La ingenuidad tiene mala prensa. En su acepción originaria, frente al cinismo distante que configura la cultura en general y las redes sociales muy en particular, se encontraría la siempre denostada experiencia original; la sinceridad natural frente al arte de fingir, que diría Kant. Pocos pecados tan volterianos y modernos como la candidez, el irenismo o, más vulgar, el buenismo. Y, sin embargo, y desde la orilla contraria, cuesta imaginar una actitud más sensata, éticamente responsable, cerebral y hasta valiente como la de comprometerse con la bondad (con la ausencia de malicia, sería más correcto) en un ambiente tan declaradamente hostil como el nuestro. José Mota no es Kant, pero estaría ahí. La suya es una defensa de lo naif tan entregada, divertida, consciente e irónica (nada que ver con el cinismo) que no queda otra que darle la razón y un abrazo.
José Mota elabora una encendida defensa de la ingenuidad en una fábula chaplinesca tan entretenida y ocurrente como sobrada de calambrillo
La ingenuidad tiene mala prensa. En su acepción originaria, frente al cinismo distante que configura la cultura en general y las redes sociales muy en particular, se encontraría la siempre denostada experiencia original; la sinceridad natural frente al arte de fingir, que diría Kant. Pocos pecados tan volterianos y modernos como la candidez, el irenismo o, más vulgar, el buenismo. Y, sin embargo, y desde la orilla contraria, cuesta imaginar una actitud más sensata, éticamente responsable, cerebral y hasta valiente como la de comprometerse con la bondad (con la ausencia de malicia, sería más correcto) en un ambiente tan declaradamente hostil como el nuestro. José Mota no es Kant, pero estaría ahí. La suya es una defensa de lo naif tan entregada, divertida, consciente e irónica (nada que ver con el cinismo) que no queda otra que darle la razón y un abrazo.
Así las cosas, Arriba tutto bebe por igual y con el mismo descaro de Viaje a ninguna parte que de La vida es bella sin renunciar a El gran dictador, ¡Ay Carmela!, Cinema Paradiso o, por qué no, Ser o no ser, de Ernst Lubitsch. No falta nadie. Sin duda, todo un vademécum de cine provocadora y salvajemente ingenuo. Y bueno. Lo que se discute y reivindica no es más que el poder de la ficción, y de su mano del sentido del humor, para transformar el mundo, para convertirlo en un lugar habitable, sano y, lo más relevante, digno. El Mota que conocíamos de sobra después de sus cientos de programas de Nochevieja, se descubre en la que es su primera película de director como un tipo tan cabal que sabe que lo auténticamente serio solo es compresible desde el asombro, la alegría y, en efecto, el humor. Chesterton no podría estar más de acuerdo.
Se cuenta la historia de Michi (soberbio Pablo Cabello), un crío que recorre el mundo de la mano del payaso de su padre (Karra Elejalde). Es así. Todo cambiará el día que le vea morir brutalmente incapaz de convertir una bala en una rosa (su especialidad). Pasan los años, estalla la Guerra Civil española y el chaval que aprendió a hablar italiano inventado con su progenitor se verá de repente dentro del uniforme de un italiano de verdad y fascista. Lo que sigue es una historia donde la fabulación y la realidad se mezclan en un universo enloquecido y quijotesco. Allí, los enamorados sufren de calambrillo. Allí, no es difícil caer víctima de un trastorno del disloque. Y allí, todo lo que parece serio acaba por ser nada más que una broma a veces cruel, a ratos amable. Y al revés.
Con un respeto inaudito por cada uno de los personajes (desde los más malos a los peores pasando por los otros, los buenos), Mota se las arregla para componer una comedia dramática tan efectiva como emocionante, libre de prejuicios y, sin rubor de ningún tipo, bella. No es la película más original, tampoco la más contenida, pero qué más da. Importa su descaro, su sinceridad, su irreal y brillante fotografía de Kiko de la Rica y su muy irónica ingenuidad. Tal cual. Delirante, por cierto, la relectura del encuentro entre Franco y Hitler en Hendaya. Toda una refutación del agobiante, zopenco y muy fascista literalismo (solo que lo que es brutal y literal se entiende) que nos inunda. Sin duda, la película que jamás subvencionaría Castilla León.
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Director: José Mota. Intérpretes: José Mota, Karra Elejalde, Pablo Cabello, Olivia Molina, Diego Anido. Duración: 98 minutos. Nacionalidad: España.
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