mantiene a las empresas, a los sindicatos y a la propia Seguridad Social en un estado de preocupación permanente. Un porcentaje cada vez mayor de empleados, que tienen un empleo formal, no acude a su puesto de trabajo cada trimestre del año. El absentismo laboral se ha convertido, por méritos propios, en un fenómeno estructural de gran envergadura. Los informes más recientes elaborados por mutuas, asociaciones empresariales y servicios de estudios advierten de que las cifras alcanzan máximos históricos mes tras mes. Ante esto, como siempre, el debate público recurre a diagnósticos precipitados, que van desde acusar a la plantilla de una repentina epidemia de «picaresca» hasta achacar todo únicamente a la dureza de las condiciones laborales. Para escapar del ruido, es imprescindible recurrir a los datos, como siempre. Así, al trabajar con los microdatos de la EPA, las respuestas que surgen no solo ponen en tela de juicio algunos argumentos, sino que nos obligan a centrar nuestro enfoque en el problema. En el año 2019, según datos de la EPA, solo el 2, 8 % de los trabajadores españoles faltó al trabajo durante toda la semana por motivos de enfermedad. Sin embargo, a finales de 2025, esta cifra se ha disparado hasta alcanzar un máximo histórico del 4, 73 %. Este aumento tiene un coste económico significativo. Se ha estimado un coste de 128 668 millones de euros, es decir, el 8, 1 % del PIB, pero se calcula que el coste directo para la seguridad social y las empresas ronda los 33 000 millones de euros al año. ¿A qué se debe este aumento de la tasa de inactividad en tan poco tiempo? Cuando se debate este problema en foros económicos o en mesas de diálogo social, suelen surgir rápidamente dos explicaciones principales para intentar justificar esta anomalía. En primer lugar, el envejecimiento de la plantilla. Hace dos décadas, el porcentaje de trabajadores mayores de 50 años era inferior al 20 por ciento; hoy en día sigue superando el 35 por ciento. Dado que la edad está correlacionada positivamente con las dolencias fisiológicas y una recuperación más lenta, resulta «lógico» pensar que este envejecimiento ha provocado el absentismo. En segundo lugar, el impacto de la Reforma Laboral de 2021. Esta reforma redujo drásticamente la tasa de contratos temporales, convirtiendo millones de contratos eventuales en indefinidos. La EPA muestra que un trabajador con contrato indefinido tiene muchas más bajas por enfermedad que un trabajador temporal (algo más del 5 % frente al 2, 6 % en 2025, respectivamente). Así pues, si nuestra población activa es hoy mucho mayor y cuenta con muchos m?
