Durante años, la imagen de una vivienda sostenible ha sido la de una casa con paneles solares en la azotea, madera a la vista, aerotermia, jardines, sensores, elementos ecológicos. . . Pero el cambio que empieza a abrirse paso en el sector va mucho más allá de eso. Es importante medir cómo consume una vivienda, con qué materiales está construida, cuánto carbono genera su construcción, cuánto costará mantenerla, cómo se ventila y si será capaz de resistir un clima más extremo. Porque una etiqueta ecológica sin respaldo verificable ya no es sostenibilidad. . Sigue leyendo. La clave para entender tu vivienda es lo mejor. El primer paso no es instalar paneles ni cambiar la caldera, sino comprender cómo gestionan la energía quienes ya tienen una vivienda y quieren mejorarla. Un arquitecto especializado puede orientar este diagnóstico. Antes de 2027, el pasaporte de renovación incluirá una hoja de ruta para cada edificio que ofrezca financiación y apoyo. Para quienes compran, lo mínimo es la certificación energética: si es E, F o G, habrá que rehabilitarla. Dolores Huerta, del Green Building Council España, aconseja verificar que cumpla con un sistema independiente: BREEAM, LEED o VERDE, de GBCe. Alex Garate, de Ingreen Innovation, recuerda que una etiqueta ecológica sin datos verificables sobre el ciclo de vida no es sostenibilidad: es marketing.
La construcción se enfrenta a un cambio de paradigma: de edificios con etiqueta ecológica a proyectos con datos verificables a lo largo de toda su vida útil.
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Durante años, la imagen de una vivienda sostenible ha sido la de una vivienda con paneles solares en la azotea, madera a la vista, aerotermia, jardines, sensores, ecología. . . Pero el cambio que empieza a abrirse paso en el sector va mucho más allá de eso. Es importante medir cómo consume una vivienda, con qué materiales está construida, cuánto carbono genera su construcción, cuánto costará mantenerla, cómo se ventila y si será capaz de resistir un clima más extremo. Porque una etiqueta verde sin datos verificables ya no es sostenibilidad. . Detrás de la revisión del Código Técnico de la Edificación, prevista para 2026, hay una iniciativa más amplia: ARCE 2050 (Arquitectura de Emisiones Cero), del Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana, para avanzar hacia un parque inmobiliario descarbonizado. Dolores Huerta, codirectora general del Green Building Council Spain, lo resume así: «El objetivo es asumir la descarbonización con un marco propio desde España, con arquitectura de calidad y sin dejar a nadie atrás». La próxima actualización del Código Técnico supone un punto de inflexión en la forma de abordar la sostenibilidad en la construcción: la medición de la huella de carbono de los edificios se convierte en un requisito obligatorio», afirma Nerea Castillo, ingeniera y especialista en economía circular y descarbonización. En una primera fase, a partir de 2028, el requisito se aplicará a los edificios de más de 1 000 metros cuadrados; a partir de 2030 se extenderá a todos los edificios», adelanta Castillo. La huella incluye la energía que se consume cuando el edificio está habitado y las emisiones generadas: para fabricar los materiales, transportarlos, construir, reparar y gestionar el edificio hasta el final de su vida útil». El coste de un edificio no es solo lo que cuesta construirlo. También incluye su mantenimiento y el impacto de sus materiales a lo largo del tiempo», resume Huerta. Hoy en día, la cuestión ya no es si una vivienda tiene paneles solares o consume menos, sino qué impacto tiene a lo largo de su vida útil. Alex Garate Arrazola, director general de Ingreen Innovation, lo explica muy bien: «La sostenibilidad no se declara, se mide, se documenta y se verifica». «Una vivienda sostenible utiliza soluciones aisladas para parecer más ecológica. Una verdadera vivienda sostenible demuestra, con datos verificables, su impacto medioambiental, económico y social a lo largo de toda su vida útil». Más información. Iñaki Alonso, director general y fundador de sAtt, «aplica esa idea a decisiones operativas que el comprador ni siquiera percibe». «Las decisiones que tienen mayor impacto están relacionadas con el carbono incorporado: el impacto dentro del proceso de producción de los materiales», explica. En su proyecto Interpatios Las Carolinas, en el barrio madrileño de Udera —la primera covivienda ecológica de la capital, galardonada con el Premio Europeo de Vivienda Colaborativa 2019—, estas decisiones se ven puestas en práctica: estructura de madera CLT, aislamiento textil reciclado y diseño Passivhaus. El análisis del ciclo de vida calculó una huella de carbono de la construcción de 1 300 toneladas de CO₂. El resultado es un edificio de energía positiva: produce más de lo que consume, y sus vecinos pagan de media unos 30 euros al mes en invierno, 20 en primavera y otoño, y 10 en verano. Alonso afirma que es el único edificio de vivienda cooperativa en España con estas características. Más que simples paneles. La parte más visible de esta transformación se materializa en la capa de energía activa. José Carlos Díaz Lacaci, director general de SotySolar, señala que «la instalación de paneles ya no está vinculada únicamente al ahorro, sino también a la resiliencia». Afirma que ya no se trata solo de añadir paneles a una vivienda autosuficiente. Ricardo Figueira, vicepresidente de ventas de Bosch Home Comfort, marca el límite: «Cambiar únicamente el sistema de aire acondicionado no convierte automáticamente una vivienda en sostenible. «Sin actuar previamente sobre el aislamiento y los puentes térmicos, cualquier sistema eficiente funciona en peores condiciones. Un estudio de Bosch de 2026 lo confirma: la mitad de los consumidores no sabe diferenciar entre un sistema de aire acondicionado tipo split y uno aerotérmico. Más información. Alonso advierte de que las estrategias tradicionales de la arquitectura bioclimática pierden eficacia en ciudades con olas de calor cada vez más intensas y efecto isla de calor. La ventilación cruzada clásica no funciona si por la noche la temperatura no desciende. Y en los edificios más ligeros tampoco hay masa térmica para almacenar el frescor. «La ventilación mecánica con recuperación de calor ya no es una opción, sino una necesidad». «El clima que vamos a tener en los próximos 50 años no tiene nada que ver con el de los últimos 50. Las estrategias tienen que cambiar», afirma el director de sAtt. Pero el gran reto es transformar lo ya construido. España cuenta con un parque residencial antiguo y poco preparado para la descarbonización. Alonso advierte de un riesgo frecuente en la rehabilitación: «aislar, impermeabilizar mejor, instalar bombas de calor o placas solares y olvidarse de la ventilación». «Si hacemos una rehabilitación con aislamiento y paneles solares, pero sin ventilación mecánica, podemos generar un grave problema de salud», advierte. Antes, muchos edificios «respiraban» a través de las grietas. Al eliminarlas sin resolver la renovación del aire, se desencadena el riesgo de que la calidad del aire interior se vea afectada. La brecha económica atraviesa todo el debate. Alonso lo describe como un problema de alineación de incentivos: un poco más de inversión inicial por parte del promotor supone menos gastos para quienes viven en el edificio, pero quienes venden y se marchan tienden a reducir esa inversión. El vecino acaba pagando las facturas. Nerea Castillo señala que el cuello de botella no es técnico: «Las herramientas existen, pero las decisiones siguen basándose casi exclusivamente en el precio». «La sostenibilidad no aumentará mientras la contratación no incluya el impacto de todo el ciclo de vida». «No es una etiqueta, es una responsabilidad», concluye. Lo más eficaz es comprender tu vivienda. Para quienes ya tienen una vivienda y quieren mejorarla, el primer paso no es instalar paneles solares ni cambiar la caldera, sino comprender cómo se comporta energéticamente. Un arquitecto especializado puede orientar este diagnóstico. El pasaporte de renovación llegará antes de 2027: una hoja de ruta por edificio que ofrece apoyo y financiación. Para quienes compran, lo mínimo es la certificación energética: si es E, F o G, habrá que rehabilitarla. Dolores Huerta, del Green Building Council España, aconseja comprobar si cuenta con un sistema independiente: BREEAM, LEED o VERDE, de GBCe. Alex Garate, de Ingreen Innovation, recuerda que una etiqueta ecológica sin datos verificables sobre el ciclo de vida no es sostenibilidad: es marketing.
